Cuatro millones de litros de petróleo avanzan por el río Iguazú, en el sur de Brasil, hacia la frontera con Argentina y Paraguay, como consecuencia del segundo accidente grave causado este año por la empresa estatal Petrobrás y el peor desde 1975.
La mancha negra de ocho kilómetros de longitud en el río Iguazú se desplaza a cerca de un kilómetro por hora desde la tarde del domingo, cuando se rompió un tubo en la Refinería Presidente Getulio Vargas, en Araucaria, en el este del estado de Paraná.
La cancillería informó a las Embajadas de Argentina y Paraguay que Brasil hace "todos los esfuerzos para evitar que el petróleo cruce las fronteras". El Instituto Brasileño de Medio Ambiente también afirmó que la mancha no llegaría a los países vecinos.
En el primer día de operaciones no se había retirado del río ni siquiera 0,1 por ciento del crudo derramado, según cálculos de ambientalistas.
La mancha se dirige hacia el río Paraná, en la frontera con Argentina y Paraguay, a cerca de 800 kilómetros de distancia. Es poco probable que la contaminación llegue a esas aguas internacionales, pero la posibilidad preocupa las autoridades.
La localidad de Foz de Iguazú, en la desembocadura de este río en el Paraná con sus grandes cascadas, es un punto turístico compartido por Argentina, Brasil y Paraguay, que atrae miles de personas cada día.
Se trata del peor accidente petrolero ocurrido hasta ahora en un río de Brasil.
Barreras de contención y absorción, desvíos de agua, equipos de succión y técnicos especializados fueron movilizados para interrumpir el avance del petróleo antes de Uniao da Vitoria, a 200 kilómetros de Araucaria.
Todo el abastecimiento de agua de esa ciudad de 73.000 habitantes depende del río Iguazú será afectado con el derrame. Las lluvias agravaron el problema, pues hicieron crecer el río y la velocidad de la corriente.
En algunas poblaciones ya hay quejas por el fuerte olor del petróleo, que dificulta la respiración, y las autoridades alertaron sobre la posibilidad de incendios.
En el Iguazú se encuentran también cinco centrales hidroeléctricas, la primera 40 kilómetros río abajo de Uniao da Vitoria. El riesgo es que las aguas sucias dañen los equipos, pero técnicos de la Compañia Paranaense de Electricidad dijeron no temen pérdidas en la generación de energía.
Pero ya no hay modo de evitar daños ecológicos. Peces, vegetación, animales y aves ribereñas son las primeras víctimas, denunciaron ambientalistas locales.
La empresa Petrobrás reaccionó muy lentamente, con equipos inadecuados y personas sin entrenamiento para ese tipo de accidentes, según Teresa Urbán, de la organización Rede Verde. Las técnicas son las mismas aplicadas en aguas marítimas, que no sirven para los ríos, señaló.
La empresa Petrobrás, orgullo y bandera de los nacionalistas en su lucha contra las privatizaciones, se consolida como enemiga de los ambientalistas.
La frecuencia de accidentes en sus instalaciones exige la prisión de sus directivos, como prevé la Ley de Delitos Ambientales, reclamó Joao Paulo Capobianco, del no gubernamental Instituto Socioambiental.
Ya ocurrieron siete derrames desde diciembre, dos de ellos extremadamente graves, como el actual y el que ocurrió en enero, cuando otro tubo roto vertió 1,3 millones de litros de petroleo en la Bahía de Guanabara, en cuyas costas se ubica Río de Janeiro.
En 1975 se produjo el peor de los accidentes de esta naturaleza, cuando se rompió el casco del navío iraní Tarik Ibn Ziyad, vertiendo por lo menos seis millones de litros en la misma Bahía de Guanabara.
La multa de 28 millones de dólares por el derrame de diciembre que anunció el ministro de Medio Ambiente, José Sarney Filho, poco representa para una empresa que maneja miles de millones y no ha sido suficiente para modificar su actitud hacia el ambiente, afirmó Capobianco.
El ministro Sarney, sin embargo, informó que la multa ahora será el doble, el equivalente a 56 millones de dólares, ya que se trata de reincidencia.
El nuevo accidente es consecuencia de negligencias del pasado en materia de seguridad y prevención de desastres ambientales.
Los sindicalistas acusan a Petrobrás de sacrificar la seguridad para reducir costos, con tercerización de actividades de mantenimiento y producción.
Tareas complejas son ejecutadas por "trabajadores sin entrenamiento adecuado", acusó Mauricio França Rubem, coordinador de la Federación Unica de los Petroleros.
En la Refinería de Araucaria se redujo de 1.200 a 580 los funcionarios empleados directamente, destacó el presidente del sindicato local, Helio Seidel.
Además, no se renuevan equipos y tecnologías. La tubería de Araucaria tiene 23 años, la edad de la refinería.
El presidente de la empresa, Henri Philippe Reischstul, atribuyó el nuevo accidente a la "fatalidad". Además, aseguró que la reducción del personal ocupado se debe a la informatización, que fortalece la seguridad.
El accidente ocurrió cuando la empresa estatal ponía en marcha, como consecuencia del derrame de enero, su Programa de Excelencia Ambiental, con una inversión prevista de 1.000 millones de dólares.
El diputado Fernando Gabeira, del Partido Verde, consideró inaceptable atribuir a la "fatalidad" el nuevo accidente, similar al de enero porque, aparentemente, se debió a una falla humana.
"Ya hay sistemas inteligentes" de control, que pueden evitar tales problemas, sostuvo al visitar el área contaminada del río Iguazú. (FIN/IPS/mo/mj/en/00


