El aumento simultáneo en Indonesia de los precios del combustible, la energía eléctrica y los servicios telefónicos por el recorte de subsidios provocó indignación popular, pero el gobierno no da marcha atrás.
Los nuevos precios de productos y servicios básicos son casi el único tema de discusión en casas, oficinas y calles, y motivaron protestas multitudinarias en las últimas dos semanas.
El martes, madres y amas de casa golpearon cacerolas en Yakarta y otras ciudades para exigir la reducción de los precios.
Sin embargo, el gobierno de Megawati Sukarnoputri confirmó su decisión, que había hecho efectiva el primer día del año, de incrementar los precios de los combustibles en un promedio de 11 por ciento, la electricidad seis por ciento y los servicios telefónicos 15 por ciento.
Algunos críticos reclamaron la renuncia de Megawati, pero el ministro coordinador de Asuntos Económicos, Dorodjatun Kuntjoro- Jakti, defendió el recorte de subsidios como una medida dolorosa pero necesaria para reducir la dependencia de los créditos extranjeros.
Los subsidios a productos y servicios básicos no permiten reducir el déficit presupuestal de 37.700 millones de dólares y dejan escasos recursos para otras prioridades en una economía que aún no se recuperó de la crisis económica de 1997, explicó el gobierno.
Sólo las subvenciones del petróleo y la energía eléctrica sumaban 30.000 millones de dólares al año.
Los grandes subsidios al petróleo incitaban el consumo excesivo, representaban una pesada carga para nuestro presupuesto y por lo tanto obstruían nuestra recuperación económica, arguyó Dorodjatun.
Con tantos subsidios, no podemos avanzar para crear estímulos económicos, agregó el ministro.
Sin embargo, el gobierno adoptó la decisión cuando hay millones de desempleados y la economía va de mal en peor, replicó amien Rais, presidente de la Asamblea Consultiva del Pueblo.
Desde el año 2000, Yakarta realiza una reducción gradual de los subsidios de acuerdo con un plan elaborado con el Fondo Monetario Internacional, que considera la eliminación de las subvenciones como una medida de eficiencia.
Pero aun el levantamiento de subsidios, que se remonta a la era del dictador Alí Suharto (1965-1998), sólo ayudará parcialmente.
Actualmente, el gobierno gasta 15.500 millones de dólares al año en subvenciones a la energía eléctrica.
El último aumento de la tarifa de la electricidad generará 8.300 millones de dólares en ingresos, que el gobierno utilizará para cubrir costos operativos.
Los graves problemas que atraviesa la economía indonesia se deben en parte a la reducción de las exportaciones.
Aun representantes del sector empresarial como Hariadi Sukamdani, vicepresidente de la Asociación de Empresarios Indonesios, criticaron el último aumento de precios.
Entendemos el problema del gobierno, pero no podemos comprender por qué aumentaron los precios en forma simultánea. Ahora nos unimos a los trabajadores en el rechazo a la medida, declaró Sukamdani.
En medio de dificultades económicas, nos esforzamos por incrementar los beneficios laborales y eso funcionó en cierta medida, pero estos aumentos de precios frustrarán nuestros esfuerzos, agregó.
Mientras, Yakarta recurre recurre a otras formas de obtener fondos, como la venta de empresas públicas y de compañías privadas endeudadas.
Sin embargo, la venta de esos activos no ha sido fácil porque en su mayor parte se derrumbaron durante la crisis y otras están envueltas en escándalos financieros. (


