/BOLETIN-DD HH/ BRASIL: Artes circenses rescatan niños de la calle

Las escuelas de circo se revelaron en Brasil como uno de los mejores medios para integrar socialmente a niños y adolescentes en situación de riesgo, incluso a delincuentes.

Alex Souza dos Santos, que a los 18 años se considera "un artista", como eximio equilibrista, y se gana la vida participando en espectáculos teatrales donde exhibe sus habilidades circenses, es un claro ejemplo de esta actividad.

Pero admite que es también un sobreviviente y fue salvado por un "fuerte ángel guardián".

A los siete años dejó su familia en Itabuna, en el nororiental estado de Bahía, acompañando a una amiga prostituta en un paseo por un día que se transformó en un viaje que lo llevó hasta Río de Janeiro, 1.200 kilómetros al sur, donde creció en las calles y las playas.

En 1993 escapó de una masacre de repercusión internacional, cuando policías mataron a ocho niños y adolescentes que dormían alrededor de la Iglesia de Candelaria, en el centro de Río. Aunque formaba parte del grupo, en esos días pasaba las noches en una favela (barrio marginal) cercana al puerto.

Además de esos ocho, "muchos de mis otros amigos están muertos", lamentó. De los 72 "niños de la Candelaria", 48 ya fueron asesinados, según organizaciones que los asistían.

Los robos y la droga lo llevaron al borde de la muerte y estuvo internado en instituciones para menores infractores, pero tomó nuevo rumbo hace ocho años, cuando conoció el proyecto "Si esa calle fuese mía", creado por organizaciones no gubernamentales para atender a los niños de la calle de Río.

"Lloré por el hambre muchas veces, era un rebelde, pero mi vida cambió", resumió el joven, agradeciendo la ayuda que obtuvo.

En una vieja y amplia casa, los jóvenes atraídos al proyecto, en su gran mayoría negros, se inician en teatro, danza, música, informática. Pero la preferencia general es el circo.

"Es lo que encuentran más placentero, más atractivo, porque es la continuación de lo que hacen en las calles y playas, dar cabriolas, saltos mortales, hacer malabarismo", expresó Antonio César Marques, coordinador del proyecto.

De unos 90 niños y adolescentes que frecuentan la casa, dos tercios tratan de desarrollar técnicas circenses, como malabarismo, equilibrismo y acrobacia. Los que demuestran talento y vocación son encaminados a la Escuela Nacional de Circo, institución oficial que forma profesionales en cuatro años.

Souza dos Santos es uno de ellos. Especializado en hacer equilibrio sobre una tabla apoyada en un cilindro, saltando cuerdas y haciendo acrobacias, ya participó en un grupo teatral y actúa en fiestas, escuelas y actos variados con un colega.

De los iniciados en "Si esa calle fuese mía" hay seis actualmente en la Escuela Nacional, a los que se sumarán cuatro más en agosto, y cinco ya fueron contratados por grandes compañías circenses en Brasil y en el exterior, informó Marques.

El proyecto es un "centro de formación" de ciudadanos, definió Jo Ventura, uno de los educadores, lo que resulta en la práctica en encaminar a alguna profesión, no necesariamente circense. Aprender a convivir, cumplir reglas, reflexionar sobre sus vidas y la sociedad son actividades permanentes.

Los niños son estimulados a volver a la escuela, que la mayoría abandonó sin concluir la enseñanza primaria. "Buscamos que comprendan la necesidad de la enseñanza formal, aunque sea aburrida", señaló Ventura.

Así lo comprendió Souza dos Santos, quien ahora está satisfecho de saber "leer, escribir, conversar, hablar sin los errores de antes".

De los cerca de 1.300 jóvenes que ya pasaron por el proyecto, unos mil retornaron con sus familias o se encaminaron a la escuela o a trabajos socialmente útiles, y sólo unos 200 volvieron a la calle, según Marques.

"Fábrica de Sueños" es otra iniciativa que utiliza la enseñanza de artes circenses para promover ciudadanos, la escolaridad y la autoestima de niños y adolescentes pobres de los barrios marginales de Río de Janeiro, previniendo la delincuencia.

Fue creada por Telma Pereira Martins y su hijo Bruno, que llaman "hijos" a sus 400 alumnos de cinco a 23 años. La acogida en la "familia" tiene como exigencia la asistencia también a una escuela regular.

Una actividad importante son las clases de "refuerzo escolar" a los niños con dificultades en la enseñanza formal.

Los resultados son excelentes. El año pasado, 99 por ciento de ellos obtuvieron aprobación en la escuela formal y "este año esperamos cien por ciento", destacó Pereira Martins.

El proyecto comenzó hace siete años, con 29 "hijos". El patrocinio de la empresa petrolera estatal Petrobrás y la donación de una amplia área municipal, en un barrio portuario, permitieron construir instalaciones amplias aún incompletas y multiplicar el número de alumnos.

Con un público menos marginado y rebelde que el de "Si esa calle fuese mía", la "Fábrica de Sueños" ofrece capacitación efectiva para la profesionalización. Sus fundadores destacan que siete ex alumnos trabajan en circos de Europa, uno de los cuales también salió de la delincuencia en las calles.

Actualmente cuenta 26 jóvenes en fase preprofesional, que ganan una beca equivalente a 75 dólares "como estímulo, para que sigan perfeccionando su talento", orientados por profesores calificados que el patrocinio permitió contratar.

Experiencias similares se multiplicaron por Brasil desde los años 80, para abrir horizontes a los niños pobres, atraerlos y mantenerlos en la escuela formal.

En Belém, capital del estado de Pará, la alcaldía utiliza el circo para sacar niños de los basurales donde sus familias reciclan desechos como alimento o para la venta. (FIN/IPS/mo/ag/dv/00

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