(Arte y Cultura) ARTE-SUDAFRICA: La mirada de un surrealista

Imágenes de miseria urbana y de muerte, yuxtapuestas con otras de acogedores suburbios blancos de Johannesburgo, forman parte de la obra del artista sudafricano William Kentridge exhibida en el New Museum de Nueva York.

La muestra retrospectiva, integrada por 13 cortometrajes animados, más de 60 dibujos y tres vídeos de las producciones teatrales y óperas de Kentridge, fue inaugurada en junio y continuará hasta el 16 de setiembre.

Las obras serán llevadas luego al Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, donde permanecerán hasta enero. La gira incluirá el Museo de Arte Contemporáneo de Houston y el Museo de Arte del Condado de Los Angeles, para finalizar, en 2003, en la Galería Nacional Sudafricana de Ciudad del Cabo.

La obra de Kentridge se mueve entre lo político y lo personal, hurgando en la confusa y atribulada conciencia de prósperos sudafricanos de origen europeo, como él mismo.

Kentridge hace evidente la distorsión que el apartheid —el régimen supremacista blanco de segregación racial que gobernó Sudáfrica hasta 1994— provocó en la mentalidad de blancos y negros, haciendo de sus vidas una mezcla de preocupaciones personales y de catástrofes sociales y políticas.

Residente de toda la vida en Johannesburgo, el artista de 46 años logró reconocimiento nacional en los años 80 por los dibujos y cortometrajes que exhibió en varias ciudades sudafricanas.

Su fama creció en los años 90, cuando sus muestras se hicieron más frecuentes en su país y en el exterior. En 1997 despertó la atención de la crítica internacional al ser incluido en la exhibición Documenta X, realizada en Kassel, Alemania, y en las bienales de arte de Johannesburgo y La Habana.

«Si alguien sale de la exhibición confundido sobre lo que está pasando en Sudáfrica, eso es bueno. Sudáfrica fue una situación política emblemática entre 1980 y 1990. Una de las razones por las que ya no interesa es que las historias son mucho más complicadas. Los héroes y villanos se han fundido unos en otros», sostuvo.

«La estrategia de Kentridge es ambigua, irónica y elíptica. Sus películas siguen la mímica de los dibujos animados, las historietas y las novelas ilustradas. Pero dentro de esos límites modestos, maneja la urgencia de su propio dilema histórico, renunciando al papel de portavoz o polemista», escribió el crítico Glen McNatt, del Baltimore Sun.

En los años 60, Kentridge vio los horrores del apartheid de un modo poco frecuente para los niños blancos de su país.

Sus padres, descendientes de inmigrantes judíos de Lituania, eran abogados. Su padre representó a las familias de 67 manifestantes contra el apartheid muertos en la masacre de Sharpeville, en 1960. En el despacho de Kentridge padre, el pequeño de seis años vio las fotos de los cuerpos mutilados.

El artista comenzó a dibujar y a filmar ya de adulto. Antes se graduó en política y estudios africanos en la Unviersidad de Witwatersrand, en 1976, el mismo año en que la policía mató a 600 estudiantes en el suburbio negro de Soweto.

La pieza central de la retrospectiva es la serie de cortometrajes animados que incluye «Johannesburgo, segunda gran ciudad después de París» (1989) y «Weighing… and Wanting» (1997).

Sus cortos van de tres a ocho minutos y se basan en sus propios dibujos a carbonilla, algunos de ellos coloreados de rojo o azul.

Esta serie describe la vida en Johannesburgo del magnate de bienes raíces Soho Eckstein y del artista sentimental Felix Teitelbaum, quien fantasea y finalmente tiene un romance con la esposa de Eckstein.

Este parece personificar al empresario sin sentimientos. Se lo ve proponiendo alimentar a los pobres, y luego comiéndose solo el festín y arrojando algunos restos a los trabajadores negros.

También se lo ve planificando el desarrollo de la ciudad, pero todo lo que hace es erigir una gigantesca estatua de sí mismo.

Pero cuando su esposa huye con Felix, Eckstein queda perturbado. Su imperio se derrumba y él permanece solo en un paisaje desolado bajo las palabras «su ausencia llena el mundo».

Cuando le pide a la esposa que regrese y ella accede, se tienden juntos en el suelo y reconstruyen la felicidad perdida, mientras una multitud de furiosos manifestantes los rodea: otro cruce de lo personal y lo político.

Las producciones teatrales de la retrospectiva son «Fausto en Africa» (1995), basada en el drama de Fausto, de Johann Wolfgang von Goethe, «Il Ritorno d'Ulise» (El regreso de Ulises, 1998), una adaptación de la ópera de Claudio Monteverdi sobre la Odisea, y «Ubu y la Comisión de la Verdad» (1997), basada en la pieza satírica de Alfred Jarry «Ubu Rey».

En ellas, Kentridge envuelve la compleja historia de Sudáfrica en los relatos europeos de la Odisea, Fausto y Ubu.

Ulises despierta en la cama de un hospital de Johannesburgo, perseguido por la memoria y la confusión tras una vida de supuesto heroísmo.

Fausto, como el de Goethe, vende su alma al diablo, y se involucra en el tipo de actividades de los blancos en Africa: mata sin compasión animales en un safari, encuentra oro con sólo perforar el suelo con una cuchara y se traga una ciudad industrial servida en bandeja.

En la historia de Ubu Rey, Kentridge incluye testimonios recogidos por la Comisión Sudafricana de la Verdad y la Reconciliación, un comité gubernamental responsable de investigar los crímenes del apartheid.

La última muestra del artista en Nueva York fue en 1999 en el Museo de Arte Moderno, cuando se exhibió su cortometraje «Stereoscope». (FIN/IPS/tra-en/lb/aa/dc-ff/cr/01

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