ISRAEL-PALESTINA: Clinton se lanza a fondo tras acuerdo final

El presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, reunirá la semana próxima al primer ministro israelí Ehud Barak y al líder palestino Yasser Arafat en Camp David, para intentar un histórico acuerdo como el que Egipto e Israel alcanzaron hace 22 años en el mismo lugar.

"Tras largas discusiones con los dos líderes, he concluido que ese es el mejor camino para avanzar", dijo Clinton, quien hace un mes había asegurado que "se vislumbraba" el tratado de paz entre israelíes y palestinos.

"Los negociadores han llegado a un punto muerto" y todo depende ahora de "decisiones históricas que sólo los dos líderes pueden tomar", señaló el presidente estadounidense, quien participará de la reunión en Camp David "para hacer todo lo posible" en ayuda de "este esfuerzo".

Clinton lanzó el anuncio después de las consultas realizadas la semana pasada en Medio Oriente por la secretaria de Estado (canciller) Madeleine Albright con Arafat y Barak.

Periodistas que acompañaron a Albright advirtieron que la secretaria de Estado regresó a Washington convencida de que no habrá progresos importantes en las negociaciones palestino- israelíes sin la participación directa de Estados Unidos.

La elección de Camp David como sede de las conversaciones previstas evidencia la determinación del gobierno estadounidense de buscar un resultado satisfactorio.

Se trata de una residencia presidencial de descanso en el área rural del oeste del estado de Maryland. Allí se celebró en 1978 la histórica entrevista del presidente egipcio Anwar Sadat y el primer ministro israelí Menahem Begin.

Ese acontecimiento, que fue organizado por el entonces presidente estadounidense Jimmy Carter, dio por resultado el primer tratado de paz entre Israel y un país árabe, Egipto, el mayor y más fuerte de sus enemigos.

Una reunión entre Clinton, Barak y Arafat, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), es considerada el único modo de desbrozar el camino hacia la paz abierto siete años atrás en Oslo.

"Luego de años de avances intermitentes, es tiempo de que los líderes israelíes y palestinos asuman compromisos difíciles que ellos consideren necesarios para alcanzar una paz viable y duradera en Medio Oriente", dijo Debra Lee, presidenta de Estadounidentes por Paz Ahora, grupo de mayoría judía.

Las negociaciones se han desviado mucho del cronograma concertado por los dos líderes en septiembre, en el Memorándum de Sharm el Sheikh, que fijaba el 13 de septiembre próximo como plazo final para completar un acuerdo final de paz.

Ese acuerdo debe incluir cuestiones difíciles como la condición de Jerusalén, ciudad reivindicada por ambas partes como capital, las fronteras definitivas, la situación de las colonias judías dentro de territorio palestino y los derechos de los exiliados palestinos de retornar a su patria.

Los palestinos dijeron a Albright que la celebración de una cumbre era prematura porque Israel no cumplió hasta ahora con los pasos intermedios requeridos en los acuerdos previos, en particular una tercera retirada de tropas de Cisjordania.

Ese repliegue aumentaría los territorios bajo control palestino de 43 por ciento de Cisjordania a bastante más de la mitad.

Para presionar a favor de su posición, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) resolvió el lunes declarar de manera unilateral la independencia de un estado palestino a mediados de septiembre, se alcance o no un acuerdo definitivo de paz con Israel para ese entonces.

Con esa advertencia en la mano, Arafat se mostró de acuerdo en concurrir a Camp David con la aspiración a que la reunión fuera la primera de una serie de cumbres con Barak y Clinton antes del 13 de septiembre, dijeron funcionarios estadounidenses.

Las diferencias entre las dos partes siguen siendo grandes. Barak sugiere que se preparó para entregar a Palestina hasta 92 por ciento de Cisjordania, mucho más de lo que cualquier gobierno israelí haya ofrecido, pero aún menos de lo que demanda la ANP.

Israel también está dispuesto a reconocer el derecho al retorno de los refugiados palestinos en otros países. De todas maneras, en la práctica, pocos regresarían.

Jerusalén es otra gran diferencia. Arafat y Barak sufren al respecto la presión dentro de su propio bando, recordó Thomas Friedman, experto en cuestiones de Medio Oriente del diario The New York Times.

Barak se resiste a ser considerado el gobernante que volvió a dividir la ciudad, unificada bajo control israelí tras la guerra de 1967, y Arafat no puede renunciar al reclamo de establecer la capital palestina, aunque se restrinja a la zona de mayoría árabe, sostuvo Friedman.

"Todos saben la solución. Que los palestinos también tengan una capital en Jerusalén, radicada fuera de los actuales límites municipales de (el suburbio árabe de) Abu Dis, y se les dé autoridad sobre los barrios árabes de Jerusalén oriental", explicó el experto.

"Mientras, los israelíes conservarían su autoridad sobre las áreas judías, que serían parte de Israel", agregó.

Al parecer, Washington impulsaría un compromiso así. También introduciría otras sugerencias, entre ellas dar a Palestina soberanía sobre el valle del Jordán, acompañada por mecanismos de control de seguridad isrealí de largo plazo supervisados por una fuerza internacional de observadores.

Además, Clinton trataría de obligar a Israel a transferir más territorios al futuro estado palestino para compensar el mantenimiento de asentamientos judíos en Cisjordania.

Clinton aclaró que los resultados de la negociación deben apreciarse en la cumbre de la semana próxima.

"Ninguna de las dos partes puede alcanzar 100 por ciento de sus objetivos, pues la solución óptima para unos es, por definición, inaceptable para los otros. Pero las negociaciones deben generar un resultado realista, equilibrado y justo y que cumpla los objetivos fundamentales de ambos", dijo Clinton.

Los problemas de Arafat y Barak no se limitan a las negociaciones bilaterales. Ambos afrontan una caída de popularidad entre sus respectivos pueblos.

La coalición de gobierno de Barak sufrió en las últimas semanas deserciones y amenazas. Además, las encuestas marcan una caída de su popularidad luego de la precipitada retirada israelí de Líbano.

La popularidad de Arafat también cae entre los palestinos, y el líder contestó a las críticas el mes pasado arrestando a dos de sus viceministros. Las manifestaciones de descontento son cotidianas en Ramallah y en otras localidades de Cisjordania. (FIN/IPS/tra-eng/jl/ff-mj/ip/00

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