Grandes empresas pagan en Estados Unidos la mayor parte del costo de 70 millones de dólares de la convención nacional del Partido Republicano, que comenzó el lunes en Filadelfia, y seguramente lo mismo sucederá con la convención del Partido Demócrata, dentro de dos semanas en Los Angeles.
"El que paga al flautista tiene derecho a escoger la melodía", dice el viejo refrán estadounidense, y algunos temen que se aplique en las elecciones de noviembre.
Pero los patrocinadores aseguran que no reclamarán su derecho a escoger la melodía y que sólo cumplen un deber cívico.
Otros, especialmente los partidarios del candidato presidencial del Partido Verde, Ralph Nader, sostienen que el apoyo de las empresas a las convenciones, así como a las campañas electorales, revela cómo los intereses económicos controlan el proceso político.
"Las convenciones nacionales solían ser un componente esencial de la democracia estadounidense, pero ahora sólo son otro medio utlizado por las empresas para corromper nuestra vida política", escribió David Enrich en la edición de esta semana de la revista The Nation.
Las convenciones de los dos principales partidos, el gobernante Demócrata y el opositor Republicano, costarán un total de 120 millones de dólares, el mismo monto que las inversiones extranjeras en Ghana y Zimbabwe en 1998.
El gobierno federal contribuye con 13,5 millones de dólares al costo de cada convención y los gobiernos locales una cantidad algo menor.
Existen por ley las "comisiones anfitrionas" en las ciudades donde se realizan las convenciones, que se dedican a obtener tanto dinero como puedan de las empresas y personas interesadas en colaborar con el partido.
Importantes conferencias internacionales, incluso, fueron patrocinadas por grandes empresas. Por ejemplo, cerca de un tercio del costo de la celebración el año pasado en Washington del 50 aniversario de la Organización del Tratado del Atlántico Norte fue financiado por empresarios.
Muchos meses después, la reunión de la Organización Mundial del Comercio realizada en Seattle fue costeada por grandes compañías, todas ellas dependientes del comercio.
En el ámbito político, las grandes empresas dan dinero a los dos principales partidos, aunque los candidatos republicanos son los más favorecidos.
Para las convenciones de los dos partidos mayoritarios, AT&T, General Motors y Microsoft Corporation contribuyeron cada una con un millón de dólares en dinero y en servicios.
Otros actores de la industria, como Bell Atlantic, British Petroleum-Amoco, Motorola, United Parcel Service, Hewlett-Packard, Lockheed Martin y Boeing, donan también millones de dólares a republicanos y demócratas.
Pero, en teoría, las cosas no deberían ser de ese modo. El Congreso comenzó a destinar recursos a las convenciones políticas en 1974, después de que el presidente Richard Nixon fuera obligado a renunciar por el escándalo Watergate.
La decisión del Congreso se debió precisamente a informes sobre una contribución de 400.000 dólares de ITT Corporation a la convención republicana de 1972, aparentemente destinada a "estimular" al Departamento de Justicia a resolver un caso antimonopolio de manera favorable para esa empresa.
Actualmente, los donantes no son tan directos, según los analistas. "A cambio de sus contribuciones, (los donantes) esperan un mayor acceso al mercado, pero no una retribución directa", observó Shelia Krumholz, del Centro para la Política Responsable, una organización independiente de Washington.
Una retribución directa a las empresas donantes "sería pasible de demanda judicial", dijo Krumholz.
Por otra parte, no es coincidencia que la mayoría de los grandes contribuyentes de los partidos sean empresas de telecomunicaciones, finanzas y defensa, que están sometidas a una estricta regulación gubernamental.
Microsoft ha apelado una sentencia antimonopolio, AT&T espera que el gobierno no se oponga a su fusión con Media One, y General Motors está bajo constante amenaza, debido a normas locales y nacionales sobre limpieza ambiental.
Sin embargo, la mayoría de los portavoces de las multinacionales insisten en que el objetivo de sus aportes es únicamente la publicidad o el altruismo.
Un portavoz de Lockheed Martin, uno de los principales contratistas del programa de defensa nacional de misiles que consideran el presidente Bill Clinton y el Congreso, declaró al diario The Washington Post que su aporte de 100.000 dólares a cada convención forma "parte del buen gobierno y del apoyo al proceso democrático".
Además de los aportes directos a las convenciones, muchas empresas organizan fiestas para los delegados a esas asambleas, muchos de los cuales son miembros del Congreso o de legislaturas estaduales. En esas reuniones sociales, los emoresarios "se codean con planificadores de políticas que podrían favorecerlos tarde o temprano".
Toda esta aparente generosidad de las compañías fomenta la acusación, reformulada este año por Nader, del Partido Verde, de que los partidos políticos están prácticamente en el bolsillo de las compañías multinacionales.
"La única diferencia entre (el candidato republicano George W.) Bush y (el vicepresidente y candidato demócrata Al) Gore es la velocidad con que se arrodillan cuando las grandes empresas golpean a sus puertas", declaró Nader.
Así mismo, la masiva financiación de las convenciones y de las campañas presidenciales por las empresas distancia a los ciudadanos comunes del proceso, observó Larry Makinson, del Centro para la Política Responsable.
"Como resultado, la política se está volviendo más un deporte de espectadores que de participantes", señaló Makinson. (FIN/IPS/tra-en/jl/ab/da/rp-mlm/ff/ip/00


