BRASIL: Comienza nuevo censo para descubrir el país

Brasil inició hoy su censo decenal de población, con más preguntas que los anteriores, para hacer un retrato más detallado del país, y con datos más precisos sobre minorías o sectores vulnerables, como las mujeres, niños, negros y discapacitados.

Este censo, con un costo estimado de 500 millones de reales (278 millones de dólares), será "el mayor y mejor" de los realizados en el país desde 1872, vaticinó el presidente del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Sergio Besserman.

La cantidad actual de habitantes de Brasil se conocerá en diciembre y será la primera vez que ese resultado se difunda en el mismo año del empadronamiento, mientras que los datos de rubros específicos, como religiones, deberán estar listos en enero del 2001.

El censo de población anterior se realizó en 1991 y sus resultados finales se anunciaron sólo en 1997.

Los nuevos recursos tecnológicos permiten acelerar el procesamiento de los datos que comenzaron a ser recolectados este martes, destacó el presidente Fernando Henrique Cardoso, al inaugurar formalmente el Censo 2000 respondiendo en Brasilia al cuestionario respectivo.

Los 190.000 empadronadores visitarán 42 millones de domicilios en que viven unas 167 millones de personas, según estimación previa del IBGE, a partir de las encuestas anuales que hace por muestreo en una cantidad limitada de residencias.

En 4,5 millones de domicilios se aplicará un cuestionario completo, en que se detalla, por ejemplo, la escolaridad y eventuales discapacidades de los miembros de la familia, con especificaciones sin precedentes.

Por primera vez se trata de conocer la cantidad de brasileños con incapacidad total o dificultades permanentes graves y menores de visión, de escucha y movimientos, además de la extensión de la parálisis en los casos de deficiencia física.

En la cuestión escolar, además de medir el analfabetismo y grados de estudio de los brasileños, también se busca conocer la cantidad de niños que frecuentan guarderías y enseñanza preescolar, en la red de instituciones públicas y privadas.

Con la restauración del sistema democrático, tras el fin de la dictadura militar que tuvo vigencia entre 1964 y 1985, una amplia discusión trató de incluir en los censos de población dimensiones antes poco o nada consideradas, como cuestiones de género y étnicas.

Antes del censo poblacional de 1991, que se hizo con un año de atraso, una campaña de divulgación promovida por organizaciones no gubernamentales estimuló a la población, en especial a la de origen africana, a precisar su condición étnica.

En las estadísticas oficiales brasileñas, esa cuestión es tratada en una pregunta sobre el "color o raza". El censo actual mantiene las cuatro opciones tradicionales, blanca, negra, amarilla y parda, agregándose ahora la indígena.

La calificación "parda", ambigua para indicar los mestizos con alguna sangre negra, ocultaría distorsiones y prejuicios, con muchos negros incluyéndose en ese grupo.

Así, en el censo de población de 1991 sólo 4,9 por ciento de los consultados dijo ser de color negro y 39,3 por ciento se ubicó en el grupo "pardo".

"Ese es un debate no resuelto", reconoció Jocimar Araujo, sociólogo y asesor de la Oficina Nacional Zumbi dos Palmares, una organización del movimiento negro con sede en Brasilia que concentra sus esfuerzos en el combate al racismo, y que por eso congrega varios abogados.

No se obtuvo una nueva y mejor fórmula para precisar la condición étnica de los descendientes de africanos, en un país de elevado mestizaje.

En una encuesta por muestreo realizada en 1976 se lo intentó dejando la pregunta abierta para que los entrevistados identificaran su color, pero se contabilizaron 135 respuestas distintas, recordó Araujo.

El sociólogo señaló que el movimiento negro reclama que el gobierno reconozca la condición de afrodescendientes de 44 por ciento de la población brasileña, que equivale a la suma de "negros" y "pardos" en los censos poblaciones.

En consecuencia, se debería diseñar políticas públicas considerando esa inmensa parcela de brasileños, estimada en más de 73 millones de personas, históricamente marginadas y vulnerables.

Varios indicadores sociales del país señalan la mayor presencia de esa población de ascendencia negra coincidiendo con las áreas de peores condiciones de ingreso, salud, empleo, educación y vivienda, observó Araujo.

El Programa Nacional de Desarrollo Socioeconómico Integrado, anunciado por el presidente Cardoso el viernes para beneficiar los 14 estados brasileños con menor índice de desarrollo humano, refleja esa coincidencia, pero el gobierno no reconoce esa relación que permitiría definir acciones más efectivas, agregó.

También el movimiento femenino trata desde los años 80 de que se mejoren las estadísticas nacionales para detallar con más precisión las distintas condiciones de las mujeres, con el fin de orientar las políticas públicas al respecto.

El ministro de Planificación, Martus Tavares, en coincidencia con Cardoso, hizo un llamado a la población para que reciban bien a los empadronadores y respondan con precisión al cuestionario.

Los datos son necesarios para "planificar y definir las inversiones públicas", así como para orientar el sector privado a generar más empleo e ingresos, destacó Tavares. (FIN/IPS/mo/dm/pr/00

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