EEUU: Poder de firmas de comunicación empobrece a la democracia

El poder de las grandes compañías de comunicación amenazan a la democracia, sostiene el profesor Robert McChesney, de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, en su tercer libro sobre el tema.

McChesney expresa su escepticismo respecto del papel "benévolo" de estas firmas en su último libro titulado "Rich Media, Poor Democracy – Communications politics in dubious times" (Medios Ricos, Democracia Pobre – Políticas comunicacionales en una época ambigua).

El autor analiza en 319 páginas la conflictiva relación entre el capitalismo y la democracia, y analiza el papel que juegan las noticias, los programas de entretenimientos, Internet (la red informática mundial), los ataques de las grandes firmas a la libertad de expresión, los medios estatales y la educación.

Los medios de comunicación de McChesney no son sólo "los informativos", sino que incluye todo lo demás, es decir, el entretenimiento, la publicidad, las telecomunicaciones e Internet.

El poder de esos medios es asombroso. En la cumbre de esa pirámide de compañías se encuentra un puñado de firmas enormes, que son hoy 10 veces más grandes que en la década de 1980.

El ciudadano estadounidense medio consume 11,8 horas de productos mediáticos por día, 13 por ciento más que hace tres años. La divulgación de Internet contribuyó a crear esta tendencia, y su prevalencia cultural convierte a los medios en modeladores de la política y la economía, sostiene McChesney.

El argumento principal del autor es que, mientras la democracia decae, el neoliberalismo crece y, con él, florecen las grandes firmas de comunicación, convertidas en estrellas del capitalismo.

La desregulación provocada por el neoliberalismo, que favorece al mercado, fue utilizada por los medios de comunicación masiva para crecer, mientras la democracia se empobreció, sostiene McChesney.

La tendencia de las compañías de comunicación en los últimos años ha sido la integración vertical, es decir, el control de los canales y la distribución de sus productos, lo cual hace unos años era ilegal en Estados Unidos.

Disney compró un canal de cable de deportes, el ESPN, y pudo publicitar fácilmente la nueva revista ESPN en sus parques de atracciones, a través de los canales de televisión que adquirió y en sus revistas.

ESPN vendió 500.000 copias en los primero dos meses, y Disney inaugurará una cadena de restaurantes con el nombre del programa, a fin de promover su nuevo canal cable.

"En suma, las firmas que no venden y hacen promociones en distintos campos a la vez tienen cada vez más dificultades para prosperar", escribe McChesney.

La competencia se convirtió en un concepto sucio, y los competidores pueden convertirse en subsidiarias de las grandes compañías, o bien venderse, o incluso desaparecer.

El autor reconoce que Hollywood y la televisión por cable tienen, a veces, una programación que convoca a la reflexión, y hasta llega a ser radical.

Pero ese tipo de programas son raros, y suelen ser financiados por estrellas como Warren Beatty, que puede tolerar la pérdida si la película resulta un fracaso comercial.

Hace poco, Beatty protagonizó el filme "Bullworth", donde encarnó a un político que dice la verdad respecto del racismo y del capitalismo, gana las elecciones y luego es asesinado.

Hace 30 años, antes de la aparición de los complejos de múltiples salas cinematográficas, 10 por ciento de las películas que se proyectaban en Estados Unidos eran extranjeras. Hoy, ese porcentaje se redujo a apenas 0,5 por ciento, señala McChesney.

La oferta ha sido un factor determinante en el colapso de la demanda, ya que si la gente no sabe que existen otras cosas, no puede pedirlas.

"Esas compañías pertenecen a prósperos gerentes y millonarios que tienen intereses políticos claros, y sus intereses suelen ser distintos a los de la vasta mayoría de la humanidad", puntualiza McChesney.

"Para cualquier teoría de la democracia conocida, tal concentración de poder económico, cultural y político en tan pocas manos, que además son poco confiables, es absurda e inaceptable", sentencia McChesney.

El sistema estadounidense de las compañías de comunicación no se puede imponer por la fuerza en el resto del mundo, pero la tendencia de las multinacionales es a integrarse según condiciones comerciales impuestas por menos de diez firmas mediáticas apoyadas por Washington, explica McChesney en el capítulo "El sistema mediático se globaliza".

Hay señales de que las fuerzas políticas de todo el mundo intentan discutir el asunto. Como el sistema mundial de los medios de comunicación está cada vez más ligado al capitalismo neoliberal, sus destinos están unidos.

McChesney publicó en 1997 su libro "Corporate media and the threat to democracy" (Compañías mediáticas y la amenaza a la democracia), un "folleto" de 73 páginas en el cual arremetía contra el periodismo, la fusión de firmas de comunicación y la Ley de Telecomunicaciones de 1996, que otorgó el derecho de adquirir ondas radiales a dichos entes.

"The Global Media" (Los medios globales), un libro en colaboración con Edward S. Herman, un profesor de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos, salió ese mismo año.

En ese trabajo, McChesney se extendía sobre temas esbozados en su obra anterior, y se centraba en el predominio creciente de la publicidad en Internet.

Herman escribió "Manufacturing consent" (La manufactura del consenso) junto con el lingüista estadounidense Noam Chomsky, cuya obra magna, "Necessary Illusions" (Ilusiones necesarias), de 1989, hizo de la investigación sobre la democracia y los medios de comunicación un tema candente y central para los intelectuales de este país.

"Rich Media…" tiende a retomar temas ya planteados. Intenta explicar, por ejemplo, que la ausencia de una discusión pública sobre Internet es la causante de la nueva lógica que indica que la red debería ser un espacio comercial.

Los estudiantes que tenían la suerte de acceder a Internet en 1994 en sus universidades la elogiaban por ser una excelente fuente de comunicaciones y por no tener publicidad. Esperaban que se mantuviera de ese modo.

El panorama de los medios cambió desde el último libro de McChesney, quien adoptó el término "hipercomercialización" para describir lo sucedido en la industria mediática en estos últimos dos años.

McChesney sabe muy bien que no se puede debatir con seriedad sobre la injusticia social sin tener en cuenta el poder sin precedentes que adquirieron los medios de comunicación. Y en este libro brinda argumentos para quien quiera embarcarse en esa discusión. (FIN/IPS/tra-en/kr/mk/ceb/aq/cr/99

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