PERU: La coca se agita nuevamente en la selva

Las plantaciones ilegales de coca en los valles de la selva central de Perú resurgen con fuerza, amenazando convertir nuevamente a esa región en la mayor productora de cocaína del mundo.

La situación parece encaminarse hacia un duro contraste para la política antidrogas del gobierno de Alberto Fujimori, que el año pasado recibió la "certificación" de Estados Unidos, por haber reducido la producción de coca en 60 por ciento entre 1995 y 1998.

El resurgimiento de la "economía de la coca" en la selva peruana se produce con su carga habitual de incremento de tensiones sociales y políticas, y de enfrentamientos entre los productores y los organismos estatales encargados de erradicar los cultivos ilegales.

Estimulados por el alza de los precios de la hoja de coca, los campesinos retornan a los cocales abandonados, que suelen suelen encontrarse en áreas relativamente distantes de sus viviendas, y resisten la erradicación de las plantaciones o demandan ser indemnizados por el Estado para abandonar su cultivo.

Según Eloy Cabrera, representante en el Apurimac de la estatal comisión multisectorial antidrogas, los campesinos abandonan los cultivos alternativos promovidos por el Estado, atraídos por el mayor precio de la hoja de coca, que en los últimos meses subió de 40 centavos de dólar a cinco dólares el kilogramo.

Fuentes no oficiales sostienen que en el valle del río Apurimac, alrededor del 70 por ciento de los cocales "empurmados" (abandonados pero no destruidos) están siendo reactivados por los productores ilegales.

La coca es un arbusto muy resistente, que no requiere cuidados, y la cosecha consiste en arrancar las hojas, operación que puede realizarse tres veces por año.

Las plantaciones abandonadas y no destruidas al cabo de unos meses son ocultadas por la naturaleza, pero cuando se recuperan pueden ser avistados desde el aire por los helicópteros del Proyecto Especial de Control y Erradicación de la Hoja de Coca (Corah).

El avistamiento desde el aire de cultivos reactivados de coca en la zona del Alto Huallaga, antiguo emporio de la cocaína peruana, motivó en las últimas dos semanas que las autoridades antidrogas desplegaran varios operativos para destruirlos.

Los operativos provocaron este mes un enfrentamiento entre productores y fuerzas policiales con un saldo de un muerto, varios heridos y numerosas detenciones.

"Tal como lo anticipamos en 1997 y 1998, la disminución del área sembrada de coca se debía en su mayor parte a la caída de precios de la hoja y no al éxito de la política antidrogas de Fujimori", dijo a IPS Roger Rumrrill, uno de los expertos independientes más reconocidos en el tema.

"Mejoran los precios y los campesinos regresan a sus cocales abandonados", añadió.

El incidente en la zona del Alto Huallaga se produjo cuando los campesinos de Barro Blanco y San Juan de Dios trataron de impedir que los 250 funcionarios del Corah que llegaron en helicópteros, destruyeran con machetes sus plantaciones.

El Corah ya había destruido plantaciones en las localidades de Alto Machute, La Victoria, Santa Rosa, Pucayacu y Nueva Libertad, pero encontraron resistencia en Barro Blanco y San Juan de Dios.

Choques similares entre campesinos y efectivos de la policía y el ejército provocaron años atrás que los organismos encargados de erradicar las plantaciones ilegales de coca rociaran desde el aire defoliadores químicos, procedimiento abandonado por las denuncias del grave daño ecológico que ocasionaban.

Luego de los incidentes, los productores del Alto Huallaga se reunieron en la sede municipal de la ciudad de Uchiza, convocados por el representante local del Consejo Andino de Productores de Hoja de Coca, Moisés Arista, para discutir una respuesta política ante la acción represiva del gobierno.

El alcalde de Uchiza, Casio Aguirre, reveló que los productores de coca acordaron reclamar al Estado 3.000 dólares por cada hectárea erradicada.

"Los productores no quieren esa cantidad en dinero sino en ganado, créditos agrarios y productos y herramientas agrícolas", dijo Aguirre.

Arista sostuvo, por su parte, que los campesinos consideran un fracaso la política oficial de sustitución de plantaciones de coca por cultivos alternativos, "porque sólo ofrecen a los campesinos ventajas en el papel, pero nada concreto".

"El programa de cultivos alternativos ya tiene dos años en el Alto Huallaga, pero no hay resultados, sólo nos utilizan para llenar sus bases de datos y mostrar estadísticas", afirmó el representante de los productores cocaleros.

"Hasta ahora, los únicos beneficiados son los funcionarios de los organismos internacionales y estatales que reciben altos sueldos, pero los campesinos sólo tenemos promesas", añadió.

Francisco Barrantes, secretario general de la Federación de Productores Agropecuarios del Valle del rio Apurimac (FEPA-VRAE) dijo que los programas de cultivo alternativo están focalizados en las zonas cercanas a centros poblados en donde existen carreteras o vías fluviales, pero no entran en el monte.

El año pasado, 820 campesinos se empadronaron para recibir semillas de café de la Organización de las Naciones Unidas, pero no fueron atendidos hasta ahora.

"No es rentable sembrar café o cacao si no hay carreteras, pues los precios son muy bajos en comparación con los de la coca, y si el transporte es caro, no pueden competir con la coca", concluyó.

Mónica Watson, jefa de la Unidad de Comunicaciones de la oficina oficial Contradrogas, aclaró que ese organismo no participa en la erradicación, sino en la captación de recursos financieros, y su aplicación en proyectos de desarrollo en las áreas en donde se trata de eliminar las plantaciones de coca.

"Hemos conseguido un importante apoyo financiero de Alemania, más de siete millones de dólares, que serán aplicados en la zona del Alto Huallaga en el fortalecimiento de organizaciones comunitarias, asistencia técnica, obras de saneamiento, vías de transporte, colegios", expresó.

Rumrril considera un error basar la política estatal de apoyo a los cultivos alternativos en los estímulos del mercado, "pues cuando mejoran los precios de la coca, ese mismo mecanismo de mercado impulsa el retorno de los cultivos de coca". (FIN/IPS/al/ag/ip/99

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