Los denominados "neofujimoristas" y los partidos tradicionales de Perú disputan el espacio político de centro, mientras la izquierda electoral se reconstruye y el presidente Alberto Fujimori envaina sus expectativas de reelección a la espera de mejor oportunidad.
"La espectacular declinación de la popularidad de Fujimori, que bajó de más de 60 por ciento a menos de 20 en pocos meses, abrió el apetito electoral antes de tiempo. A tres años de las próximas elecciones ya comenzaron a asomar las candidaturas", comentó la socióloga Imelda Vega, de la Universidad Católica.
Fujimori no ha renunciado a intentar una segunda reelección consecutiva, posibilidad prohibida por la Constitución, y ha bajado su perfil electoral con la esperanza de que la distensión económica que impondrá entre 1998 y 1999 mejore sus índices en las encuestas, según sus allegados.
Mientras tanto, han ingresado al escenario las candidaturas de los economistas Carlos Bolona y Alejandro Toledo ("un indio graduado en Harvard", segun su propia definición), el social cristiano alcalde del Callao, Alex Kouri (de origen libanés) y los congresistas Fernando Olivera y Lourdes Flores.
Olivera tiene una escoba como símbolo. Se abstiene, por ahora, de formular planes de gobierno. Su única definición doctrinaria es la lucha contra la corrupción.
Por su parte, Flores es la parlamentaria estrella del Partido Popular Cristiano.
El partido Acción Popular, que gobernó entre 1980 y 1985, promueve una alianza electoral con el actual alcalde de Lima, Alberto Andrade, y con el movimiento que dirige Javier Pérez de Cuéllar, ex secretario general de la Organización de Naciones Unidas y candidato derrotado por Fujimori en 1995.
Por otro lado, prosiguen las conversaciones entre los líderes del socialdemócrata Partido Aprista del ex presidente Alan García (hoy asilado en Colombia) y de un sector del extinto frente marxista Izquierda Unida en procura de un acuerdo electoral.
"Todos esos movimientos y candidatos prefieren presentarse como centristas, pero en realidad abarcan un espectro ideólogico muy diverso" que oscila entre "la izquierda socialdemócrata y el neoloberalismo de Carlos Bolona ", sostuvo Vega.
Esta proliferación de centrismos políticos revela un repliegue hacia la moderación en un electorado que en 1985 había brindado 51 por ciento de sus votos al socialdemócrata y 34 por ciento al líder de la marxista Izquierda Unida, Alfonso Barrantes.
La debacle económica en la que acabó el gobierno de García y el temor ante el avance de la guerrilla maoísta dieron el triunfo en 1990, con votos de izquierda, al independiente Fujimori.
Se abrió así una fase caracterizada por el desprestigio y eclipse de los partidos, tanto de izquierda como de derecha.
Todavía se mantiene en el electorado el rechazo a los partidos, según todas las encuestas. Pero las organizaciones políticas han comenzado a "salir del armario" desde enero pasado, dispuestas a llenar el vacío abierto por la caída de la popularidad de Fujimori.
Todos los partidos, tal vez como secuela del rechazo electoral a sus dirigentes que se manifestó en los comicios de 1990 y 1995, se presentan como movimientos de "centro", un fenómeno que ha sido calificado de "centripetismo político".
A pesar de que escribe para La República, un diario que se define "centroizquierdista", el columnista Mirko Lauer dijo que "la expresión centro transpira una falta de sexo político". Se trata, agregó, de una declaración cómoda, "porque abre todas las puertas sin cerrar ninguna".
"Declararse de centro es una manera de no mentir, puesto que siempre será posible encontrar a alguien más a la derecha o más a la izquierda. El subtexto del centrismo es que todo va a mejorar pero nada va a cambiar", agregó Lauer.
En las expresiones de Lauer se lee una crítica al oportunismo que supone acogerse a la indefinición centrista. Federico Salazar, exponente del sector más radical del neoliberalismo peruano y comentarista del diario empresarial Gestión, es aun más tajante en su rechazo a esa clasificación.
"La política peruana es cosa de locos. Desafía los patrones de la lógica y la geometría. Me atrevo a afirmar que en el año 2000 no habrá espacio para los centros. Las posiciones centristas no son alternativa, ni la centroizquierda ni la centroderecha", sostuvo Salazar.
El analista emplazó a los políticos a presentar definiciones y anticipó que el debate preelectoral los obligará a mostrar sus posiciones sobre asuntos controversiales derivados del programa económico y las reformas establecidas por el actual gobierno.
"Por ejemplo, no se puede ser centrista respecto de las medidas que integran el modelo de economía de mercado implantado por Fujimori, ni respecto de la privatización de Petroperú o de la del sistema de seguridad social", afirmó Salazar.
Mientras la oposición se debate en la búsqueda de la imagen política adecuada para capturar el espacio que, se presume, dejará Fujimori, el presidente y su partido dejaron de promover las reformas legales que permitirían una segunda reelección consecutiva.
"Fujimori no ha renunciado expresamente a su proyecto reeleccionista. Lo ha guardado a la espera de recuperar apoyo con su programa de inversiones públicas a partir del próximo año", advirtió el ex parlamentario Edundo Murrugarra.
"Fujimori y sus partidarios se han entusiasmado con el repunte de la popularidad electoral, porque a fines de agosto la aprobación a su gestión subió a 39,5 , aunque su potencial electoral se mantiene bajo, en apenas 15,5 por ciento", expresó Murrugarra.
La disparidad entre el apoyo a su gestión administrativa y el rechazo a su candidatura es atribuida por la socióloga Giovanna Peñaflor, directora del instituto encuestador, a la imagen del mandatario.
"Las encuestas señalan que 65 por ciento del electorado considera a Fujimori dictatorial. Se percibe una cierta frustración porque su programa no ha resuelto la desocupación, el principal problema social, y aunque no tiene todavía alternativas personales, quisiera otro presidente", dijo la experta. (FIN/IPS/al/mj/ip/97