Mientras algunos activistas celebran su éxito por haber obligado al Banco Mundial a desistir de un proyecto que reasentaría campesinos chinos en territorio tibetano, otros desafían inversiones occidentales que consideran perjudiciales para los habitantes de Tibet.
Los activistas apuntan ahora contra la gigantesca empresa de energía BP Amoco, de Gran Bretaña, debido a que es el único y más importante inversor en PetroChina, la principal compañía de gas y petróleo de China.
Debido a que PetroChina está construyendo un gasoducto de 953 kilómetros de largo a través de Tibet, ha sido acusada junto con sus socios de ayudar a Beijing a explotar el patrimonio natural tibetano y socavar el derecho autonómico de esa nación a la autonomía.
Desde que China se anexó Tibet en 1951, los activistas acusan a Beijing de violar los derechos humanos de sus habitantes.
En abril, BP Amoco invirtió 580 millones de dólares en la corporación, una subsidiaria de la Compañía Nacional de Petróleo de China, convirtiéndose en dueña de dos por ciento de PetroChina.
"La inversión de BP en PetroChina la hace cómplice de la ocupación ilegal de mi país", afirmó Thupten Tsering, coordinador de Estudiantes por Tibet Libre, un grupo humanitario con sede en Nueva York y 600 filiales en todo el mundo.
Apuntó que la construcción del gasoducto Sebei-Lanzhou y la extracción de reservas petroleras en la cuenca de Tsaidam, en la altiplanicie septentrional de Tibet, dará lugar a la reubicación de gran cantidad de trabajadores chinos en las tradicionales áreas nómades de Tibet nororiental.
Según los activistas, esos proyectos servirán para promover aún más la práctica de Beijing de movilizar colonos hacia Tibet para afianzar su control en el territorio ocupado.
"Esa política de transferir población ya ha reducido a los tibetanos a una minoría en gran parte de su propio país, erosionando sus tradicionales métodos nómades de vida y aumentando las tensiones étnicas en el área", señaló la organización.
En el Congreso Petrolero Mundial, realizado el mes pasado en Calgary, Canadá, los activistas acentuaron su presión contra la compañía británica y exhibieron pancartas con la inscripción "BP Amoco y PetroChina, fuera de Tibet".
Mientras John Browne, principal ejecutivo de la compañía, pronunciaba su alocución en la conferencia, John Hocevar, titular de Estudiantes por Tibet Libre, lo exhortó a que se disociara de PetroChina. Entretanto, fuera del recinto de reunión, activistas y tibetanos se manifestaban contra el gasoducto.
"La construcción del gasoducto representa una escalada notable de la estrategia china para convertir a Tibet en una colonia de recursos extractivos, explotando el petróleo sin ningún beneficio para los habitantes del país", dijo Hocevar.
Los activistas previnieron que el gasoducto y las perforaciones significarán una seria amenaza para el frágil ambiente de Tibet, donde se originan los principales ríos del sudeste asiático.
"Los tibetanos asistirán a un mayor control chino sobre la región, dado que se enviarán más militares para vigilar el proyecto", declararon en forma conjunta la Campaña Internacional por Tibet y Corporate Watch, un grupo californiano.
Ambas organizaciones señalaron que la conversión de la cuenca de Tsaidam en una importante región productora de petróleo es uno de los principales intereses económicos detrás de la ocupación china de Tibet, y una de sus mayores prioridades estratégicas para el desarrollo de la industria petrolera nacional.
"La construcción de ese gasoducto allana el camino para un desarrollo en gran escala del petróleo tibetano", advierte el comunicado.
Tom Mueller, vocero de BP Amoco, dijo a IPS que la compañía votó por no participar en ese proyecto.
"Nuestra participación de dos por ciento en PetroChina ayudará a los esfuerzos de modernización de la compañía y, a través de empresas mixtas, brindará gas natural limpio a decenas de millones de chinos en algunas de las áreas más pobladas del país", destacó Mueller.
Una declaración aparecida en el sitio web de BP Amoco expresó que, como inversor estratégico en PetroChina, "alentará a esa compañía a adoptar políticas progresistas acordes con los niveles internacionales".
"La impulsaremos a respetar los derechos de todos los ciudadanos en sus actividades de negocios en la Región Autónoma de Tibet o cualquier otra parte", agrega la declaración.
Las críticas públicas internacionales hacia proyectos financiados por Occidente en Tibet ganaron títulos de diarios la semana pasada mientras el Banco Mundial hacía frente a la presión para que revirtiera su decisión de respaldar el llamado Proyecto para la Reducción de la Pobreza en el Oeste de China.
El proyecto, aprobado originalmente por el Banco en 1999, fue rechazado la semana pasada por un panel interno porque violaba seis políticas de la institución.
Los activistas lanzaron una campaña internacional contra el proyecto, que disminuiría la población local de tibetanos de 23 a 14 por ciento, y la de mongoles de 14 a siete por ciento.
Los organizadores de la campaña cantaron victoria cuando el Banco decidió el viernes pasado retirar fondos para ciertas partes del proyecto y sugirió diversos cambios.
A su vez, China retiró su propuesta para la financiación del Banco. Sin embargo, el triunfo fue agridulce para los activistas porque Beijing anunció que, incluso sin apoyo financiero, llevará adelante parte del proyecto. (FIN/IPS/tra-en/dk/da/ego/mlm/hd-en/00


