ASIA: La crisis castiga con más saña a los campesinos pobres

Los análisis de la crisis financiera en Asia se concentran en sus efectos sobre los grandes banqueros e ignoran las privaciones de los pobladores más pobres de las zonas rurales, reprocharon funcionarios internacionales.

El alemán Klemens van de Sand, vicepresidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), observó que el debate sobre la crisis se ocupó hasta ahora solo de los aspectos macroeconómicos, de la industria y de las consecuencias en los bancos y en el sector financiero.

En contraste, se dispone de poca información de los resultados registrados en los sectores rurales pobres desde que estalló la crisis en julio del año pasado.

Una conferencia de organizaciones no gubernamentales, instituciones académicas, grupos campesinos y agencias internacionales realizada en Indonesia constató que se carece de un cuadro real del efecto de la crisis en las áreas mas rezagadas del agro asiático.

El FIDA, una agencia establecida en Roma y perteneciente al sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), tiene como misión el alivio de la pobreza rural, recordó van de Sand, al regreso de una gira por Asia.

La situación en los países asiáticos más afectados requiere un estudio profundo, la movilización de mayor ayuda internacional y la creación y coordinación de instrumentos político para impedir la expansión de una crisis de empobrecimiento rural similar a la urbana, dijo.

En los países afectados por la crisis, la primera respuesta de los gobiernos consiste en la adopción de recortes drásticos de inversiones y gastos corrientes, especialmente en infraestructura y en servicios sociales como educación y salud.

En Tailandia, las autoridades redujeron 20 por ciento los gastos destinados a infraestructura de los dos últimos períodos fiscales.

Los abultados aumentos de los aranceles de la enseñanza elevaron en por lo menos 20 por ciento la deserción escolar en Indonesia.

A fines de este año, la pobreza habrá crecido seis veces en Indonesia con relación a 1996, dijo van de Sand.

En Tailandia, el ingreso del sector rural equivalía antes de la crisis a 60 por ciento del valor total de las exportaciones del país. En la actualidad oscila entre 40 y 50 por ciento.

El desempleo masivo en las áreas urbanas obligó a reducciones marcadas de las remesas que desde esos centros se envían a las familias de las zonas rurales.

Muchos de esos asalariados urbanos asiáticos, que en particular trabajan en la industria de la construcción, proceden de los sectores más pobres de las áreas rurales.

Con el advenimiento de la crisis se verificaron complejos movimientos migratorios de campesinos empobrecidos rumbo a las ciudades y de obreros despedidos que retornan a sus poblaciones rurales de origen.

Otro fenómeno advertido en los países asiáticos en crisis ha sido la aguda caída del poder adquisitivo de la clase media, que influyó a su vez en las drásticas reducciones registradas en la demanda de productos de los pequeños empresarios rurales.

La declinación del turismo afectó a empresarios de pequeña escala, como artesanos y tejedores. En Indonesia, ascendió a 76 por ciento la caída del ingreso de los tejedores tradicionales, obligados ahora a procurar el sustento en labores de peones rurales.

El aumento de precio de los insumos utilizados en la agricultura, en especial de los importados, determinó una gran contracción de los cultivos de los pequeños campesinos.

En cambio, el incremento del precio del aceite de palma en los mercados internacionales ocasionó la expansión de ese cultivo extensivo y la consiguiente tala de bosques en los países afectados por la crisis.

Además de Indonesia y Tailandia, los más golpeados, otros países de Asia corren el riesgo de afrontar crisis similares si no adoptan medidas oportunas, advirtió el FIDA.

Entre las regiones amenazadas, la institución mencionó las áreas del Himalaya Oriental, que comprenden a Nepal, el noreste de la India, la zona montañosa de Chittagong en Bangladesh y Bhután.

El seminario organizado por FIDA recomendó el abandono de las políticas de desarrollo con un sesgo predominante capitalista y urbano, especialmente en Indonesia, dijo van de Sand en una rueda de prensa este viernes, en Ginebra.

En sustitución, se aconsejó favorecer proyectos orientados hacia el trabajo intensivo y la descentralización rural.

Hasta ahora, las explotaciones rurales de Indonesia solo reciben tres por ciento de la inversión extranjera y 10 por ciento de la nacional, pese a que el sector emplea 50 por ciento de la fuerza de trabajo del país.

El seminario dictaminó que las políticas de desarrollo en los países afectados por la crisis deben fundarse en dos conceptos: la seguridad alimentaria de las familias y la promoción de actividades que generen ingresos a los campesinos pobres.

Phrang Roy, director de la División de Asia y el Pacífico del FIDA, atribuyó los problemas de abastecimiento de arroz en Indonesia a las consecuencias del fenómeno de El Niño.

Durante cierto tiempo, dijo Phrang, el gobierno indonesio evitó reconocer la existencia de ese desajuste entre la producción y las necesidades de la población.

Sin embargo, despues de las discusiones sostenidas con distintos donantes, Yakarta aceptó los aportes de arroz del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la oferta de Japón de entregar partidas del cereal.

Los funcionarios del FIDA procuraron advertir al gobierno indonesio de la importancia del arroz para la agricultura del país y al mismo trataron de asegurar que la población cultive ese grano durante los períodos de penuria económica, dijo Phrang. (FIN/IPS/pc/mj/dv if/98

Archivado en:

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe