Turquía acelera sus preparativos para colaborar con Estados Unidos en la guerra contra Iraq, por temor a que la abstención le resulte más costosa que la participación activa.
El gobierno solicitará permiso al parlamento esta semana para que fuerzas extranjeras puedan utilizar el espacio nacional terrestre y aéreo en caso de un conflicto en el vecino Iraq, anunció este lunes el primer ministro Abdullah Gul.
Autoridades militares, el presidente y altos funcionarios del gobierno habían manifestado su aprobación el viernes al despliegue de tropas extranjeras en el país, aunque la oposición lo rechaza en forma tajante.
Estados Unidos negocia hace meses con las autoridades a fin de que le permitan estacionar en territorio turco a miles de soldados para una eventual invasión a Iraq desde la frontera norte.
Trascendió que Ankara está dispuesta a permitir el despliegue de hasta 20.000 hombres, muy por debajo de las pretensiones del Pentágono (Departamento de Defensa de Estados Unidos).
Los motivos de Turquía para ceder a esa presión incluyen el temor a que el fortalecimiento o la independencia de los kurdos del norte de Iraq promueva el separatismo entre su propia minoría kurda.
El enclave kurdo del norte de Iraq ha estado fuera del control de Bagdad desde la guerra del Golfo (1991) y protegido por aviones de Estados Unidos y Gran Bretaña con bases en Turquía.
Luego de 15 años de conflicto con el guerrillero Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que luchaba por la autonomía del sudeste turco, de mayoría kurda, Ankara pretende bloquear cualquier intento de autonomía kurda dentro del vecino Iraq.
El año pasado, el PKK cambió su nombre por Congreso del Kurdistán por la Democracia y la Libertad, desintegró sus grupos armados dentro de Turquía e inició una lucha pacífica por los derechos de los kurdos. Pero unos 5.000 ex guerrilleros se instalaron en el norte de Iraq, según fuentes militares turcas.
El desarme o el cambio de régimen en Iraq es secundario para Turquía, aunque algunas de sus ciudades podrían ser fácilmente alcanzadas por ataques desde territorio iraquí.
Turquía resulta vital para cualquier acción militar de Estados Unidos contra Iraq, por distintas razones.
En primer lugar, porque Turquía es el único país de mayoría musulmana que integra la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Además, Ankara mantiene desde hace años una buena relación con Israel y es hostil hacia las naciones árabes, lo cual ha permitido ganarse la confianza de funcionarios de origen judío en Washington.
Los estrategas militares de Estados Unidos también consideran vital el apoyo de Turquía para obtener un segundo frente por el norte de Iraq que complemente la principal ofensiva terrestre, que se realizaría en su mayor parte desde Kuwait.
Por otra parte, los aeropuertos turcos son imprescindibles para la campaña aérea en caso de desatarse el conflicto bélico.
Otro factor de importancia para Washington es el hecho de que Turquía celebre elecciones democráticas regulares, ya que esa característica será utilizada al momento de persuadir al resto del mundo, en particular a Medio Oriente, de que la intención de atacar a Iraq es para liberarlo del despotismo.
Aviones estadounidenses y británicos utilizan desde hace años la base aérea de Incirlik, en el sur de Turquía, para imponer la zona de exclusión de vuelos en el norte kurdo de Iraq.
Ahora, según informes locales, más tropas fueron desplegadas en la frontera con Iraq, además de personal de seguridad adicional para proteger potenciales blancos turcos.
La decisión del Consejo de Seguridad Nacional el fin de semana de solicitar la aprobación parlamentaria antes de dar el sí a Estados Unidos reflejó la abrumadora oposición popular a la guerra.
Encuestas de opinión revelaron que 80 por ciento de los turcos se oponen a la participación nacional en el conflicto, y todos los días se realizan manifestaciones callejeras contra la guerra.
El nuevo gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), en el poder hace tres meses, se encuentra en medio de delicadas negociaciones, dado que tiene raíces islámicas y es más afín al resto del mundo islámico que cualquiera de sus antecesores.
Por otra parte, Turquía debió pedir protección a la OTAN en caso de un ataque iraquí, además de precisar el apoyo de Washington para obtener créditos de las agencias financieras multilaterales.
Líderes turcos advirtieron que la maltrecha economía nacional no podría soportar nuevos golpes, pero la exigencia de una compensación económica en caso de guerra parece estar cerca de una resolución.
Trascendió que Ankara pidió 20.000 millones de dólares, mientras Washington le ofreció 4.500 millones. Luego de conversaciones con representantes estadounidenses, el primer ministro Gul anunció que ambas partes acordaron un método de compensación proporcional a la pérdida económica.
Los negociadores de Estados Unidos también arguyeron que la economía turca podría beneficiarse de la democratización de Iraq a través de la ampliación del intercambio comercial entre ambos vecinos.
Ilnur Cevik, jefe de redacción del diario Turkish Daily News, opinó que la ciudadanía aceptará la colaboración en la guerra si eso favorece a los intereses nacionales.
No queremos la guerra, pero cuando algo se vuelve inevitable tendemos a cuidar nuestros propios interese y hacer frente a los desafíos en lugar de escondernos en un rincón y rezar para que todo pase pronto, escribió Cevik.
Turquía debe prepararse para lo peor, advirtió Gul en la noche del domingo.
Los esfuerzos de paz continuarán, pero también debemos pensar en nuestros intereses nacionales, dijo. (


