DERECHOS HUMANOS-INDIA: Comunidades protegen a viudas del sida

Líderes de pequeñas comunidades de India defienden a las víctimas del sida ante la indiferencia de las autoridades, que no incluyen en sus planes métodos para evitar la marginación social de los enfermos y sus familiares.

La vida de Manpreet, de 28 años, cambió para siempre luego de que a tres de sus cuatro hijas se les detectara el virus del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) y que su esposo Raju, un camionero, muriera por la misma enfermedad.

”Cuando Raju murió el año pasado, nunca pensamos que nos dejaría esta terrible herencia. Estamos desoladas”, dijo Manpreet, quien además se quedó sin hogar y se vio obligada a vivir con sus hijas en la casa de su padre, de sólo un cuarto.

Manpreet y sus hijas fueron sometidas a éxamenes en el Guru Gobind Singh Medical College, en Faridkot, 50 kilómetros al norte de su nativa localidad de Rampura Phool, en el occidental estado de Punjab.

Tan pronto como corrió la noticia, sus tres hijas fueron expulsadas de la escuela local porque las autoridades consideran que su enfermedad es una amenaza para las demás estudiantes.

Pero Manpreet pudo superar el fuerte estigma y el rechazo social con el apoyo del Comité de Desarrollo de la comunidad de Rampura Phool Mohalla.

”No importa lo que suceda, no vamos a dejar abandonada a Manpreet ni a su familia. Son todos inocentes”, afirmó P. S. Mannu, el ”pradhan” o líder elegido de la comunidad.

Mannu condenó la ”insensibilidad y la hostilidad” con que las autoridades del distrito de Bhatinda trataron a Manpreet.

”Me pregunto de qué sirven todos los carteles y discursos sobre el VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida) si no hay ningún mecanismo para ayudar a alguien como Manpreet. ¿Para qué las examinaron si luego las abandonan para que muera?”, preguntó Mannu.

El comité local busca el apoyo del Consejo de Acción Conjunta (JAC), un grupo con sede en Nueva Delhi especializado en asuntos legales y de derechos humanos vinculados con el sida, para garantizar que se haga justicia con Manpreet y su familia.

”El caso de Manpreet es muy común y sólo confirma lo que hemos dicho por casi una década. Millones de dólares que llegan al país desde las agencias donantes se usan sólo para crear pánico entre las comunidades locales”, señaló el líder del JAC, Purushottaman Mulloli.

Mulloli sostuvo que los así llamados grupos de alto riesgo, como los conductores de camiones y las prostitutas, están cada vez más marginados de la sociedad, debido en especial a que las campañas de lucha contra el sida están ”mal dirigidas”.

”Este problema tiene el potencial de provocar una seria inestabilidad social y derivar en casos de ostracismo en varias partes del país”, señaló.

Los occidentales estados agrícolas de Punjab y Haryana, donde habitan la mayor parte de los soldados y conductores de camiones del país, son el centro de fuertes campañas en la que se insta a la población a que se someta a exámenes de sangre.

El ”sarpanch” (jefe) de la aldea de Manke, en la región de Ludhiana, no permite casamientos en su jurisdicción a menos que los contrayentes acrediten con un examen de sangre que no tienen sida.

Esto se debe a que en los últimos años hubo muchas muertes en Manke y en la cercana aldea de Dhaibee atribuidas al sida.

El oficio más común entre los jóvenes de ambas aldeas es el de camionero. Con frecuencia, los camioneros tienen contacto con prostitutas de distintas ciudades del país, por lo que están más expuestos a la enfermedad.

Pero ni siquiera los exámenes de sangre que tanto exigen las autoridades son confiables.

A Gurinder Singh, un residente de la localidad de Amristar, se le constató la enfermedad cuando se sometió a un examen en un hospital público.

”Estuve a punto de suicidarme por la noticia, y de hecho habría muerto si un médico amigo no me hubiera insistido en viajar a Nueva Delhi para hacerme otra prueba en el Instituto de Ciencias Médicas de India, donde finalmente los exámenes dieron negativo”, recordó Singh.

Singh solicitó a la Organización Nacional para el Control del Sida (NACO), del Ministerio de Salud, que detenga su agresiva campaña de exámenes hasta tanto no se implementen métodos confiables para ”evitar traumas innecesarios y el ostracismo social de los enfermos”.

NACO promueve una campaña en la que se distribuyen condones y literatura sobre sida en forma gratuita, además de promover los exámenes de sangre. Pero la organización, que recibe del Banco Mundial unos 60 millones de dólares anuales, no tiene ningún programa en favor de las viudas de los camioneros.

Manpreet y sus hijas hicieron una protesta frente a las oficinas de las autoridades de Bhatinda, y éstas sólo les entregaron dos cobijas de menos de 50 centavos.

Un caso muy similar al de Manpreet fue el de Kaushalya y su hija, a quienes se les detectó el VIH en un centro médico público de la ciudad de Rohtak hace cinco años. Ella decidió hacerse los exámenes luego de que su esposo Ranbir, también camionero, muriera por la enfermedad.

”Los médicos del hospital de Rohtak me hicieron abortar mi segundo hijo, que estaba por nacer, pero un segundo examen que me realicé en 2000 comprobó que ni yo ni mi hija teníamos VIH”, recordó Kaushalya.

”Perdí mi hijo, y mi aldea, Cochi, quedó estigmatizada. Por muchos años nadie se casará con mujeres de Cochi ni darán trabajo a nadie en la aldea”, lamentó.

Afortunadamente, el suegro de Kaushalya y el líder de la aldea de Chochi, Azad Singh, la apoyan y mantienen.

”Nos amenazaron con esos exámenes. El propio comisionado de distrito vino aquí y dijo que todos moriríamos si no nos hacíamos los exámenes. Todo se trata de un engaño de parte de las personas que viven en la ciudad”, sostuvo Azad Singh. (

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