DESARROLLO: Lula construye un puente entre dos mundos

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva tendió puentes entre activistas del Foro Social Mundial (FSM) y grandes empresarios del Foro Económico Mundial (FEM), mediante sendas visitas que atraparon la atención de los asistentes a esos encuentros.

Lula llevó el mismo mensaje el viernes a la meridional ciudad brasileña de Porto Alegre, sede del FSM, y el domingo a la sudoriental localidad suiza de Davos, donde se lleva a cabo el FEM: hay que cooperar para resolver graves problemas sociales, en especial mediante un ”pacto mundial por la paz y contra el hambre”.

El domingo pidió paz en Iraq y una guerra internacional contra la pobreza, así como el fin del proteccionismo comercial de las potencias occidentales.

El mandatario brasileño, del izquierdista Partido de los Trbajadores, abogó por un fondo internacional de combate a la miseria y el hambre, ”constituido por los países del G-7 y estimulado por los grandes inversionistas internacionales”, en un discurso de 14 minutos que fue escuchado con atención y aplaudido.

El Grupo de los Siete (G-7) reúne a los países más industrializados: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón.

El presidente del FEM, Klaus Schwab, conversó con Lula sobre la posibilidad de crear un grupo de trabajo conjunto Davos-Porto Alegre para estudiar la implementación de la iniciativa contra el hambre, que también fue apoyada por el ex presidente estadounidense Bill Clinton (1993-2001).

”La paz es un objetivo moral, y también un imperativo de racionalidad”, sostuvo Lula, menos de una hora después de que el secretario de Estado (ministro de Relaciones Exteriores) estadounidense, Colin Powell, dijera a los asistentes al FEM que Washington está listo para iniciar una guerra contra Iraq.

Las controversias deben ser ”solucionadas por vías pacíficas y bajo la égida de la Organización de las Naciones Unidas”, alegó el presidente de Brasil, quien asumió el gobierno el 1 de enero.

En materia comercial, sostuvo que Brasil debe ”salir del círculo vicioso de contraer nuevas deudas para pagar las anteriores”, y para eso necesita exportar más, pero choca con el proteccionismo de los países industrializados.

”Más de 10 años después del derrumbe del muro de Berlín, persisten otros muros que separan a los que comen de los hambrientos, a los que tienen trabajo de los desempleados, a los que habitan una vivienda digna de los que viven en la calle o en 'favelas' (barrios pobres y marginales brasileños)”, comentó.

América Latina quiere ”un libre comercio caracterizado por la reciprocidad” y ”pelearᔠpara lograrlo, aseguró Lula.

”No aceptamos la idea de que el libre comercio beneficie sólo a los países industrializados. No queremos ser tratados como ciudadanos de segunda clase, sino como iguales”, y ”si las naciones ricas negocian con dureza, haremos lo mismo”, señaló.

En Porto Alegre, Lula había anunciado que en su mensaje a Davos jerarquizaría que ”los niños negros de Africa tienen tanto derecho a comer como los de ojos azules”.

En Davos, subrayó que en Brasil hay 45 millones de pobres y hambrientos, y recordó que él mismo comió ”pan por primera vez cuando tenía siete años”.

”No me cansaré de repetir el compromiso de asegurar que los brasileños puedan desayunar, almorzar y cenar todos los días”, añadió.

Otros pasajes del discurso de Lula fueron dedicados a la importancia de un ”nuevo orden económico mundial” que incluya a quienes están al margen del avance científico y tecnológico, y de mayor control del flujo internacional de capitales, para cortar la financiación del terrorismo y el crimen organizado.

”Es muy importante que (Lula) haya venido desde Porto Alegre”, afirmó en Davos Philippe Petit, de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.

Los dos foros ”tienen los mismos objetivos, pero distintas recetas para alcanzarlos, y debemos discutir las recetas”, opinó.

Los funcionarios brasileños que acompañaron a Lula en Davos insistieron en que su gobierno buscará con firmeza objetivos de igualdad social y responsabilidad corporativa, pero sin bruscos cambios desestabilizadores, y destacaron que procuraría el diálogo con un mensaje moderado.

En ese sentido, el presidente comentó que Brasil estaba dispuesto a recibir inversión extranjera en proyectos de infraestructura, pero también advirtió que será un ”presidente peleador para defender los intereses de su país”.

Los participantes en la 33 sesión del FEM estaban ansiosos por saber qué les diría Lula, ex obrero metalúrgico y ex dirigente sindical, quien ha criticado durante años el tipo de globalización económica que impulsan las grandes transnacionales.

Hace algunos años, quizá los miembros de elites económicas, políticas y de organismos internacionales que asisten a las reuniones anuales de Davos no habrían estado tan interesados en escuchar al hijo de un agricultor que no terminó la escuela.

Pero en la actual coyuntura de desaceleración del crecimiento económico mundial, escandalosas quiebras de grandes corporaciones y generalizada desconfianza en el llamado modelo neoliberal, les importaba mucho el discurso del presidente de Brasil, cuya economía es la duodécima del mundo.

Lula ayudó a establecer el FSM desde su creación en 2001, y parte de los activistas participantes en ese encuentro criticaron que asistiera a la reunión de Davos.

El presidente brasileño ironizó sobre eso el domingo, al comentar: ”Será fantástico volver a Brasil y que mis compañeros del Foro Social Mundial vean que regreso intacto, sin que se hayan comido ningún pedazo mío”.

También destacó que ha dedicado la mayor parte de su vida a negociar, y comparó las relaciones entre Davos y Porto Alegre a las de empresarios y trabajadores en un conflicto. (

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