El último escándalo financiero de India, que causó la ruina de numerosos pequeños inversionistas, puso en evidencia la carencia de un adecuado sistema de regulación de la economía, en proceso de liberalización.
En los periódicos indios abundan las noticias sobre un fraude de 300 millones de dólares que involucra a una compañía financiera no bancaria llamada CRB Capital Markets, que registró un crecimiento meteórico en los últimos tres años.
La firma recibió depósitos de numerosos bancos, instituciones y pequeños inversores, a los que prometió un rédito de 36 por ciento.
CRB invirtió los fondos en la bolsa de valores cuando los precios de las acciones estaban cayendo, pero igualmente creó la ilusión, mediante una pomposa publicidad, de que podría devolver los depósitos con sus intereses.
Sin embargo, a comienzos de este año, muchos depósitos fueron retirados en pánico de CRB, y la compañía casi hizo crisis. Su director, Chain Roop Bhansali, desapareció y posteriormente fue localizado en Hong Kong.
Mientras, miles de pequeños inversores perdieron sus ahorros de toda la vida, e instituciones financieras públicas fueron defraudadas en casi 100 millones de dólares.
Aunque en términos absolutos las cantidades involucradas no son demasido grandes, el fraude puso en evidencia el fracaso del sistema de regulación económica de India.
Ni el Banco Central ni su regulador del mercado de capitales, la Junta de Valores y Divisas de India, detectaron a tiempo las numerosas prácticas irregulares de CRB, que incluyeron falsificaciones, depósitos excesivos, falta de garantías y redescuentos de dudosas cuentas.
Los organismos tampoco tomaron medidas meses después de que unas inspecciones revelaron las irregularidades.
CRB es sólo la punta de un enorme iceberg. Al menos otras 50 compañías financieras e industriales embaucaron a inversores en los últimos años, según analistas, y especuladores de la bolsa de valores causaron la ruina de millones de pequeños inversionistas.
"A comienzos de los 90, el gobierno creó una euforia artificial con su política de liberalización indiscriminada, desmantelamiento de los controles industriales y apertura de la economía a la inversión extranjera", observó Nita Mukerjee, ex miembro de la Corporación de Crédito Industrial e Inversión de India.
"El gobierno interpretó el crecimiento de los mercados como una forma de aprobación de su política neoliberal", agregó.
El gran aumento de los precios en la bolsa de valores llamó la atención de unos 20 millones de nuevos inversores, seducidos por réditos tentadores y elevadas tasas de apreciación del valor de las acciones.
Bajo una enorme presión especulativa, reforzada por el apoyo gubernamental, los precios de las acciones se triplicaron con creces entre 1990 y fines de 1992, aunque el crecimiento industrial declinó notoriamente.
Posteriormente, el valor de las acciones cayó a un nivel del que apenas logró recuperarse incluso cinco años después, pese a muchos altibajos. En el proceso, los inversores sufrieron pérdidas por 6.000 millones de dólares.
Más de cinco millones de pequeños inversores fueron espantados del mercado de valores, y la mayoría nunca volverá a invertir.
Uno de los principales factores que provocaron la crisis de 1992-94 fue un fraude que consistió en la negociación y renegociación ilegítima de los mismos valores como garantía subsidiaria para aumentar los precios de las acciones y obtener enormes ganancias.
La suma involucrada se aproximaba a los 4.000 millones de dólares. Varios bancos transnacionales, incluido el Citibank, Standard Chartered, Bank of America y ANZ Grindlays participaron del escándalo.
El fraude dio lugar a una investigación oficial y a la formación de una Comisión Parlamentaria Conjunta multipartidaria que acusó al gobierno de intentar encubrir sus fallas regulatorias.
Finalmente, el gobierno otorgó más poderes a la Junta de Valores y Divisas, que desde entonces enfrenta a las corporaciones y compañías financieras que inventan nuevas e ingeniosas formas de eludir las regulaciones y evadir impuestos.
Desde hace años están pendientes propuestas de reforma del mercado de capital, caracterizado por la especulación, pero el gobierno, temeroso de perder "la confianza de los inversores", las ha puesto en el estante.
Además, los empresarios indios se caracterizan por evadir impuestos. Sólo 12.000 de ellos reportan ingresos anuales equivalentes a 28.000 dólares, pero se estima que el número real es 100 veces superior.
"Esto sólo subraya la necesidad de una regulación más estricta y transparente", destacó el periodista y analista Kannan Srinivan.
Sin embargo, "el gobierno se mueve en la dirección opuesta", agregó, en referencia a los planes para derogar la actual Ley de Regulación de Divisas y otras normas regulatorias. (FIN/IPS/tra-en/pb/an/ml/if/97


