AMBIENTE-AFRICA: Kenia intenta salvar a los elefantes

El gobierno de Kenia busca bloquear la propuesta que cinco de sus vecinos de Africa austral llevarán a la reunión global de noviembre sobre especies en Chile: levantar la prohibición internacional a la venta de marfil.

Impulsada por Sudáfrica, Namibia, Botswana, Zambia y Zimbabwe, la iniciativa pondrá en riesgo a las poblaciones de elefantes de todo el mundo, arguyó Kenia, en una advertencia apoyada por ambientalistas y expertos.

La cuestión se dirimirá del 3 al 15 de noviembre en Chile, cuando representantes de 160 países acudan a la conferencia de la Convención de Naciones Unidas sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

Las cinco naciones africanas quieren vender sus reservas gubernamentales de marfil en bruto y obtener cuotas para un comercio limitado. El dinero obtenido, aseguran, será para conservar a sus elefantes.

Pero a juicio de Kenia, esto disparará la caza ilegal. El país perdió 80 por ciento de sus elefantes durante la década de 1980, cuando la venta de marfil aún estaba autorizada.

”La propuesta pondrá en riesgo a los elefantes de 50 países. El contrabando de marfil ya está creciendo y el comercio legal sólo proporcionará cobertura al ilícito”, advirtió el Servicio Natural de Kenia (KWS).

El éxito de la prohibición al comercio de marfil, impuesta en 1989 por la CITES, es indudable. Los precios se derrumbaron y se detuvo la grave declinación de las manadas africanas.

En la última década, los principales mercados de Asia oriental cayeron 90 por ciento, según Edmond Martin, autor del libro ”The Ivory Markets of Asia” (Los mercados del marfil en Asia), auspiciado por la organización Salvemos a los elefantes.

Pero aún con la prohibición, ”en la mayor parte del continente la matanza continúa”, sostuvo el coordinador del programa sobre elefantes del KWS, Patrick Omondi.

Según el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales (IFAW), más de mil ejemplares fueron muertos el último año en todo el mundo.

Los gobiernos africanos no tienen recursos, personal o leyes para salvaguardar la especie. ”En la República Democrática del Congo hay guerra civil. No hay forma de controlar a los cazadores furtivos”, explicó Omondi.

Somalia y Sudán también padecen conflictos internos. ”Las armas de fuego pululan. En Somalia ni siquiera hay un gobierno con el que dialogar”, añadió.

Kenia —cuyos elefantes se encuentran desperdigados en el territorio y no confinados en parques como los de Sudáfrica— perdió este año 81 ejemplares a manos de cazadores y 57 en 2001. La multa por posesión de marfil, de 64 dólares, no tiene efecto disuasorio.

”Pese al patrullaje aéreo, aún hay cazadores furtivos y mercado negro”, sostuvo Omondi. En septiembre, las autoridades chinas incautaron tres toneladas de marfil procedente de Kenia.

El país señala el desastroso resultado de la apertura comercial parcial de 1999, cuando la CITES permitió que 5frica austral efectuara una única venta a Japón. ”Repentinamente se disparó la caza furtiva”, recordó Omondi.

”Ese suministro alentó expectativas de una renovada oferta en la industria del marfil de Japón y evitó que el negocio perdiera más actores”, apuntó Martin.

”Muchos países africanos no tienen mecanismos para calcular el impacto que tendría este comercio en sus elefantes”, sostuvo el director del KWS, Joseph Kioko.

Kenia e India, otro país con poblaciones de elefantes, señalan que el sistema de Supervisión de la Matanza Ilegal de Elefantes, adoptado en 1997, necesita tiempo para producir información básica con la cual contrastar cambios futuros.

Apenas se está echando a andar en Africa y ni siquiera ha sido establecido en buena parte de Asia.

”Pongamos este sistema de control en marcha, permitamos que reúna suficiente información sobre muertes ilegales en el continente y quizás en 10 años pueda iniciarse la experiencia de comercio limitado”, sugirió Omondi.

Kenia reclama que, mientras se aplique el sistema de supervisión, todos los elefantes africanos sean incluidos nuevamente en el Apéndice I de la CITES, que prohíbe el comercio.

Los elefantes de Botswana, Namibia, Sudáfrica y Zimbabwe están en el Apéndice II, que cubre especies menos amenazadas. Esto constituye, arguye Kenia, una señal ambigua para los delincuentes. ”Para un cazador, el marfil es marfil ”, concluyó Omondi.

El futuro de los elefantes es uno de los temas más candentes de la reunión de CITES, donde otras 50 propuestas serán votadas, entre ellas, la iniciativa de Japón de levantar la prohibición a la caza de las ballenas minke y bryde.

* Publicado originalmente el 26 de octubre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. (FIN/Tierramérica/ks/dcl/en/02

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