Un programa de inversiones en los deficitarios servicios públicos de Cuba intenta aliviar la vida diaria de las familias, aunque el consiguiente aumento de tarifas implica nuevos ajustes en los estrujados bolsillos.
La ejecución del plan para mejorar la telefonía y el suministro de agua y gas dado a conocer en la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento) en julio, se extenderá hasta el próximo siglo, con énfasis especial en La Habana, donde viven 2,2 millones de personas.
Las nuevas tarifas comenzaron a aplicarse desde este mes e irán extendiéndose a medida que se amplíen las inversiones, que ascienden a 900 millones de dólares en telefonía, 50 millones en el gas y 10 millones en el agua.
Pero, más allá de la satisfacción que implica la renovación de los servicios, los jefes y jefas de hogar hacen de nuevo las cuentas para enfrentar las nuevos precios, aunque aún no tengan muy claro cuánto les afectará.
"A mi no me queda ni un centavo en el banco", dijo Georgina Pérez, una bióloga de 46 años que a comienzos de esta década empezó "a sacar y sacar dinero de la cuenta sin poder colocar absolutamenta nada de vuelta".
"El dinero que mi esposo y yo guardábamos en los años 80 para irnos de vacaciones a la playa con nuestro hijo, en los 90 lo gastamos en comprar comida, jabón y detergente", contó.
Un estudio realizado por expertos cercanos al gobierno al que tuvo acceso IPS revela que, tras ocho años de crisis económica en la isla, el poder adquisitivo de las familias cubanas se redujo varias veces.
El informe sitúa el salario medio en 200 pesos, aunque aclara que se trata del ingreso nominal. Para llegar al real habría que sumar el valor de la atención médica y la educación, servicios gratuitos en la isla, y el subsidio por los alimentos que el Estado distribuye de manera racionada.
El peso cubano se cotiza a la par del dólar en las operaciones oficiales, pero en las casas de cambio, todas estatales, el dólar se cotiza a 21 pesos.
El ingreso de una familia de cuatro personas en La Habana puede ascender a 400 pesos, si dos de ellas trabajan.
La investigación demuestra que tal disponibilidad de dinero mensual resulta insuficiente para cubrir la totalidad de gastos de la familia, superiores a los 1.000 pesos.
En ese sentido, el estudio calcula que se gastan 138 pesos al mes en alimentos y productos distribuidos mediante el sistema de libreta de racionamiento a precios subsidiados por el Estado, además de servicios como transporte, electricidad, agua, combustible para cocinar y medicamentos.
Pero la crisis de los años 90 aumentó considerablemente el déficit en la cobertura de la canasta básica por esa vía, de modo que las amas de casa deben acudir a los mercados agropecuarios, a precios de libre oferta y demanda, para completar la dieta familiar.
La adquisición de un grupo de alimentos imprescindibles en la mesa cubana, como arroz, frijoles, boniato, yuca, carne de cerdo y grasa animal implica un gasto mensual de 768 pesos, de acuerdo con el estudio.
A esto se añaden 100 pesos por la compra de condimentos (ajo, cebolla, puré de tomate), y una suma similar para artículos de higiene personal y del hogar, virtualmente desaparecidos de la distribución racionada.
La investigación concluye que el núcleo familiar que dispone de dos salarios medios al mes necesita ingresos adicionales superiores a los 700 pesos para llenar su canasta básica.
El dinero faltante deberá obtenerse de otras fuentes de ingresos, entre las que el estudio menciona el trabajo por cuenta propia, la remesa familiar procedente del extranjero, el alquiler de vivienda, economía sumergida (informal) o por la vía del estímulo laboral en dólares.
En medio de tales sustos cotidianos, las familias festejaron de manera más bien mesurada el programa de inversiones destinado a mejorar los servicios de agua, gas manufacturado y telefonía.
La instalación de 50.000 teléfonos publicos, una red de microondas digital y una red de transmisión de datos destinada principalmente a los servicios gubernamentales permitirá ampliar el acceso al servicio de tres a nueve personas de cada 100.
Pero hablar por teléfono costará más, pues el servicio en las plantas digitales (de 360.000 líneas telefónicas existentes en todo el país ya se han digitalizado 70.000) mantendrá la tarifa básica de 6,25 pesos sólo para quienes no sobrepasen los 300 minutos mensuales de salida.
Desde este mes, la cuenta telefónica de quienes se benefician de plantas digitales comenzó a marcar tres centavos cada minuto extra de las 6.00 a las 18.00 horas, los días laborables, y dos centavos durante el resto del día, domingos y días festivos.
El ajuste resulta significativo para una población acostumbrada a tarifas fijas que no variaron desde 1959 y a extensas comunicaciones telefónicas.
"Con las dificultades del transporte, suelo hacer constantes 'visitas' por teléfono. Me temo que mi cuenta de este mes será alta", comentó cautelosa Marta López Masa, secretaria de una empresa estatal.
Según las autoridades, la finalidad del aumento de tarifas de teléfono, agua y gas es incrementar la capacidad de los servicios mediante su uso racional y no la recaudación.
El suministro de agua potable se brindó gratuitamente en las últimas tres décadas, aunque con graves deficiencias en ciertos sectores de la capital debido al mal estado de las viejas redes de distribución.
Desde el año pasado, la mayoría de las familias paga un peso al mes, sin que importe el consumo o calidad del servicio, que debe mejorar con la inversión de 10 millones de dólares dirigida a estabilizar las fuentes de abasto y eliminar o reducir las pérdidas en las redes.
La instalación paulatina de contadores rebajará el costo para quienes consuman menos de 3.000 litros al mes por persona y permitirá gravar el sobreconsumo, que tendrá una tarifa especial.
Algo similar sucederá con el uso de gas, cuyo precio actual de 4,48 centavos por metro cúbico está vigente desde 1933, pero debido a la falta de instrumento de medición se ha mantenido una tarifa fija por persona.
Una vez instalado el contador, el costo pasa a 11 centavos por metro cúbico, con lo cual se castigará el exceso y premiará el uso modesto del combustible, cuya calidad debe mejorar gracias a las inversiones realizadas.
El mensaje parece ser "ahorre y pague menos", algo ya vigente en las cuentas de energía eléctrica, donde los aumentos aplicados a inicios de la década obligaron a la familia a vigilar estrechamente sus gastos. (FIN/IPS/pg/mj/if dv/98


