Los medios de comunicación, en especial la televisión, son para el público de Argentina el arma más expedita contra la corrupción, mientras la justicia es una de las instituciones con peor imagen y continúa perdiendo prestigio.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reveló en su último informe anual que, en general, los latinoamericanos no se caracterizan por confiar en la justicia, pero Argentina encabeza el ranking del descrédito entre 19 países, seguida por Perú y luego México y Bolivia. El país mejor ubicado es Uruguay.
De acuerdo con la encuesta del Centro de Estudios Nueva Mayoría en Argentina, apenas nueve por ciento de los consultados tiene una "imagen positiva" del Poder Judicial, igual aprobación que los sindicatos, cuya credibilidad sufrió un fuerte deterioro en la última década.
En el otro extremo de la encuesta figuran la Iglesia Católica — con 56 por ciento de imagen positiva— y los medios de comunicación, con 51 por ciento. El sondeo demuestra que, aun cuando algunos medios son acusados de "sensacionalismo", el público confía más en ellos que en instituciones del Estado.
La justicia es la institución que perdió más credibilidad en la última década debido a su aparente ineficiencia y a graves fallas éticas, dijo la presidenta de la encuestadora Gallup Argentina, Marita Carballo. "Nueve de cada 10 argentinos no se sienten amparados por la justicia", reveló Carballo.
El descrédito responde a distintas causas, de acuerdo con los encuestados por Gallup. Hay jueces deshonestos y otros que se exponen en exceso a los medios, que, a su vez, dan mucha difusión a casos de corrupción que develan la falta de acción judicial, según el sondeo.
El estudio también señala la percepción de una fuerte dependencia del Poder Judicial respecto del poder político, de lentitud y burocracia en la resolución de conflictos —entre otras razones por falta de recursos económicos y tecnológicos— y de déficits en la forma de selección de los jueces.
Un caso paradigmático de "injusticia" es el de una mujer que desde 1985 espera alguna sentencia por la causa de su madre, una de las 78 víctimas fatales del incendio de una clínica geriátrica. La causa penal se cerró sin que se se haya encontrado a un responsable, y en la causa civil todavía no hay sentencia.
Las críticas no son menores dentro del propio Poder Judicial. Una investigación de la Universidad de Buenos Aires reveló este año que solo tres por ciento de los funcionarios creen que ese poder está "bien organizado". Setenta y siete por ciento admitieron que allí no se alienta la conducta ética.
Ante este panorama, los reclamos de justicia en Argentina se "mediatizaron", según explican los expertos en comunicación social. La gente reclama justicia llevando su historia a la televisión en forma pública o anónima, apelando al recurso de las cámaras ocultas.
Casi todos los programas periodísticos y todos los canales de noticias por cable ofrecen al televidente líneas telefónicas para denuncias que crean pertinente investigar, y allí van los equipos de investigadores con cámaras y todo tipo de señuelos con el fin de "recoger pruebas" para llevar a la justicia.
Una sola semana de mirar televisión en Argentina permite conocer algunas de las claves de este fenómeno de desprestigio del Poder Judicial, que resulta más acentuado por la eficacia de la televisión para "hacer justicia".
En la primera semana de julio, un juez sospechoso de asesinar a su hija de 15 años seguía siendo protagonista excluyente del capítulo de noticias policiales de los noticieros y programas periodísticos.
El magistrado se niega a renunciar a sus fueros para evitar que la justicia —a la que él pertenece— lo ponga en prisión como a su esposa. La fiscalía ya advirtió —también a través de la televisión— que si es desaforado, el juez deberá permanecer encarcelado hasta que se aclare su participación en el caso.
Mientras, se supo que un ex juez que estuvo prófugo y que fue hallado en Brasil fue procesado en una causa por irregularidades graves en la pesquisa que llevó a la escandalosa detención —y posterior liberación— de Guillermo Coppola, apoderado del ex futbolista Diego Maradona, por tenencia de drogas.
Por último, otro juez fue denunciado por pedir sobornos a una empresa periodística dedicada a los deportes. El acusado negó haber extorsionado a los empresarios para fallar en su favor, pero sus dichos se vieron desmentidos por las revelaciones de una cámara oculta que captó el momento del delito.
Pero no se trata solo de casos en los que los jueces son delincuentes.
A la justicia parece haberle surgido una competencia, o un brazo ejecutivo, que es el periodismo televisivo. Su intervención está contribuyendo decisivamente a la acción judicial, aun en los casos de organizaciones delictivas que operan con aparente impunidad hace muchos años.
La cámara oculta se erigió en la herramienta eje de un programa de televisión, "Telenoche investiga", que comenzó a emitirse en junio, después de haber mostrado eficacia en la producción de investigaciones especiales para el noticiero vespertino diario.
En la primera emisión, el programa "mostró" cómo el segundo dirigente del sindicato del trabajadores de la construcción extorsionaba a empresas del sector. Estos casos llevan años en la justicia sin que se diriman responsabilidades.
Las víctimas habían denunciado, incluso, atentados contra su vida y su vivienda, y complicidades policiales.
Tras la investigación de la televisión, el extorsionador fue procesado y expulsado del sindicato, y ahora la mira está puesta sobre el secretario general del gremio, quien es, además, diputado.
En otra emisión, "Telenoche investiga" compuso una serie de personajes y logró ingresar en un local comercial en el que vivían cautivas menores paraguayas ofrecidas como prostitutas. El rufián detalló todo el negocio desde el tráfico de mujeres hasta la oferta final, sin saber que era filmado.
Antes de que el programa se emitiera al público, la Fiscalía, con las pruebas aportadas, detuvo al rufián y a otros involucrados y clausuró el establecimiento que funcionaba —según reveló el dueño— gracias al pago mensual de una cifra millonaria a la policía y a las autoridades del municipio.
"Queremos llegar lo más arriba posible de la pirámide", comentó una de las integrantes del equipo, que se disfrazó de "madama" rusa para ingresar al prostíbulo tras haber fracasado en el intento de hacerse pasar por vendedora de ropa, y de gestiones de hombres del equipo para entrar como "clientes".
La creencia de que la justicia solo beneficia a los poderosos resulta relativa en este país en el que la administración judicial se caracteriza por demoras excesivas, altos costos y falta de imparcialidad de muchos jueces.
Un estudio hecho por el Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia entre 200 empresas de las que más facturan en Argentina, indicó que para 88 por ciento de los entrevistados la justicia funciona entre mal y regular.
En este sentido, paradójicamente, la justicia parece ser "justa" actuando con escasa eficiencia y baja credibilidad ante los diferentes grupos socioeconómicos, desde los más pobres a los más ricos. (FIN/IPS/mv/mj/hd cr/00


