Una flamante producción de Hollywood pone en evidencia en las salas de Estados Unidos la vocación comercial de la actividad cinematográfica, pues parece un aviso turístico de Jamaica.
"How Stella got her groove back" (Cómo Stella volvió a ponerse en forma) es un claro ejemplo de la forma en que los avisos publicitarios invaden las películas estadounidenses, en especial cuando los productores tratan de reducir costos mostrando productos a cambio de un pago.
La protagonista, encarnada por Angela Basset, decide viajar a Jamaica después de ver un comercial en la televisión y, una vez allí, en medio de playas impactantes y hermosos turistas, se enamora de un hombre mucho más joven que ella.
La película tiene la apariencia de un aviso de la oficina turística de Jamaica, aderezado por tomas repetidas a los aviones de American Airlines.
La promoción de productos en medio de películas también da lugar a observaciones críticas provenientes de los propios filmes. En "There is something about Mary" (Qué está pasando con Mary), Matt Dillon pide un refresco de vino, pero le ponen una cerveza de una marca famosa en la mesa.
"Te pedí un refresco de vino", dice el personaje de Dillon, apartando del encuadre la cerveza, y ridiculizando cualquier propósito comercializador.
"El Show de Truman", la película del australiano Peter Weir protagonizada por Jim Carrey, explora este mundo mediante la historia de un hombre que no se da cuenta de que es el protagonista de una serie de televisión. Su vida se filma en forma constante, y quienes lo rodean son actores.
Truman se asombra cuando su esposa le advierte con insistencia sobre las virtudes del café de montaña o sobre un nuevo electrodoméstico para la cocina. Mientras él quiere tener una simple conversación conyugal, ella obtiene dinero con las promociones.
"¿De qué diablos estás hablando?", pregunta el enojado Truman una vez que las promociones se tornan demasiado insistentes.
Pero más allá del humor subversivo de este tipo de producciones, las películas de Estados Unidos siguen lucrando con la exhibición de productos, que a cambio se encargan de promocionar la asistencia a los cines.
Superproducciones como "Armaggedon" o "Mulan" exhibieron un fuerte vínculo con los restaurantes McDonald's, mientras que "Hombres de Negro" promocionaba los anteojos RayBan y "El día de la Independencia" se hacía cargo de las computadoras Apple.
Por otra parte, las empresas productoras de películas también obtienen beneficios con la venta de la música de películas, que en el caso de las más taquilleras también suelen convertirse en éxitos de ventas.
Los ejecutivos del mundo del cine tienen un nombre para esta combinación de estrategias: sinergia de mercado. Y la aplican para conseguir que las grandes producciones, en especial los estrenos programados para el verano, logren la mayor cantidad de ingresos posibles.
La estrategia provoca algunos efectos secundarios que tal vez no sean deseados por los especialistas en mercadeo, como por ejemplo el ácido humor de "El Show de Truman", que ha sido un éxito de público sin llevar comerciales, sino burlándose de ellos.
Otro de los efectos secundarios es que los comerciales subliminales podrían resultar más impactantes que la película.
Es probable que un par de horas después de ver "How Stella…" nadie se acuerde de sus dramas emocionales ni de su historia de amor. Pero muchos estarán pensando en la mejor manera de llegar hasta Jamaica. (FIN/IPS/tra-en/fah/kb/lc-ml/cr/98


