/BOLETIN-AMBIENTE/ EE UU: Fuerzas Armadas tienen bases contaminantes en el exterior

Las fuerzas armadas de Estados Unidos no limpian la contaminación ambiental que provocan sus bases militares en Filipinas, Panamá y otros sitios, aunque sí lo hacen en este país, sostienen organizaciones ecologistas.

"Desde Panamá a Filipinas, el Departamento de Defensa (Pentágono) se esconde detrás de un velo de secretos y se niega a limpiar la mayor parte de la contaminación provocada por sus actividades", dijo John Lindsay, coordinador de la organización estadounidense Campaña Sociedad de Reconciliación con Panamá.

Mientras, "en las bases ubicadas en territorio estadounidense, el Pentágono emprendió un riguroso y público, aunque inadecuado, programa de limpieza", agregó el activista, cuyo grupo investiga la contaminación ambiental provocada por bases estadounidenses en Panamá.

"Las bases militares de Estados Unidos generan peligrosos problemas en el mundo, como la contaminación del agua potable y los explosivos abandonados en el terreno", señaló Lindsay.

Como ni las leyes internacionales ni las estadounidenses exigen a los militares de este país limpiar la contaminación de sus bases en el exterior, la política del Pentágono al respecto es débil y mínima, dijo el activista.

"Creo que, en materia ambiental, las fuerzas armadas de Estados Unidos son las más responsables y obtienen los mejores resultados del mundo. Gastamos miles de millones de dólares en la limpieza de la contaminación", aseguró Gary Vest, portavoz del Pentágono.

Aunque no lo exija la ley, "si las autoridades de la salud de Alemania, por ejemplo, concluyen que hay un problema importante de contaminación, lo limpiaríamos", aseguró.

La mayoría de los tratados bilaterales que establecieron las bases en el exterior no incluyen artículos sobre el ambiente porque se firmaron antes de la época actual de sensibilidad ambiental.

Así mismo, antes de los años 80, los militares mantenían escasos registros sobre la cantidad exacta de sustancias tóxicas y explosivos utilizados, expresó Lindsay.

En Filipinas, por ejemplo, sólo después de que Estados Unidos se retiró en 1992 de las bases Subic y Clark se descubrió que toneladas de químicos tóxicos fueron arrojados al agua o a la tierra, o enterrados en depósitos sin controlar, según el grupo Campaña Popular para la Limpieza de las Bases en Filipinas.

En Panamá, unas 3.000 hectáreas de bases estadounidenses contienen una alta concentración de explosivos sin detonar, agentes contaminantes y restos de armas químicas, biológicas y radiactivas, afirmó Lindsay.

Desde los años 20, Estados Unidos "mantiene en actividad un programa de armas químicas" que incluye el gas mostaza y minas químicas, en al menos siete bases militares de Panamá, según un informe divulgado en agosto por el grupo de Lindsay, junto con otras organizaciones ecologistas, entre ellas Greenpeace.

"Hasta el momento Estados Unidos no informó a Panamá sobre su uso de armas químicas en territorios que pronto volverán al control panameño, lo que obstaculiza el desarrollo de la zona y pone en peligro a sus futuros habitantes", denuncia el informe.

Estados Unidos negocia con Panamá la limpieza ambiental de las bases, como parte del proceso de retiro de estas, informó Vest. El gobierno panameño pretende que las bases se limpien completamente, pero el tratado indica que sólo se limpiarán hasta un grado "practicable".

"El problema es que gran parte de la zona de práctica de tiro se encuentra en la selva y para limpiarla 100 por ciento deberíamos destruir literalmente el ambiente al eliminar la jungla", sostuvo el portavoz del Pentágono.

La limpieza ambiental de las bases varía según los acuerdos negociados con cada país, señaló Vest.

Por ejemplo, en el tratado con Alemania, donde los solventes industriales, las espumas antillamas y los residuos destruyeron los ecosistemas cercanos a algunas bases, la inversión realizada en la infraestructura de las bases se consideró como compensación por la contaminación ambiental, explicó.

Pero esta actitud no es viable en otras bases donde los costos de limpieza ambiental pueden ascender hasta a 100 millones de dólares, dijo Lindsay.

El costo de "la limpieza de una base grande podría exceder fácilmente el valor de la mejora de la infraestructura. Quizá los países no tengan los recursos técnicos o financieros para limpiar después del retiro de los militares", añadió.

Washington recompenza a los países con fuertes regímenes ambientales y castiga a los que no tienen los recursos o la capacidad técnica necesaria, sostuvo Lindsay.

"Japón y Alemania, por ejemplo, pueden obligar a Washington a limpiar su contaminación ambiental, mientras casi no se limpian las bases de los países pobres, que no tienen los recursos ni la tecnología para hacerlo, ni el peso para obligar a hacerlo a las fuerzas armadas estadounidenses", dijo.

Lindsay y Vest concuerdan en que, hasta que el Congreso estadounidense fije metas o estándares de limpieza ambiental para las bases en el exterior, no es probable que el Pentágono aplique en otros países el programa ambiental que utiliza en Estados Unidos.

"Estados Unidos debe aplicar una nueva política de limpieza en el exterior que elimine el doble discurso y sea coherente con las normas de limpieza ambiental estadounidenses", exhortó Lindsay.

Estados Unidos gastó 102 millones de dólares para la limpieza de las bases en el exterior en los últimos cuatro años, pero sólo el presupuesto de este año para la limpieza de las bases en este país asciende a 2.130 millones, señaló. (FIN/IPS/tra-en/dk/kb/mk/aq/en-ip/98

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