Dos mujeres gitanas están sentadas en un banco fuera de la Iglesia Ortodoxa, mientras sus hijos corretean alrededor de ellas en el vecindario Agi Varvara de Pireo, cerca de esta capital.
Lo más probable es que estas mujeres sean analfabetas y lo sigan siendo por el resto de sus vidas. Esto significa que si sus hijos logran entrar en el sistema escolar, ellas serán incapaces de ayudarlos con los deberes domiciliarios.
Agi Varvara es la comunidad gitana más próspera de Grecia, pero ninguna de sus mujeres completó la escuela secundaria.
Paula Karadana, que instruye a voluntarios sobre la manera de enseñar el idioma griego a los gitanos, criticó la falta de esfuerzos del gobierno por hacer más accesible la educación a la comunidad. Si bien se habló del problema, no se concretó ninguna medida, señaló.
A comienzos de los años 80, Karadana trabajó con voluntarios para establecer un centro social para minorías, incluyendo gitanos, en el barrio periférico de Metaxoyrgeio. Un nuevo edifició reemplazó el año pasado a la antigua construcción.
Karadana dijo que nunca hubo suficientes voluntarios y aquellos que llegaban carecían de formación y desconocían la manera de vivir de los gitanos.
"Cometimos errores. Tomó tiempo superarlo y ser aceptados como personas que deseamos realmente ayudar", agregó.
Al comienzo, los chicos eran difíciles de controlar en la clase, pues no estaban acostumbrados a la disciplina y cumplir una rutina.
A menudo eran distraídos por niños mayores que estaban sin trabajo. Con el tiempo, se adaptaron y algunos pudieron ingresar al sistema escolar, contó Karadana.
El centro realizó un seminario para maestros de escuelos públicos en un esfuerzo por y cambiar las actitudes negativas hacia los gitanos. Según Karadana, el problema es que los docentes simplemente no quieren gitanos en sus aulas de clase.
Sin embargo, Stella Stassinopoulou, una estudiante universitaria en su cuarto año de pedagogía en Atenas, que planea enseñar a niños de primaria, no está de acuerdo con la creación dea un programa especial para educar a gitanos.
Básicamente es imposible enseñar a niños gitanos porque generalmente se niegan a sentarse quietos y quieren tener libertad para correr, afirmó. Muchos maestros coinciden con esta forma de pensar.
Sin embargo, Panagiotis Dragatis y Christina Chronopoulou, que trabajan en un centro juvenil en el suburbio de Ano Liosia, no están de acuerdo.
El centro está ubicado en una comunidad pobre de gitanos, inmigrantes albaneses, rusos y otros que buscan trabajo en Grecia. Ofrece un programa preescolar destinado a preparar niños para que ingresen al sistema escolar.
Dragatis y Chronopoulou admitieron que hubo problemas iniciales y temieron por su seguridad en el vecindario, donde los chicos "muestran un salvajismo increíble". De todas maneras, aprendieron a manejar la situación por el método de "prueba y error", dijeron.
Los maestros declararon que su mayor conquista fue ganarse la confianza de los gitanos que han estado enviando a sus hijos al centro en forma constante.
El año pasado, Ano Liosia y todo el oeste de Atenas, fue golpeado por un terremoto que derribó apartamentos, tiendas y cientos de casillas prefabricadas que servían de hogar a los gitanos.
En consecuencia, esa comunidad ya deprimida económicamente, fue aun más afectada, y muchos habitantes se vieron obligados a trasladarse a otras partes. Muchos de los que quedaron prefirieron seguir mandando sus hijos a las calles para que ganaran dinero en lugar de enviarlos a la escuela.
Dragatis y Chronopoulou señalaron que los mejores resultados se obtuvieron combinando las clases de griego con deportes, juegos, trabajos manuales y otras actividades recreativas.
De todas maneras existen otras cuestiones afrontadas por aquellos que consiguen ingresar en escuelas públicas. Mantenerlos en el colegio puede ser un problema grave, especialmente desde los 11 años, cuando los niños y niñas gitanos son seleccionados para casarse.
Dragatis y Chronopoulou dijeron que visitan a menudo a sus alumnos "perdidos" en sus casas para tratar de que vuelvan a clase, pero sin mucho éxito.
Según Christina Rougheri, la coordinadora para los gitanos del Monitor Griego de Helsinki, hay dos escuelas de pensamiento. Están aquellos que creen que los gitanos griegos, también llamados tsiganos, pueden asimilarse gradualmente a la cultura en que viven, un proceso que duraría años.
Otros opinan que los gitanos son una raza distinta, con su lenguaje y cultura, y deberían ser tratados como tales. La verdad es que la educación todavía no es visible en la bola de cristal de la mayoría de los gitanos griegos, y no lo será por bastante tiempo. (FIN/IPS/tra-eng/wj/sm/ego-mlm/ed/00


