La anemia afecta ya a 50 por ciento de los niños y niñas menores de dos años de Argentina, pese a que este país es el cuarto mayor exportador mundial de carne vacuna, el alimento que aporta más cantidad de hierro al organismo humano.
Ese elevado porcentaje de anemia infantil, que trepa hasta 70 por ciento entre los más pobres, causa mayor alarma al compararlo con registros del Norte o de países en desarrollo con planes de refuerzo de hierro en harinas, como Chile, donde no alcanza siquiera a 10 por ciento de la población de esa franja etaria.
Además, en varios de esos países con escasa cantidad de niños anémicos por falta de alimentos adecuados no existen las mismas posibilidades nutricionales que tiene Argentina, que por décadas fue el primer exportador mundial de carne vacuna y ahora sólo descendió cuatro peldaños.
El dato de la producción cárnica es muy significativo pues sólo bastan dos cucharadas chicas de carne picada de baja calidad tres veces por semana para que un menor de dos años tenga el hierro requerido en un buen desarrollo nutricional, como explicó a IPS María Luisa Ageitos, asesora del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
Esa mínima cantidad no se llega a cubrir, a juzgar por los resultados, y cuando ocurre probablemente se lo hace de manera inadecuada, sin combinar la carne con alimentos que permitan la absorción del hierro como las frutas que contienen vitamina C, que también su consumo es cada vez menor entre los más pobres.
La cantidad de niños y niñas con déficit de hierro es alarmante en Argentina y, para colmo, cada vez se suman más embarazadas, dos hechos que comprometen el desarrollo intelectual futuro de la infancia, advirtió la investigación realizada por el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni).
Los pediatras Alejandro O'Donnell y Sergio Britos, autores del informe de Cesni que reveló el alto porcentaje de menores anémicos, explicaron que la situación de salud de niños y mujeres por esa carencia de hierro se agravó debido a la crisis socio- económica desatada a fines de 2001.
El costo de los alimentos y bebidas para la población creció 60 por ciento en 2002, respecto del año anterior, en el marco de un aumento general de precios al consumidor de 41 por ciento en promedio, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, sin que se le acompañara una mejora en el ingreso.
El salto de los precios tras la devaluación de la moneda argentina, provocada por la eliminación a comienzos de 2001 del tipo de cambio fijo uno a uno respecto del dólar, sumado al desempleo en torno a 20 por ciento de los activos, catapultó la pobreza y la indigencia en poco tiempo.
La pobreza pasó de afectar a 33 por ciento de los 37 millones de argentinos en 1998 a 55 por ciento en la actualidad, mientras que 26 por ciento de esos pobres ni siquiera cuentan con el ingreso necesario para acceder a la cesta básica de alimentos.
El colapso económico y político de diciembre de 2001 llevó la desnutrición, que hasta entonces fluctuaba entre 11 y 17 por ciento de los niños y niñas, a 20 por ciento en promedio en el país, aunque en provincias del norte ese indicador se duplica, observó el estudio del Cesni.
Pero la carencia de hierro entre los más pobres es aún mayor y puede llegar a 70 por ciento de los niños de ese sector social, aseguró a IPS la pediatra Silvia Baez, encargada del Programa Nutrir de la organización no gubernamental Red Solidaria.
Los participantes del plan de Red Solidaria, que atiende a miles de niños, se sienten frustrados por el resultado del último año.
Por cada tres niños que recuperamos de la anemia, tenemos cinco nuevos que ingresan al programa de cuidados especiales en la dieta, graficó Baez.
Para nosotros, la anemia es la desnutrición oculta porque pueden ser niños con un peso normal, pero que tienen síntomas de falta de hierro, lo cual les provocará a la larga dificultades en el aprendizaje, retraso escolar y dificultades para el acceso al empleo cuando sean adultos, explicó la médica.
Baez comentó que hasta hace un año, cuando la crisis se mantenía agazapada, entre 30 y 40 por ciento de los niños menores de cinco años que participan del Programa Nutrir tenían distintos grados de anemia por esa escasez de carne vacuna en la dieta.
Pero esa cantidad de anémicos se elevó a 70 por ciento con la instalación de la crisis económico-social, afirmó.
Lo más dramático se ve en ese salto de la anemia en los lactantes, en los menores de dos años, en los escolares, en las mujeres embarazadas y en las madres que amamantan, algunas también muy desnutridas, añadió la especialista.
También apunto el importante deterioro en la calidad de la dieta diaria de los niños en Argentina.
Hasta hace un año, si bien existían muchas familias con dificultades para acceder a una dieta más amplia que un trozo de pan, polenta y fideos, los niños en edad escolar tenían asegurada al menos una comida diaria en el comedor de su centro educativo, en la que se incluía carne, vegetales y frutas.
Para Baez, esa variedad es fundamental, ya que se considera que el hierro existente en la carne es insustituible para el desarrollo intelectual del niño y su capacidad de aprendizaje, así como el zinc – – otro micronutriente que está en vegetales y frutas – – es fundamental para el desarrollo de la talla.
Sin embargo, a la par de que se agudizaba la crisis comenzaron a faltar los alimentos en cantidad y variedad en los comedores en las escuelas escolares y los que se multiplicaron en comunidades eclesiales y centros deportivos barriales.
La mayoría de los responsables de esos comedores populares aseguran que pueden seguir con la tarea gracias a donaciones de particulares, tanto de personas como de comercios pequeños y de supermercados.
Ante esas dificultades, médicos nutricionistas comenzaron a reclamar una ley que permita incorporar micronutrientes fundamentales en productos alimenticios, como el hierro en la harina de trigo, una medida adoptada por Chile y otros países muchos años atrás con gran éxito en la lucha contra la anemia.
En Argentina, sólo existe un tipo de leche fortificada con hierro, pero es más cara que la común y tiene un sabor que los niños rechazan por falta de costumbre, explicó Baez.
No obstante, consideró que, si se produce ese tipo de leche en gran escala y se acostumbra a los niños, el resultado sería bueno.
El grado de absorción del hierro que viene en la leche es bajo respecto de las posibilidades que ofrece la carne al respecto o la harina fortificada con hierro, pero en Brasil se lograron buenos resultados con la leche, apuntó.
La experta de Red Solidaria sentenció que implementar una norma como la reclamada al menos podríamos llevarnos a estar mejor que como estamos ahora, donde el problema, en lugar de disminuir, aumenta. (


