/AMBIENTE/: Profunda división de cara a cumbre de cambio climático

Brasil, ya reconocido como potencia ambiental, eligió la disputa Norte-Sur como su frente de batalla en la Conferencia Mundial sobre Cambio Climático de Kyoto, Japón, pero las divisiones en este caso responden a numerosos intereses discrepantes.

Pocas veces el mundo enfrentó un momento de decisiones vitales en esta materia con divergencias tan profundas, opinó Washington Novaes, periodista especializado y ex secretario de Medio Ambiente del Distrito Federal brasileño.

A las diferencias entre países más y menos industrializados, entre continentes y entre las naciones que tienen distintas matrices energéticas se suma la que opone a los isleños o que tienen muchas tierras bajas a los protegidos por la altitud a una probable creciente de los océanos.

En medio a la propuesta más ambiciosa de la Unión Europea, por una reducción de 15 por ciento en las emisiones de gases del efecto invernadero hasta el año 2010, y la de Estados Unidos, que rechaza cualquier disminución en ese período, la diplomacia brasileña cree que puede contribuir a un consenso.

El punto de referencia para los gases que calientan la tierra es el volumen emitido en 1990. Estados Unidos sólo quiere volver a ese nivel hacia el año 2010, compensando apenas el aumento de 13 por ciento en sus emisiones en lo que va de esta década. A partir de entonces aceptaría discutir alguna reducción.

Brasil propone como base de negociaciones no sólo las actuales emisiones, sino el volumen acumulado en los últimos 150 años, ya que varios de los gases quedan todo ese tiempo en la atmósfera, agravando el efecto invernadero.

A los países de industrialización más antigua les toca, por tanto, obligaciones mayores en la solución del problema, sostiene el gobierno brasileño.

El 85 por ciento de la concentracin del dióxido de carbono de origen humano, principal causa del efecto invernadero, proviene de esos países, calcula el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

La "responsabilidad es común, pero diferenciada", definió el embajador Antonio Dayrell de Lima, principal negociador en la cuestión.

Por eso Brasil planteará en Kyotoi que es el mundo desarrollado del Norte el que debe asumir el compromiso de reducir sus emisiones. Los que incumplan las metas, deberán pagar una multa, de diez dólares por cada tonelada de gas carbónico emitida en exceso, por ejemplo.

Las multas formarán un Fondo de Desarrollo Limpio para financiar la introducción de tecnologías sanas en los países en desarrollo.

Esa propuesta cuenta con el apoyo del mayoritario mundo no industrializado.

El presidente estadounidense, Bill Clinton, dejó claro, durante su visita al Brasil en octubre, que rechaza eximir a los países en desarrollo de un aporte. Algunas de esas naciones están incrementando rápidamente su emisión de gases y en poco tiempo anularán el esfuerzo de los industrializados, argumentó.

Pero la diferencia es descomunal, contrarresta Dayrell de Lima. Mientras Estados Unidos emite cinco toneladas anuales per cápita de gas carbnico, Brasil se limita a 0,3 toneladas, es decir 17 veces menos.

Brasil, como los países en desarrollo en general y especialmente los insulares, apoya la meta más ambiciosa propuesta por la Unión Europea.

Las islas, así como los territorios más bajos, defienden su supervivencia, ya que un calentamiento de la Tierra los inundaría al derretir los hielos polares.

Japón, como anfitrión, trata de conciliar las posiciones, con una propuesta intermedia, de reducción de cinco por ciento en relación a las emisiones de 1990 hasta el año 2010 de forma flexible, para permitir bajar la meta a la mitad en casos especiales.

El Norte desarrollado se presenta así muy dividido. Clinton trató de justificar su aislamiento destacando que contener las emisiones representará mayores sacrificios para Estados Unidos.

Alemania pudo contar en su favor la descontaminación de su parte oriental con la simple sustitución de tecnologas, y otros países europeos, especialmente Gran Bretaña, son favorecidos por la sustitución del carbón por combustibles menos poluyentes, como el gas, observó.

Pero se sabe que la posicin de Washington se debe a la presión del sector industrial nacional y a la dificultad de obtener una aprobación del Senado a cualquier compromiso de combate al efecto invernadero que represente costos para la economía del país.

Brasil, en cambio, va a la reunión de Kyoto, entre el 1 y el10 de diciembre, fortalecido por haber acogido la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente de 1992, que aprobó la Convención de Cambio Climático, y por otras credenciales.

El país desarrolló desde los años 70 el programa de alcohol carburante, que reduce la emisión de gases de efecto invernadero y aparece ahora como una importante solución, y posee las mayores reservas forestales del mundo.

Sus bosques amazónicos siguen siendo destruidos por incendios y contribuyendo al calentamiento de la tierrra, pero ello actúa también como un argumento en favor del Fondo de Desarrollo Limpio. (FIN/IPS/mo/dg/en-ip/97/

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