El escepticismo crece en la población de Estados Unidos respecto de la conveniencia de atacar a Iraq, en especial después de que Alemania y Francia se negaran a apoyar los planes al respecto del presidente George W. Bush.
Los promotores de la guerra no logran convencer a la mayoría de los estadounidense pese a las advertencias de Bush y de su consejera de Seguridad Nacional, Condolezza Rice, y de la supuesta falta de cooperación de Bagdad con los inspectores de desarme de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Parece que cuanto más intentan convencer al público peor salen las encuestas, dijo un portavoz del Congreso de Estados Unidos.
El gobierno de Bush todavía no ha respondido de manera efectiva a una pregunta fundamental que se hace incluso en conversaciones casuales: ¿por qué exactamente vamos a la guerra con Iraq?, escribió esta semana el periodista Gerald Seib en el periódico The Wall Street Journal.
Los funcionarios más conservadores del gobierno de Estados Unidos (llamados halcones) se vieron frustrados por la constante pérdida de apoyo, evidenciada en las últimas encuestas de opinión divulgadas por la prensa nacional, cuando quisieron lanzar una campaña para convencer a sus escépticos aliados en Europa.
Siete de cada 10 estadounidenses están de acuerdo con darle a los inspectores de desarme de la ONU más tiempo para realizar su trabajo y quieren que Washington pruebe sus acusaciones contra Iraq, según una consulta divulgada días atrás por el diario The Washington Post y la cadena de televisión ABC News.
Otra encuesta realizada por la empresa consultora Gallup señaló que el apoyo popular a la política exterior de Bush cayó en forma precipitada de 75 a 50 por ciento de los entrevistados en tres meses.
Una consulta divulgada por el diario The Wall Street Journal y la cadena NBC News el jueves de la semana pasada reveló que 63 por ciento de los entrevistados está de acuerdo con que Estados Unidos vaya a la guerra sólo con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU y 29 por ciento apoyaban la acción unilateral.
El periódico The New York Times y la cadena CBS News presentaron una encuesta el viernes en la que 55 por ciento de los consultados criticaba la falta de interés en el gobierno de Bush en buscar una salida diplomática a la crisis con Iraq.
Más significativo para los halcones, liderados por el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, fue el hecho de que también la mayoría de los encuestados sostuvieran que Estados Unidos era menos respetado en el mundo ahora que hace dos años, cuando Bush asumió el gobierno.
Creo que Saddan Hussein es un mal hombre y que debe irse, pero no que la guerra sea el camino que el gobierno debe tomar en este caso. ¿Qué es lo que va a pensar el mundo si invadimos? ¿Qué van a pensar los musulmanes?, señaló Tom, un predicador bautista conservador de la meridional ciudad estadounidense de Dallas.
Todas las encuestas señalaron que el apoyo a Bush cayó a niveles similares a los previos a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, no sólo respecto de la política exterior sino también de la política económica.
La mayoría de los entrevistados dijeron que estaban más preocupados por la economía que por la guerra en Iraq o por la guerra contra el terrorismo.
Estas encuestas son además una señal para John Kerry, senador del opositor Partido Demócrata y precandidato para las elecciones en 2004, de que la población no apoya una guerra sin que se le dé más tiempo a la diplomacia.
Kerry, quien votó a favor de una resolución en el Congreso para autorizar a Bush a lanzar una ofensiva, condenó el jueves lo que consideró una carrera desesperada del presidente para la guerra.
La impaciencia del gobierno de Bush para lanzar el ataque, pese a tanta evidencia de que los estadounidenses quieren darle más tiempo a los inspectores de la ONU, demostraría que es muy pronto para una guerra y que no se tienen argumentos sólidos.
Analistas políticos señalan que Rumsfeld se equivocó al calificar a Alemania y Francia como parte de la vieja Europa por no haber apoyado los planes de Washington, pues perjudicó los esfuerzos del primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, de convencer a sus vecinos.
Washington señaló que cuenta con el apoyo de Italia y Polonia, por son dos países que carecen de peso militar.
Blair tiene previsto viajar a Washington la semana próxima para una visita que muchos observadores consideran que será clave para decidir si Estados Unidos y Gran Bretaña harán caso a las advertencias de sus aliados y de la población estadounidense.
La popularidad de Rumsfeld incluso entre los halcones cayó desde que dijo a periodistas a comienzos de este mes que se oponía a los borradores de los acuerdos, pues en Vietnam no significaron ninguna ventaja.
No obstante, los halcones siguen presionando a Bush y esperan que el presidente haga una declaración de guerra en su discurso del estado de la Unión la semana próxima en el Congreso. (


