Profesores de enseñanza media de América Latina observaban con resignación las dificultades de sus alumnos para comprender textos y expresarse por escrito. Pero desde este año, una nueva generación de especialistas en Argentina, Chile y Colombia está capacitada para lidiar con estos problemas.
Concluye sus estudios este año la primera promoción de especialistas en procesos de lectura y escritura, un posgrado creado con el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) que se dicta en las universidades de Buenos Aires, del Valle (Colombia) y de Valparaíso (Chile).
Las estrategias para una buena lectura y escritura contribuyen a que los estudiantes aprendan a pensar, lo que a su vez les garantiza un mejor rendimiento académico, sostuvo la directora de la cátedra Unesco, Maria Cristina Martínez, quien también es directora de la maestría en la Universidad del Valle de Colombia.
Martínez participó en un coloquio de la cátedra Unesco que reunió en noviembre en Buenos Aires a los responsables de las carreras de las tres universidades, a docentes e investigadores en literatura y linguística, y a los estudiantes a punto de egresar.
No se trata de alfabetizar ni tampoco de enseñar a escribir ficción. El proyecto consiste en no esperar que los estudiantes se inspiren para escribir ensayos o monografías, y enseñarles cómo hacerlas, una idea que parece obvia, pero no lo es.
En Argentina, se tenía la idea de que estimular la lectura era suficiente para que los estudiantes comprendieran el significado de los textos e incorporaran naturalmente modelos de escritura y una buena ortografía.
Así, la redacción escolar permite frecuentemente asistir a dos fenómenos: el alumno recibe un título-tema -sin ninguna pauta- y comienza a mordisquear su lápiz a la espera de inspiración. El otro es el del plagio, típico de la escuela secundaria cuando los profesores piden a los alumnos una monografía.
Una evaluación realizada por el Ministerio de Educación de Argentina indica que 77 por ciento de los alumnos que egresan de la educación secundaria tienen dificultades para comprender los textos y no saben argumentar, dos habilidades que se adquieren con la enseñanza de la lectura y la escritura, según expertos.
En los países de lengua anglosajona hay una larga tradición en la didáctica de la escritura, es decir en la forma de enseñar a escribir. Incluso existe una diferenciación clara entre la escritura creativa («creative writing») y la que se utiliza para comunicar las propias ideas («expository writing»).
Así lo explica la psicolingüista Maria Teresa Serafini en su libro «Cómo redactar un tema», que es parte de la bibliografía de los cursos de especialización auspiciados por la Unesco. La autora considera que, a diferencia de lo que ocurre con el inglés, en español no hay una didáctica suficientemente desarrollada.
Esta dificultad se expresa en la frase de impotencia de numerosos jóvenes que, ante el pedido de los profesores para que redacten un ensayo o realicen una investigación, preguntan: «¿Y qué pongo?», dijo a IPS la profesora de literatura Liliana Martínez.
«No les enseñamos a planificar un borrador de lo que van a escribir ni a construir una hipótesis», comentó Martínez. «Les hacemos creer que la escritura es un trabajo de una sola etapa, que sólo es para dotados, y aprobamos muchas veces trabajos que sabemos que fueron copiados de libros, sin procesar».
Justamente, parte del equívoco está relacionado con que los profesores de literatura son los encargados de enseñar a escribir, pero una cosa es escribir ficción y otra muy distinta es adquirir una técnica para expresar las ideas por escrito con corrección, independientemente del talento creativo, puntualizó.
La directora del posgrado de especialización en Argentina, Elvira Narvaja, dijo a IPS que los egresados están capacitados para asesorar a las escuelas en el diseño de programas que atraviesen los distintos niveles de enseñanza, a fin de dar coherencia al proyecto.
También están capacitados para preparar textos didácticos, coordinar la tarea de los profesores y llevar adelante talleres de escritura y lectura, entendiendo estas dos actividades como parte de un mismo proceso de composición y descomposición de textos.
Los especialistas pueden conducir talleres a nivel terciario y universitario, a fin de respaldar la producción de textos escritos y al mismo tiempo contribuir a que los estudiantes más avanzados sean capaces de reflexionar sobre lo que escribirán, alejarse de los estereotipos, justificar y refutar argumentos.
La lingüista Berta Zamudio, directora del taller de lectura y escritura de la cátedra de Semiología de la Universidad de Buenos Aires, sostuvo durante el coloquio que los alumnos que reflexionan sobre lo que van a escribir, incluso antes de investigar, llegan a argumentaciones de mayor calidad. (FIN/IPS/mv/ag/ed/00