CHINA: Recuerdos de Tiananmen acosan al gobierno 10 años después

Diez años después de la masacre de Tiananmen, el gobernante Partido Comunista de China no se disculpó aún y sostiene que la matanza de civiles desarmados fue necesaria para preservar la estabilidad social.

La plaza donde nació y murió el último de los movimientos políticos modernos de China todavía evoca dolorosos recuerdos de violencia y muerte que el gobierno quisiera borrar de las mentes.

Cientos, quizá miles de civiles desarmados murieron a causa de las balas o bajo los tanques enviados por los líderes del Partido Comunista para aplastar lo que describieron como una "contrarrevolución".

Los dirigentes comunistas sostienen que no hay necesidad de volver a examinar los hechos, y que si "el incidente del 4 de junio" hubiera sido mal manejado, China no habría pasado los últimos 10 años tan "fácil y tranquilamente" ni habría registrado un crecimiento económico tan rápido.

"En relación con la agitación política de 1989, el partido y el gobierno ya sacaron la conclusión correcta y ésta no cambiará de modo alguno", declaró Li Peng el año pasado, antes de dejar la jefatura de gobierno.

Como primer ministro en 1989, Li firmó el decreto de ley marcial y ordenó el envío de las tropas a Beijing.

Su sucesor, el carismático Zhu Rongji, sostuvo el veredicto de que las manifestaciones de 1989 fueron un "acto contrarrevolucionario", aunque algunos esperaban al principio que alzara su voz en favor de una investigación de la masacre.

"Los estudiantes de 1989 querían democracia pero no querían el imperio de la ley", dijo Zhu en una conferencia de prensa.

Peng Yuzhang, uno de los sobrevivientes de la represión de aquel 4 de junio, replicó que "hasta que el Partido Comunista diga la verdad sobre Tiananmen, no podrá afirmar que en China hay un imperio de la ley".

La historia de Peng, un profesor jubilado de la Universidad de Hunan, refleja el destino de aquellos que sobrevivieron a la masacre pero se convirtieron en víctimas de la persecución política posterior.

Peng respaldó activamente a los estudiantes de Hunan durante todo el movimiento de 1989 y participó en sus sentadas y huelgas de hambre. Luego del 4 de junio, fue detenido, encarcelado y torturado.

Durante más de tres meses, Peng permaneció sujeto a una tabla horizontal del tamaño de una puerta con cuatro grilletes de metal en las esquinas y un gran agujero en el extremo inferior para permitir la salida de la orina y los excrementos.

Para Zhu Muzhi, presidente de la estatal Sociedad de Derechos Humanos de China, la represión de hace 10 años equivalió a aplastar moscas.

Las reformas económicas lanzadas hace 20 años abrieron el país al mundo, dijo, pero al igual que cuando se abre una ventana, "junto con el aire fresco entran algunas moscas y mosquitos".

"Mientras tengamos los instrumentos para aplastar a esas moscas y mosquitos, no habrá problema", agregó.

Sin embargo, el gobierno tiene miedo de los recuerdos de Tiananmen. En los últimos años se esforzó por evitar una repetición de lo ocurrido en la primavera de 1989, cuando primero obreros y luego funcionarios de bajo rango se unieron a los estudiantes en sus demandas de democracia y fin de la corrupción.

Para evitar una reiteración de aquellos hechos, las autoridades adoptaron varias estrategias.

Por un lado, permitieron la expresión pública de quejas específicas de modo de evitar la acumulación de presión social. Protestas menores de obreros despedidos, jubilados pobres y aun miembros de sectas religiosas se volvieron parte de la vida cotidiana.

Pero por otro lado, el gobierno decapitó a la oposición política al proscribir el Partido Chino de la Democracia, además de juzgar a puertas cerradas a sus líderes y miembros más destacados y enviarlos a prisión.

Disidentes políticos ajenos al partido opositor también fueron perseguidos y detenidos para impedir cualquier alianza en vísperas del viernes 4.

Con el pretexto de la "necesidad de renovación", las autoridades cerraron la plaza de Tiananmen para prevenir cualquier protesta o recuerdo de las víctimas.

En las últimas semanas, la máquina estatal de propaganda utilizó el bombardeo supuestamente accidental de la embajada china en Belgrado por la OTAN para alentar el sentimiento nacionalista y distraer la atención pública del aniversario de Tiananmen.

La prensa controlada por el Estado no hizo mención alguna de los 10 años de Tiananmen, donde cientos de personas fueron muertas a tiros, pero publica diariamente artículos de condena al "acto bárbaro" de la OTAN, que causó la muerte de tres periodistas chinos.

Las estrategias del gobierno son evidentes para muchos ciudadanos. "Algunas personas pueden haberse olvidado de Tiananmen y la sangre que allí se derramó, pero las autoridades lo recuerdan muy bien", señaló Ren Shuyan, un contador residente en Beijing.

"Saben que la justicia no estuvo de su lado en 1989, y 10 años después siguen intentando encubrir sus errores", agregó. (FIN/IPS/tra-en/ab/js/mlm/hd/99

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