(Arte y Cultura)

Las copias piratas de obras musicales provocan la pérdida de miles de dólares a los artistas y productores de Benín, que aseguran que el Estado no hace lo suficiente para proteger sus derechos.

El conductor de un programa de radio transmitió al aire un casete de la cantante más famosa de este país africano. "Lo que están escuchando es una grabación del último álbum de Angelique Kidjo. Lo conseguí por 1,75 dólares y les puedo conseguir copias si quieren", informó al aire.

El álbum salió en junio en los mercados de Estados Unidos y Francia y se vende en Benín por unos 25 dólares, pero aún no está en formato de casete en este país, excepto por las copias piratas que la agente se apresura a comprar.

"No me importa si es pirata o no. Me interesa que la música sea buena", es el comentario habitual de los clientes. Pero los músicos sostienen que los piratas están socavando lo poco que ganan con su profesión, que no se caracteriza por ser lucrativa, y que el gobierno no protege su trabajo.

El álbum de Kidjo no está a la venta en casete en este país porque la compañía estadounidense que lo produjo exige altas garantías financieras para permitir su reproducción.

En consecuencia, el anuncio del conductor de radio de que el casete estaba a la venta sorprendió al representante local de Kidjo y a la Oficina de Derechos de Autor de Benín (BUBEDRA) por la velocidad con que se movieron las redes de reproducción ilegal.

Los músicos también critican la ineficacia de BUBEDRA. "Una institución tan importante debe conocer sus limitaciones y hallar formas de superar la piratería", dijo Nel Oliver, presidente del Comité Beninés contra la Piratería.

El Estado debe aceptar la ayuda de las organizaciones privadas para combatir la piratería, agregó, y debe incluir un sello oficial en los casetes o discos compactos a la venta.

En Ghana, por ejemplo, casi no existe la piratería porque el país utiliza sellos alfanuméricos que incluyen los números de referencia oficiales de los diversos productos audiovisuales en el mercado, explicó Oliver.

La luz infrarroja capta los números de referencia y en el caso de que el producto sea una copia pirata, la persona en poder del artículo puede ser procesada, añadió.

"Los piratas trabajan con rapidez para saciar a un público hambriento de nuevos productos, así que depende de los artistas y sus productores tomar el toro por las astas para dispersar las nubes que ensombrecen el futuro musical" de este país, dijo Oliver.

Los artistas están dispuestos a entregar parte de sus regalías para combatir la piratería, aseguró el músico y productor Oscar Kidjo.

La única ley contra la piratería es una norma francesa promulgada en 1957 y aplicada en las entonces colonias francesas que estipula que se debe solicitar la autorización del productor de una obra audiovisual antes de reproducirla con fines comerciales.

Los músicos quieren que el gobierno apruebe una ley que penalice la piratería.

"Todo ocurre en este país como si estuviéramos en un vacío legal. Los productos piratas inundan el mercado y los aduaneros ni siquiera exigen a los importadores los documentos que comprueban el contrato con los productores", sostuvo un artista.

"Los piratas operan con la venia de ciertas oficinas de derechos de autor, lo que hace muy difícil eliminar esta enfermedad cultural", aseguró el productor Jimmy Houetinou.

Esta situación perjudica a la industria. El precio de producción de un disco compacto se ubica entre 16.000 y 66.000 dólares, sin incluir el costo de creación artística.

BUBEDRA calcula que cada copia pirata de un álbum de éxito provoca miles de dólares de pérdidas a sus productores legítimos. El director de la institución, Samuel Ahokpa, afirmó que la labor de la agencia hizo descender la piratería de pequeña escala en más de 90 por ciento.

"Por desgracia, la sustituyó la piratería industrial, que es mucho más peligrosa. Para superarla necesitamos la cooperación de la Aduana porque las compañías que producen las copias piratas son extranjeras", declaró.

Las copias piratas proceden de otros países de Africa occidental, como Liberia y Nigeria, e ingresan fácilmente por las vulnerables fronteras de Benín, explicó Ahokpa. (FIN/IPS/tra-en/lz/nrn/kb/aq/cr/98

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