COREA DEL SUR: Aumenta resentimiento contra bases de EEUU

La presencia de 37.000 militares estadounidenses en Corea del Sur, donde esos soldados son responsables de una larga lista de desmanes, crea creciente resentimiento en la población local.

Seúl cuenta con fuerte apoyo militar de Washington desde el armisticio de 1953, que consolidó la división de la península coreana en dos países, y los asuntos legales vinculados con las tropas de Estados Unidos en Corea del Sur son regulados desde 1965 por el Acuerdo sobre el Estado de las Fuerzas (SOFA).

Desde la firma de ese acuerdo, cuya última revisión se realizó en 1991, los sudcoreanos tienen escaso poder de decisión en lo vinculado con la conducta de las tropas estadounidenses, y la frustración popular aumenta con cada incidente en el cual la justicia no puede intervenir contra los soldados.

Hace siete meses, un automóvil conducido por un militar de Estados Unidos atropelló a Kim Sung-Chull, un estudiante de ingeniería de 28 años de edad, quien se encuentra desde entonces en un hospital, en estado vegetativo.

El joven sufrió graves heridas, y según los médicos es probable que nunca se recupere por completo. Existe la posibilidad que recupere alguna de sus facultades mediante una costosa operación que su familia no está en condiciones de pagar.

El conductor del vehículo que atropelló a Kim no fue llevado a juicio ni se le exigió que pagara por lo menos parte de los cuidados médicos a la víctima, que ya suman 28.000 dólares.

"No hay un procedimiento establecido ni reglas claras para que la justicia sudcoreana maneje demandas contra soldados estadounidenses", dijo Dong Kyong-Jae, un funcionario de policía de la comisaría de Euijongbu, en cuya jurisdicción se produjo el incidente.

En el caso de Kim, "las autoridades estadounidenses se presentaron en el lugar del accidente, se llevaron al responsable y después nos comunicaron en una nota que todo se debió a que el conductor se había dormido. No hubo nada que pudiéramos hacer", apuntó.

A principios de este mes, funcionarios de Seúl y Washington llevaron a cabo una ronda de conversaciones durante dos días, en la cual Estados Unidos accedió a entregar a las autoridades sudcoreanas a los estadounidenses que cometan delitos en este país, cuando se presenten cargos contra ellos.

Los funcionarios también acordaron realizar nuevas negociaciones acerca de procedimientos legales para llevar a soldados estadounidenses ante la justicia sudcoreana.

Los negociadores sudcoreanos dijeron que el resultado de las conversaciones fue "constructivo y provechoso", pero muchos piensan que no estuvo a la altura de las expectativas previas.

Activistas humanitarios sudcoreanos señalaron que el SOFA establece procedimientos muy benignos para los soldados estadounidenses que cometen delitos o infracciones en perjuicio de la población local.

Por ejemplo, permite que soldados estadounidenses acusados de actos criminales permanezcan bajo custodia de la policía militar de su país hasta que todas las apelaciones ante el sistema judicial sudcoreano se hayan agotado.

Los críticos dicen que ya no basta con mantener discusiones en el marco del SOFA sobre el modo de actuar ante desmanes de los militares estadounidenses, y que los efectos negativos de la presencia militar de Washington son mucho más importantes que su misión de defender al país de una eventual agresión de Corea del Norte.

La creciente distensión entre Seúl y Pyongyang, que apunta a una posible reunificación, refuerza las críticas a esa presencia militar, que se estableció en el marco de la llamada Guerra Fría.

"Corea del Sur paga un alto precio en tierras, instalaciones y costos por mantener en su territorio fuerzas estadounidenses, a cambio de una seguridad cuyo significado se diluye cada vez más", dijo Kim Jong-Sup, de la organización no gubernamental Verdes Unidos de Corea.

"La vieja generación de sudcoreanos consideró que las fuerzas estadounidenses eran un elemento de disuasión necesario contra Corea del Norte", apuntó Lee Jang-Hee, profesor de lenguas extranjeras en la sudcoreana Universidad Hankook.

"Los jóvenes sudcoreanos dudan cada vez más de que eso sea necesario, y el discriminatorio SOFA aumenta la irritación local contra las tropas extranjeras", añadió.

Los activistas señalaron que casos que afectan a individuos, como el de Kim, son sólo parte de los perjuicios causados por la presencia militar estadounidense, e indicaron que la existencia de una base militar en los suburbios de Seúl exigió costosos rodeos en el recorrido de carreteras y trenes subterráneos.

En 1989, Seúl y Washington acordaron reubicar la base, pero ese acuerdo no se implementó porque Estados Unidos pidió 5,58 millones de dólares por trasladar sus instalaciones, recordó el profesor Joe Myong-Rae, de la Universidad Dangook, quien agregó que Corea del Sur sólo podía pagar unos 705.500 dólares.

También hubo demandas para clausurar un polígono de bombardeo estadounidense en la provincia de Kyonggi, donde las protestas aumentaron la semana pasada porque se descubrió que los militares habían arrojado sustancias tóxicas sin procesar en desagües de la ciudad que desembocan en el río Han, la principal fuente de agua potable de Seúl.

Unos 1.500 trabajadores y estudiantes se manifestaron para protestar contra el Octavo Ejército estadounidense por contaminar el río con 228 litros de formaldehído, una sustancia empleada para evitar la descomposición de cadáveres.

Militares estadounidenses admitieron su responsabilidad en ese hecho y el general Daniel Petrosky, comandante de las fuerzas de Estados Unidos en Corea del Sur, pidió disculpas a las autoridades locales, pero muchos activistas piden que el presidente estadounidense, Bill Clinton, presente excusas.

Los negociadores sudcoreanos en las conversaciones de la semana pasada presentaron propuestas relacionadas con la reparación y prevención de daños al ambiente, pero no se llegó a un acuerdo en la materia y la discusión ..continuará en la próxima ronda de discusiones.

"Si se planteara un problema similar en Alemania, sin duda el gobierno alemán presentaría una cuenta de costos de limpieza a partir de sus propios cálculos, y exigiría que Estados Unidos pagara de inmediato", comentó Choi Seung- Hwan, profesor de derecho de la Universidad Kyonghee.

El gobierno sudcoreano está preocupado por la creciente hostilidad hacia Estados Unidos.

"Podemos criticar la política de Washington, pero tener sentimientos antiestadounidenses es contrario a los intereses nacionales", afirmó el presidente sudcoreano, Kim Dae-Jung.

"Debemos recordar que Estados Unidos aún es el principal aliado de Corea del Sur entre las potencias económicas del mundo, y que la cooperación entre los dos países debe continuar", afirmó.

"No hay duda que la presencia estadounidense (en Corea del Sur) es un imperativo, no sólo para el equilibrio de poderes en Asia nororiental sino también para la estabilidad de la península coreana", agregó.

Mientras tanto, los familiares de Kim Sung-Chull velan junto a su lecho de hospital. "Mi hijo fue la única esperanza para la familia. Trabajé toda mi vida como obrero de la construcción para poder mandarlo a una universidad decente", dijo el padre de la víctima.

"Recen para no ser atropellados por automóviles de soldados estadounidenses. Todos en Corea del Sur saben que casi ninguno de ellos tiene seguro contra terceros", aconsejó a los sudcoreanos el abogado Lee Jang-Hee. (FIN/IPS/tra-eng/amy/ccb/js/ego/mp/ip hd/00).

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