SRI LANKA: Economía devastada por la guerra civil

Unos 100 trabajadores de la mayor fábrica de la región septentrional de Sri Lanka cobran su salario sin trabajar desde hace más de 10 años, como subsidio del gobierno mientras la guerra civil impide la producción.

Los actuales empleados de la fábrica de cemento KKS se limitan a firmar un registro de asistencia un par de veces por semana, en una oficina de la ciudad septentrional de Jaffna, capital de la provincia del mismo nombre. Años atrás, la fábrica era la fuente de subsistencia de más de 3.000 trabajadores y sus familias.

KKS, ubicada cerca de una base militar, cesó su actividad en junio de 1990, al igual que docenas de grandes fábricas de soda cáustica, vidrio, aluminio y hielo de la región debido a la escalada del conflicto entre el gobierno y los insurgentes Tigres por la Liberación de la Patria Tamil.

Todas las pequeñas y medianas industrias de la región se han visto afectadas por la guerra civil.

Los Tigres atacaron en la noche del lunes el aeropuerto de Colombo y la cercana base Katunayake de la Fuerza Aérea, en el 18 aniversario de una masacre de integrantes de la minoritaria etnia tamil en 1983, que marcó el comienzo de su lucha por la independencia de las regiones septentrional y oriental del país.

Por lo menos nueve guerrilleros murieron durante el ataque, que causó daños a por lo menos ocho aviones militares y cinco civiles, según las autoridades.

Los tamiles son casi 18 por ciento de la población, y los Tigres alegan que sufren discriminación por parte de la mayoría cingalesa, que es 75 por ciento de la población.

Jaffna, controlada en parte por los insurgentes, realizaba un importante aporte al producto interno bruto (PIB) del país antes de que comenzara la guerra civil, y llegó a producir 40 por ciento del pescado consumido en la región meridional, así como arroz, verduras y frutos.

En la actualidad, la economía de la provincia y la de la región oriental sufren una grave crisis, y casi no son tomadas en cuenta por las autoridades al calcular el PIB.

«La vida es dura y todo es muy caro», comentó una joven que compraba pescado en un mercado.

Las autoridades exigen documentos de identidad y pases otorgados por el Ejército y la Marina de Guerra a quienes se desplazan entre distintas áreas de la ciudad o viajan a la región meridional, donde está la capital, y eso complica las actividades de los comerciantes.

Es preciso realizar trámites durante horas para introducir a la ciudad bienes provenientes de Colombo, y pagar por ellos altos impuestos que encarecen el precio de venta al público.

«Es como si Colombo estuviera en otro país», dijo a IPS Kandiah Kularatnam, presidente de la Cámara de Comercio de Jaffna.

En los últimos meses, diplomáticos de Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña, entre otros, han visitado Jaffna para evaluar la situación, y autoridades de la Cámara de Comercio les pidieron que intercedieran ante el gobierno nacional para que alivie las restricciones a su actividad.

También solicitaron apoyo a su pedido de que se abra el acceso a la ciudad desde la región meridional por carretera, interrumpido por razones de seguridad.

Cada mes llegan a la ciudad unos cuatro barcos provenientes de la región meridional con cargas de alimentos y otros bienes, pero la frecuencia de los arribos varía, y los períodos de exceso de oferta alternan con otros de escasez y carestía.

Los pescadores son los más afectados por el conflicto, ya que se les permite trabajar pocas horas por día, en pequeños botes que sólo pueden alejarse de la costa unos cinco kilómetros.

Antes del conflicto, unos 1.800 pescadores lograban 500 o 600 kilogramos de pesca por persona y por día. En la actualidad hay unos 1.200 pescadores, y la pesca diaria por persona es cinco o seis kilogramos.

Cerca de 30 por ciento de los habitantes de la ciudad han emigrado y envían remesas a sus familias.

La obtención ilegal de visas y pasajes para viajar a Occidente cuesta unos 15.000 dólares por persona, y el destino preferido en la actualidad es Canadá.

Muchos jóvenes reciben préstamos de parientes para emigrar por esa vía, y en un año suelen ganar dinero suficiente para pagar su deuda.

«Pienso enviar a mis hijos a vivir con parientes en el extranjero, cuando terminen la escuela. No hay futuro aquí. Las únicas alternativas son sufrir sin un buen empleo o unirse a los Tigres», dijo a IPS un maestro. (FIN/IPS/tra-eng/fs/js/mp/if dv/01

Archivado en:

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe