SERBIA: Violenta intolerancia religiosa y étnica

Actos de violencia religiosa y racista ocurridos en Serbia en los primeros días de 2003 sugieren que la sociedad mantiene altos grados de intolerancia, dos años después de la caída del régimen ultranacionalista de Slobodan Milosevic.

”La falta de buena voluntad hacia los otros es evidente en nuestra sociedad”, lamentó Ljubivoje Stojanovic, profesor de teología de la Universidad de Belgrado.

Un grupo de serbios impidió que un pastor anglicano celebrara un servicio de Navidad en una capilla que es sede de la Iglesia Ortodoxa Serbia.

Al día siguiente, se impidió que un profesor cubano de español de la Universidad de Belgrado ingresara a un mercado, con el argumento de que no allí no se permitía ”la entrada de gitanos”.

En la víspera de Año Nuevo, varios hombres alcoholizados golpearon a un serbio de origen canadiense y a su esposa negra, y dos comercios pertenecientes a chinos fueron incendiados en una localidad provincial.

”Pagamos el precio de ser no creyentes convertidos en creyentes superficiales, sin una idea cabal de lo que es la religión”, afirmó Stojanovic.

Durante el régimen comunista que se instaló tras el fin de la segunda guerra mundial, la religión quedó al margen de la antigua Yugoslavia, una federación de seis repúblicas de la cual se escindieron las actuales Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia y Macedonia, y en la cual permanecen sólo Serbia y Montenegro.

Durante las guerras de desintegración de los años 90, gran parte de los serbios se transformaron en firmes seguidores de la Iglesia Ortodoxa Serbia.

El gobierno de Milosevic (1989-2000) propagó por motivos políticos la idea de que los serbios eran muy distintos de los católicos croatas y de los musulmanes bosnios, y la rama local del cristianismo se transformó en un símbolo de esa diferencia.

La Iglesia Ortodoxa Serbia, ante la oportunidad de recuperar un lugar en la sociedad perdido durante muchos años, fue en parte responsable de que no quedara claro el límite entre la fe y la política del régimen de Milosevic, y sostuvo que sólo quienes asistían a sus templos eran auténticos creyentes.

Pero el Estado es el principal responsable del clima de intolerancia religiosa, y los dirigentes políticos no intentan corregirlo por temor a perder popularidad, dijo a IPS el profesor de psicología social Zarko Trebjesanin, de la Universidad de Belgrado.

”Los cambios tras el régimen de Milosevic no abarcaron en forma significativa la mentalidad de la población. Está muy bien reformar las instituciones y la economía, pero también hay que reformar las mentalidades, mediante la promoción de sentimientos de tolerancia y compasión”, sostuvo.

Pero la mayoría de los serbios no parece sentir compasión por las víctimas de las guerras separatistas de los años 90.

Entre esas víctimas hubo 5.000 musulmanes muertos en 1995 por militares serbobosnios en la oriental ciudad bosnia de Srebrenica, y familias albanokosovares masacradas en 1998 y 1999 por fuerzas de seguridad serbias en la meridional provincia serbia de Kosovo, administrada en la actualidad por la Organización de las Naciones Unidas.

Es imposible curar las heridas sociales sin restaurar valores destruidos en la era de Milosevic, y ”el Estado debería emprender esa tarea, pero no lo ha hecho”, afirmó Trebjesanin.

”Una generación creció en esa década de pobreza, increíble colapso económico, guerras y bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En cierto sentido, esas derrotas son comparables a la de Alemania en la segunda guerra mundial”, alegó.

La OTAN bombardeó Serbia de abril a junio de 1999, con el propósito declarado de evitar el genocidio de albanokosovares.

La intolerancia de muchos serbios no se limita al terreno religioso. En una encuesta realizada por la firma Faktor, 87,1 por ciento de 1.500 personas consultadas dijeron que se abstenían de todo tipo de contacto con homosexuales.

En otra encuesta, 76 por ciento de los consultados opinaron que los homosexuales deben recibir tratamiento médico porque están enfermos, y la mitad de los entrevistados dijeron que no tendrían contacto con un homosexual, mientras 26,2 por ciento alegaron que es preciso convencer a homosexuales y lesbianas de que cometen un error. (

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