AMBIENTE-CUBA: Lluvias salvan bosques, pero no alivian sequía

El comienzo de la temporada de lluvias puso fin en Cuba a los incendios forestales que habían estallado en abril, pero el agua caída es aún insuficiente para mitigar la sequía en la región oriental.

Se calcula que unas 10.000 hectáreas de bosques desaparecieron desde el inicio el 18 de abril de un incendio en la Ciénaga de Zapata, el mayor humedal caribeño situado a 200 kilómetros de La Habana.

El siniestro pudo ser controlado sólo el 8 de este mes. El jefe del Cuerpo de Guardabosques en la región, teniente coronel Azel Castro, aseguró que solamente las lluvias podían acabar de manera total con las llamas.

”Los cienagueros dicen que cuando salen los cangrejos de sus cuevas llega la lluvia, pero este año no he visto ni uno”, dijo a IPS Herminio Guzmán, el conductor de un autobús de turismo que viaja seguido a la zona.

La temporada de lluvia se extiende en Cuba desde mayo hasta octubre. Fuentes del instituto cubano de Meteorología indican que, como viene ocurriendo en los últimos años, los pasados meses fueron más secos de lo normal, sobre todo abril.

Para Castro, lo que se vivió a inicios de este mes es una experiencia única para la Ciénaga de Zapata, declarada Reserva de la Biosfera por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Añadió que, aunque se han reportado otros focos en las zonas denominadas como hierbazales, es la primera vez que las llamas se desatan en los bosques naturales.

La humedad relativamente alta de estas arboledas actúa como protector natural contra incendios, pero, según reportes de la prensa local, en la región no llovía desde el 4 de noviembre, cuando el huracán Michelle salió de Cuba, tras azotar parte del país por 15 horas con vientos de hasta 200 kilómetros por hora.

Informes oficiales catalogaron el pasaje del huracán Michelle como el peor desastre natural soportado por la población cubana en los últimos 50 años.

A la sequía acumulada y el ascenso de las temperaturas desde abril se sumaron como material combustible los árboles y arbustos derribados por el Michelle en la Ciénaga, calculados en más de cuatro millones de metros cúbicos de recursos forestales.

El presidente del gobierno municipal, Vladimir Barreto, explicó al diario Juventud Rebelde que el mayor impacto de ese desastre será ecológico, por las afectaciones ocasionadas a la flora y la fauna, aún pendientes de evaluación por especialistas.

Además del incendio en la Ciénaga de Zapata se registraron otros de similar intensidad en varias provincias del centro y del extremo oriental del país, algunos de los cuales llegaron a poner en peligro ciudades cercanas a las áreas boscosas.

En la región central de la isla, en una zona conocida como Motembo, se reportó a mediados de mes un incendio que devastó más de 1.130 hectáreas, 519 de las cuales estaban cubiertas de pino, más de 60 de eucalipto, 301 de casuarina y 26 hectáreas de árboles frutales.

Las fuerzas de bomberos del centro del país, sin tiempo para el descanso, enfrentaron otros incendios en Cubanacán, una reserva de más de 7.000 hectáreas de bosques, donde conviven 14 especies de plantas endémicas y 93 especies de aves.

La estatal Agencia de Información Nacional reportó en esos mismos días desde Camagüey, a 534 kilómetros de La Habana, los detalles de otros dos siniestros, que afectaron más de 5.000 hectáreas de bosques y unas 7.000 de sabanas.

Fuentes oficiales revelaron que sólo en la oriental provincia de Holguín se contabilizaron más de 90 incendios forestales de diferentes proporciones en lo que va del año, el último de ellos en Moa, el enclave niquelífero más importante del país.

Especialistas del Instituto Nacional de Meteorología pronosticaron que las usuales lluvias de mayo comenzarán después del día 20, con frecuencia e intensidad normales, y no la que se necesitarían tras el fuerte período de seca.

Las primeras lluvias refrescaron el ambiente, pero se mantienen muy por debajo de las necesidades en las regiones más afectadas por la sequía, como la oriental provincia de Las Tunas, donde se han reportado más de 4.000 reses muertas.

El ministro de Agricultura, Alfredo Jordán, informó el día 17 que el agotamiento de las fuentes naturales de agua obliga a proporcionarle de manera constante ese líquido a más de 400.000 animales vacunos para que puedan sobrevivir.

La grave situación se repite en todas las provincias hacia el oriente de la isla. En la zona, luego de 100 días sin precipitaciones, se ven pastos secos, embalses agotados, animales apenas sobrevivientes y descensos considerables de la producción de leche.

Hay territorios donde ”los pastizales casi no existen o parecen quemados. En los sembrados donde no hay sistemas de riego (que son la mayoría) el desarrollo de las plantas es mínimo por la falta de humedad”, explicó el presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Jorge Luis Aspiolea.

El funcionario agregó que el impacto de la sequía también es visible en los retoños de la caña de azúcar, el principal producto de fuentes de divisas junto al turismo.

La situación se torna aún más crítica en seis municipios intrincados de Guantánamo, a más de 900 kilómetros de La Habana, donde las autoridades locales han tenido que enviar carros cisternas con agua para unas 20.000 personas.

Ileana Alvarez, vecina de la oriental Santiago de Cuba, contó a IPS vía telefónica que el bombeo del líquido a esta segunda ciudad en importancia de la isla, se realiza una vez por semana. ”Uno depende del agua que logra almacenar”, dijo.

Las 240 presas que forman la red nacional acumulaban a comienzos de mes unos 450 millones de metros cúbicos de agua, alrededor de 50 por ciento de su capacidad, reveló Aspiolea. La mayoría de esos embalses surten a las poblaciones aledañas.

Estudios del Instituto de Meteorología indican que la temporada de lluvias, que se extenderá hasta octubre, no tendrá la intensidad suficiente como para llenar las presas.

Se anuncia, además, una intensa temporada ciclónica en junio que, de confirmarse, traería consigo la probabilidad de inundaciones, penetraciones del mar en tierra firme y lluvias torrenciales, beneficiosas para los embalses, pero de poco provecho para los suelos. (FIN/IPS/da/dm/en/02

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