MEXICO: Universitarios canadienses esperan unidad social opositora

La ausencia de una sólida alianza social entre trabajadores y campesinos en México, a pesar de las graves circunstancias económicas que pesan sobre la población, es motivo de sorpresa para universitarios canadienses.

Una cierta perplejidad ante el hecho se vio reflejada en las palabras pronunciadas a principios de diciembre por Dick Roman, sociólogo de la Universidad de Toronto, quien atribuyó la confusa situación a la fragmentación de la oposición y a la falta de un movimiento sindical fuerte e independiente.

Roman dijo que las protestas más coherentes corren por cuenta de los campesinos y los pueblos indígenas que luchan por su derecho a poseer tierra.

En el curso de una conferencia celebrada el 7 de este mes bajo el epígrafe "Reconstrucción de México y Canadá: El Pueblo se Enfrenta al Caos Mundial", Roman señaló que no existe un movimiento de clases trabajadoras urbanas equivalente al que sienta su protesta en el medio rural.

El movimiento rural más destacado es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), cuyo alzamiento armado en el estado de Chiapas, el 1 de enero de 1994, coincidió con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC).

La revuelta zapatista obligó a que el gobierno dominado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se involucrara en un largo proceso de negociación con la guerrilla rebelde.

No obstante, Roman señaló que los zapatistas "no han logrado alcanzar al movimiento sindical".

El sociólogo aseguró que aún debe existir en México la semilla de descontento que en otra época alimentó a la fuerte clase trabajadora urbana e industrial.

Esa clase que, en su opinión, ahora soporta la caída de salarios, las malas condiciones de trabajo, el empleo precario y la competencia creciente de las industrias ensambladoras, con mano de obra no sindicalizada, en el norte del país.

Roman recordó que, con una pocas y valiosas excepciones, el movimiento sindical ha sido históricamente dominado por el PRI, que gobierna en México hace 66 años, sin haber debido enfrentar una oposición hasta tiempos recientes.

La mayoría de los trabajadores pertenece a la "oficial" Confederación de Trabajadores de México (CTM), que no es en verdad un sindicato sino una simple extensión del aparato estatal, útil para controlar la disidencia, según Roman.

El académico reconoció la existencia de sindicatos independientes, más pequeños y vigorosos, pero recordó que no han jugado un importante papel político debido al énfasis que siempre han puesto en las conquistas económicas de corto plazo en lugar de luchar por el cambio político a largo plazo.

Pese a lo poco logrado hasta ahora en el ámbito sindical, el movimiento de trabajadores, según Roman, permite abrigar esperanzas, especialmente debido a la "descomposición del Estado mexicano" que ha provocado la actual crisis económica, impidiendo que el gobierno controle a los elementos radicales.

Los sindicatos protegidos por el Estado carecen ahora de los recursos financieros que en otra época les permitía comprar la complacencia de los trabajadores, lo cual ha facilitado que algunas personas, según Roman, "se separen en busca de un nuevo concepto de sindicalismo".

El sociólogo opinó que si efectivamente sugiera una amplia fuerza opositora que vinculara a trabajadores y campesinos, ello ocurriría sin una cooperación apreciable del Partido Revolucionario Democrático (PRD), que no parece poseer una clara fuerza catalizadora en el momento actual.

El PRD perdió brillo después de la elección presidencial de 1988, cuando, según todas las opiniones, hubiera debido triunfar si no se hubiese impuesto una vez más el fraude del PRI.

La polémica elección de 1988 abrió paso a un significativo desarrollo político, al movilizar a los mexicanos en favor de un cambio institucional y político.

La profesora de Ciencia Política de la Universidad de York, Judith Adler Hellman, expresó su preocupación porque un énfasis exclusivo en la reforma institucional pueda terminar postergando la consideración de otros asuntos políticos.

"El proceso de reforma democrática es colocado como condición prioritaria, sin el cual ninguna otra cosa puede cambiar", señaló Hellman, que fue observadora internacional en las elecciones de 1994.

Hellman añadió que los pueblos indígenas de Canadá y México enfrentan circunstancias muy diferentes.

La académica señaló que todos los mexicanos comparten la idea del uso comunal de la tierra, el cual ocupa un lugar central en el programa de los zapatistas que luchan por los derechos de los indígenas asentados en el estado de Chiapas.

Los grupos indígenas de Canadá, en cambio -más reducidos y geográficamente esparcidos por el territorio del país-, basan sus derechos fundiarios en tratados firmados con los británicos en la época colonial. (FIN/IPS/tra-en/pw/pz/arl/ip/96

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