AFRICA AUSTRAL: Tráfico de armas amenaza la seguridad regional

Los 14 países de la Comunidad para el Desarrollo de Africa Austral (SADC, por sus siglas en inglés) se basa en un pacto para garantizar la seguridad regional, amenazada en la actualidad por el abundante comercio ilegal de armas.

”El tráfico de armas livianas y de guerra en la región muestra cuán estrechos son los vínculos entre nuestros países en materia de seguridad, y cuán vulnerables es cada uno de ellos a los problemas de seguridad de los demás, en especial cuando se trata de vecinos”, dijo a IPS un militar sudafricano que no quiso ser identificado.

Ese oficial se considera un ”inspector de armas de destrucción masiva”, con independencia de la tradicional clasificación del armamento.

Las armas traficadas en la región ”no matan en forma simultánea a tantas personas como las químicas, pero causan la muerte de cientos cada semana, y de decenas de miles cada año”, explicó.

En los países de la SADC, se exigen registros y permisos para poseer armas livianas, y la posesión de las de guerra está prohibida por completo a civiles, pero las organizaciones delictivas emplean y venden ambos tipos.

La evaluación del impacto del tráfico de armas en Sudáfrica, el país más vasto y rico de la región, es difícil porque las autoridades han decidido no divulgar estadísticas sobre crímenes, pero un funcionario policial sudafricano dijo a IPS que ese impacto ”no es menor”.

En la vecina Swazilandia, la policía lleva a cabo frecuentes inspecciones de vehículos en las carreteras, con la intención de descubrir tráfico ilegal de armas, confisca armas de fuego a los sospechosos de cometer delitos graves, y se incauta de más armamento en allanamientos domiciliarios.

La cantidad de armas confiscadas en ese país en 2002 es un dato clasificado como confidencial, pero el portavoz de la policía de Swazilandia, Vusie Masuku, dijo a IPS que fue el mayor en la historia.

Casi todas esas armas habían sido introducidas en forma ilegal al país, indicó.

Investigaciones de funcionarios de seguridad de la SADC indicaron que el origen del tráfico está en países de la región donde se desarrollan o se desarrollaron conflictos armados, y que una de las principales fuentes es Angola.

Grupos participantes en esos conflictos venden armas a organizaciones criminales para obtener fondos, o las canjean por alimentos y otros suministros, y luego aliados de esos grupos que no residens en sus países les proporcionan aportan nuevas armas mediante contrabando, de acuerdo con esas investigaciones.

República Democrática del Congo (RDC) está llena de armas debido a su guerra civil, y constituye en ese sentido un peligro para otros países africanos, según la SADC.

Otra fuente de las armas vendidas de modo ilegal en la región es Mozambique, donde dos décadas de guerra civil y conflictos posteriores han mantenido en uso una gran cantidad de armamento.

Desde esas naciones, el tráfico de armas se dirige hacia el sur, en especial hacia Swazilandia y Sudáfrica, y según rumores persistentes pero no confirmados también hacia Zimbabwe, para abastecer a grupos que prepararían una insurrección contra el presidente Robert Mugabe.

Las fuerzas de seguridad de la región despliegan dos estrategias simultáneas para impedir que organizaciones criminales adquieran armas de guerra.

Una de ellas es la prohibición acompañada de frecuentes inspecciones y allanamientos, como en el caso de Swazilandia. Pero ”los criminales suelen enterarse de antemano, y esconden sus armas, de modo que casi nunca tenemos éxito”, dijo a IPS un inspector de policía de ese país.

La otra estrategia busca destruir el armamento en sus países de origen. En Angola y RDC, los acuerdos vigentes de cese del fuego incluyen programas de recolección y destrucción de armas y municiones, pero su éxito ha sido parcial.

En algunos casos, las autoridades ofrecen dinero a los ex combatientes que entreguen sus armas. Eso ha llevado a otras personas a buscar armas escondidas, e incluso a robarlas para obtener la recompensa.

El proceso de reconstrucción de Mozambique tras la guerra civil ha incluido aumento de penas para quienes violen las normas sobre posesión y venta de armas de fuego.

”Cuando un país obtiene éxitos contra el tráfico de armas, otros países se benefician”, comentó el inspector de policía mozambiqueño Victor de Sousa.

Los gobernantes de la SADC desean ampliar sus estrategias colectivas en materia de seguridad, y desarrollar sistemas de defensa mutua contra el terrorismo, así como una fuerza militar conjunta, con unidades de cada Estado miembro, que sería empleada para misiones de mantenimiento de la paz.

Pero los problemas de seguridad interna de cada país aún predominan en la región, en especial debido a la abundancia de armas ilegales. Ese problema podría desaparecer con el paso del tiempo, por obsolescencia del armamento, si no comienzan nuevos conflictos armados en los países del área.

”Puede conseguir cualquier arma que desee. Pistolas, rifles, incluso una granada. Puedo alquilar un arma para robar, y pagarla con el dinero que robe”, dijo a IPS Nicholas, un ”tsotsi” (pandillero) en La Corporación, una pobre aldea en los suburbios de la nororiental ciudad sudafricana de Nelspruit.

La Corporación fue construida como lugar de residencia segregada de los trabajadores negros de Nelspruit, durante el régimen racista del apartheid. (

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