El gobierno de Sudán alegó discrepancias con la agenda de la reunión para negarse a asistir a la nueva ronda de negociaciones de paz con los insurgentes del sur, cuyo comienzo estaba previsto para este miércoles en Kenia.
Jartum pretende que el límite territorial entre el norte y el sur de Sudán sea la línea trazada en 1956. Pero el insurgente Ejército para la Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA, por sus siglas en inglés), que controla buena parte del sur, procura renegociar la situación de tres áreas al norte de esa línea.
La población de esas regiones respalda, según el SPLA, la aspiración de autonomía para el sur, donde la mayoría de los habitantes son negros y practican el cristianismo y religiones tradicionales africanas, mientras el gobierno islámico sudanés está hegemonizado por árabes, mayoritarios en el norte.
Jartum sostuvo que ese asunto ni siquiera figura en la agenda de las negociaciones patrocinadas por la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD, por sus siglas en inglés), que reúne a Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán y Uganda.
La IGAD fue inequívoca al establecer que la frontera entre el norte y el sur fue la definida el 1 de enero de 1956, día de la independencia sudanesa. Eso fue confirmado otra vez en el Protocolo de Machakos firmado en julio pasado, dijo el embajador de Sudán en Kenia, Alí Nimeri.
El Protocolo de Machakos exceptúa al sur de Sudán del imperio de la shariá (ley islámica) y prevé la celebración de un referéndum sobre la independencia de esa región luego de un periodo de seis años. Jartum aceptó así las reivindicaciones por las que el SPLA se levantó en armas contra el gobierno en 1983.
El actual ciclo de negociaciones comenzó cuando el presidente sudanés Omar Al Bashir y el jefe del SPLA, John Garang, se reunieron por primera vez en junio en Kampala para intentar poner fin a una guerra civil de 19 años que enfrenta al sur cristiano y animista con el gobierno árabe y musulmán del norte.
Los enfrentamientos causaron unos dos millones de muertos en este país de 36,8 millones de habitantes. Ambas partes acordaron en octubre un cese del fuego que durará hasta el 31 de marzo, pero se han acusado recíprocamente de haberlo violado en varias ocasiones.
Las tres áreas que el SPLA reivindica como meridionales están fuera del campo de acción de la iniciativa de IGAD, como cualquier otra localidad del norte de Sudán, sostuvo Nimeri.
Jartum acusa a Nairobi, principal promotor de las negociaciones, de haber iniciado en Karen, cerca de la capital keniata, un segundo proceso de paz, paralelo al principal.
El de Karen es un nuevo proceso, con Kenia y no con la IGAD como mediador. Esta negociación se refiere a las tres áreas del norte y no tiene nada que ver con el sur, dijo el funcionario sudanés Ahmed Dirdeiry, de la embajada en Kenia.
De todos modos, este proceso es respaldado por la IGAD, como quedó en evidencia por la presencia en Karen el miércoles del jefe de los mediadores del organismo multilateral, general Lazaro Sumbeiywo, quien participó toda la tarde en reuniones a puertas cerradas con jefes de gobierno y representantes del SPLA.
El portavoz del SPLA, Samson Kwaje, sostuvo que la situación de las tres áreas en disputa deberá resolverse antes de que las partes se sienten a discutir los demás problemas pendientes.
No podemos analizar las garantías de seguridad sin resolver el estatuto de las tres áreas. De otro modo, tendremos paz entre el sur y el norte pero continuarán los combates en Abyey, en el Nilo Azul meridional, y en el sur de Kordofan, agregó Kwaje.
Pero Nimeri advirtió que problema sólo le corresponde al SPLA, no al gobierno de Sudán.
Entre los problemas pendientes de acuerdo figuran la representación del sur sudanés en el gabinete nacional en los seis años de la transición. El SPLA exige encabezar 40 por ciento de los ministerios, proporción que Jartum considera excesiva.
Las dos partes tampoco llegaron a un acuerdo sobre un sistema de distribución de la riqueza petrolera de esa zona del país, a pesar de que en principio se habían mostrado dispuestas a compartirla.
A pesar haberse alcanzado el primer cese del fuego desde 1983 y del decidido impulso de Estados Unidos al proceso de paz, dos decenios de guerra civil dejaron tensiones y suspicacias que enlentecen y dificultan el diálogo entre el sur y el norte.
La mayoría de la población del Nilo Azul meridional, una de las regiones reivindicadas por el SPLA, pertenece a la etnia negra dinka, también predominante en el sur, pero sus líderes políticos son cercanos a Jartum.
En cuanto a las otras dos regiones, Abyei y las Montañas Nuba, la mayoría de sus habitantes son musulmanes pero han respaldado la plataforma autonomista del SPLA, según los insurgentes.
El gobierno no quiere dejar sentado un precedente que podría abrir una caja de Pandora en otras regiones. En el este y en el oeste de Sudán hay poblaciones que han sido tan perseguidas por el gobierno islámico de Jartum como los negros del sur, sostuvo un analista que pidió reserva sobre su identidad.
De todos modos, observadores confían en que se alcance un acuerdo de paz definitivo este año. (


