Una guerra unilateral de Estados Unidos contra Iraq no resolverá los problemas, señalaron este lunes el papa Juan Pablo II y el español Javier Solana, alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común.
Las palabras del Papa, pronunciadas en el Vaticano, y las de Solana, contenidas en un artículo publicado en el diario español El País, se sumaron así a otras voces en el mismo sentido, como la del canciller de Grecia, Georgios Papandreou.
Existe un amplio consenso entre los 15 países miembros de la Unión Europea (UE) en favor de una segunda resolución de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) sobre Iraq, dijo Papandreou el viernes en Atenas, al explicar la política que llevará adelante durante la presidencia temporaria del bloque.
El primer ministro de Grecia, Costas Simitis, resumió esa posición en tres palabras: No queremos guerra.
En el mismo sentido, aunque con menos contundencia, se pronunció el mismo día el presidente de la UE, Romano Prodi. La guerra no es inevitable, apuntó.
Por su parte, Juan Pablo II afirmó este lunes que la guerra no puede ser considerada como cualquier otro medio para regular un conflicto entre naciones, en referencia a los planes bélicos de Estados Unidos contra Iraq.
Además, el Papa advirtió la necesidad de tener en cuenta que la carta de la ONU y el derecho internacional señalan que no se puede recurrir a la guerra, aunque se trate de asegurar el bien común.
A su vez, Solana sostuvo que las diferencias de percepción y capacidad (entre la UE y Estados Unidos) contienen las semillas de una posible ruptura trasatlántica.
Solana dirigió en 1982 la campaña del Partido Socialista Obrero Español contra el ingreso de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, luego apoyó esa incorporación e, incluso, fue designado secretario general de ese organismo a propuesta del entonces jefe del Gobierno español, su compañero de partido, Felipe González.
Los europeos también condenaron sin reservas los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, pero al mismo tiempo ven el terrorismo como el síntoma más extremo y reprensible de una disfunción política más amplia y profunda, precisó
El político español se pregunta si redunda en el interés común (…) el desarrollar principios que concedan a un único país un derecho ilimitado.
Más adelante se responde en el artículo señalando que el uso preventivo de la fuerza necesita una legitimación más amplia, ya sea a través del Consejo de Seguridad de la ONU o al menos mediante una forma de respaldo multilateral.
La posición de los gobiernos de la UE es unánime en que no se debe adoptar ninguna medida antes de que los inspectores de desarme de la ONU presenten su informe sobre Iraq y en que se les debe conceder una prórroga para continuar su trabajo después del 27 de febrero, fecha fijada en principio para su finalización.
El viernes, el director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), Mohamed el Baradei, informó que no podrían terminar su trabajo en Iraq en esa fecha prevista y reclamó más tiempo para llegar a una conclusión.
Ese mismo día el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, firmaba una orden para desplegar otros 35.000 militares en la zona del Golfo.
En cambio, se pronunciaron a favor de una prórroga para los inspectores de la ONU las cancillerías de Gran Bretaña, Francia y Rusia, miembros permanentes del Consejo de Seguridad del foro mundial junto con Estados Unidos y China.
La canciller española, Ana Palacio, manifestó este lunes en declaraciones a la prensa su apoyo a la posición expuesta por Solana y dijo que su país es partidario de agotar todas las vías diplomáticas.
Sobre el peligro que representan las armas de destrucción masiva, el jueves pronunció una conferencia en Londres el británico Joseph Rothlat, premio Nobel y físico nuclear pionero, ya que fue el primero que investigó acerca de la viabilidad de la bomba atómica y participó en su desarrollo en Estados Unidos.
Rothlat, quien confesó haber sido también el primero en desarrollar el concepto de disuasión nuclear antes de la segunda guerra mundial (1939-1945), se opone a un ataque contra Iraq pues, afirmó, nos espera un desastre a menos que hagamos un gran esfuerzo para impedirlo. (


