La cumbre de esta semana entre los presidentes de Rusia y China, Vladimir Putin y Jiang Zemin, confirmó que ambos países, adversarios durante los años 60 y 70, tienen mucho en común en materia de política exterior.
Esta fue la primera visita de Putin a China desde que se transformó en presidente el pasado mayo. Este miércoles, el mandatario ruso partió desde Beijing hacia Corea del Norte.
Ambas partes destacaron que sus vínculos, afianzados en los últimos años por una "asociación estratégica" contra el unilateralismo en las relaciones internacionales, se han vuelto más firmes.
En una muestra de unidad, Jiang y Putin advirtieron a Estados Unidos en una declaración conjunta que si persiste en sus planes de crear un sistema de defensa antimisiles, podría desencadenar una nueva carrera nuclear.
"El plan para desarrollar un sistema nacional de defensa antimisiles procura ventajas unilaterales militares y de seguridad", dice la declaración, emitida el martes.
Esto tendría "resultados muy negativos, no solo para la seguridad nacional de China, Rusia y otros países, sino también para la propia seguridad y estabilidad estratégica internacional de Estados Unidos", agrega.
Ambos presidentes también se opusieron al plan de "ciertos países" de desplegar un sistema no estratégico de defensa antimisiles en la región de Asia y el Pacífico.
"La incorporación de Taiwan a cualquier sistema extranjero de defensa antimisiles es inaceptable y dañará gravemente la estabilidad en la región", previnieron.
El deseo de hacer un frente común ante Estados Unidos y sus aliados dispuso a Jiang y Putin a destacar la cumbre como un paso adelante en las relaciones chino-rusas, que han sido cordiales pero restringidas en los últimos años.
Jiang dijo que ambos países "entraron en una nueva etapa de desarrollo", y Putin señaló que la cumbre fortalecerá las relaciones bilaterales y "creará un mayor nivel de contacto".
Los presidentes volvieron a tratar temas abordados durante su primer encuentro en Tajikistán, a principios de mes, cuando asistieron a la cumbre de "Los cinco de Shangai", que incluyen también a Tajikistán, Kazajistán y Kirgizstán.
En aquella ocasión, ambas partes prometieron apoyarse en las cuestiones de Taiwan y Chechenia, y expresaron su oposición a la enmienda del tratado de misiles antibalísticos de 1972.
China procuró coordinar con Rusia y los otros miembros de Los cinco de Shangai la represión de grupos separatistas y extremistas.
El martes, ambos presidentes firmaron la declaración de Beijing para la cooperación en materia de relaciones internacionales y de combate al separatismo, el extremismo religioso y el crimen transfronterizo.
Sin embargo, aunque Beijing y Moscú se necesitan mutuamente para sus objetivos estratégicos, su cooperación económica permanece estancada.
El comercio bilateral sumó apenas 5.700 millones de dólares en 1999, muy por debajo de las predicciones rusas a mediados de los años 90, que lo situaban entre 10.000 y 20.000 millones para el año 2000.
De hecho, desde que Jiang y el ex presidente ruso Boris Yeltsin anunciaron en 1996 el establecimiento de su asociación estratégica, las exportaciones chinas a Rusia cayeron 18,5 por ciento a 1.500 millones de dólares, debido al colapso de la economía rusa.
En comparación, el flujo comercial entre China y Estados Unidos es gigantesco, con un superávit a favor de China de 50.000 millones de dólares.
Pese a la desconfianza mutua, en la era de la globalización, dominada por las fuerzas económicas, China está más vinculada a Estados Unidos de lo que jamás podrá esperar estarlo a Rusia.
Pero con el ascenso de Putin al poder, muchos analistas chinos creen que las relaciones entre Beijing y Moscú podrían cambiar para mejor.
Cuando Putin llegó a Beijing el lunes, la prensa china lo presentó como un líder fuerte, sabedor de qué es lo mejor para Rusia y deseoso de restaurar su alicaída postura internacional.
"Luego que Putin asumió la presidencia, la situación política de Rusia se estabilizó y la economía mejoró. Es joven y lleno de vigor. Un país tan grande precisa un líder muy capaz. Había mucho desorden", comentó el profesor Xia Yishan, del Instituto de Investigación sobre Asuntos Internacionales.
Fuera del ámbito de la política exterior, solo el área de la energía promete acercar a Beijing y Moscú.
Rusia considera el combustible y la energía como la esencia de su intercambio económico con China.
Por su parte, China está determinada a importar suficiente gas y petróleo en los próximos 25 años para reducir el uso de carbón de 75 a 50 por ciento.
Dos grandes proyectos económicos podrían incrementar la cooperación económica bilateral en el futuro.
Rusia está construyendo una central nuclear de 3.000 millones de dólares en Liangyungang, provincia de Jiangsu, y también oleoductos y gasoductos desde algunos de sus yacimientos para entregar combustible en puertos chinos, desde donde podrá exportarse a otros países de la región. (FIN/IPS/tra-en/ab/js/mlm/ip/00


