ARGENTINA: Trabajo solidario, desde la casa y por teléfono

Hasta hace unos años, la solidaridad suponía estar con la gente. Hoy, con el avance de las telecomunicaciones, un grupo cada vez mas numeroso de argentinos, trabaja para los demás sin salir de su casa ni descuidar sus ocupaciones.

Alrededor de 80 voluntarios en Buenos Aires y unos 20 en cada ciudad importante del interior del país integraron hace dos años la Red Solidaria, una organización que vincula a gente necesitada con organismos de ayuda, o simplemente con otras personas dispuestas a atender sus diversas demandas.

Pacientes oncológicos o enfermos de sida que no consiguen sus drogas, embarazadas que sufren la violencia doméstica, gente que necesita un transplante de órgano o una intervención quirúrgica muy costosa, escuelas en condiciones ruinosas de infraestructura o extranjeros ilegales, todos llaman a la Red.

El teléfono es transferido cada tres horas a la casa de los distintos voluntarios que se ofrecen a cubrir franjas horarias. Una vez que reciben el pedido derivan a la persona al lugar adecuado entre una lista de 200 instituciones vinculadas a la Red contenidas en un banco de datos.

Son médicos en catástrofes, comedores escolares, hogares para mujeres golpeadas o prara niños de la calle, biblioteca para ciegos, grupos de autoayuda para enfermos de cáncer, talleres hospitalarios o simplemente grupos de profesionales que ofrecen sus servicios gratis.

El proyecto contradice el resultado de una encuesta realizada por la consultora Cima y Cambio 16 para la VI Cumbre Iberoamericana, realizada este mes en Chile, según la cual de cada 100 consultados sobre el "índice de solidaridad", 79 consideró que "el argentino sólo piensa en sí mismo".

Se trata de un índice de individualismo o falta de solidaridad que en toda América Latina sólo es superado por Colombia.

"Nosotros somos unos románticos", se definió en contraste Juan Carr, coordinador de la Red Solidaria, un veterinario con cuatro hijos pequeños que necesitaba hacer algo más en su vida.

"Cuando la gente se da cuenta que aquí no hay ningún 'curro' (robo), entonces es muy solidaria", dijo Carr a IPS.

El principio básico de la Red es "no recibir cosas ni dinero, sólo vincular", explicó Ana, una voluntaria de 52 años.

"Yo soy artesana y escucho mucho la radio donde llama gente con problemas, pero no podría ir a un hospital o a una villa miseria (barrio marginal), entonces ofrecí dos mañanas a la Red", añadió.

Ana, que hace sus artesanías y limpia la casa mientras atiende el teléfono, mencionó como ejemplo de su trabajo el caso de enfermos de cáncer. En la segunda semana de este mes, el número de pacientes oncológicos que llamaba a la Red saltó del promedio habitual de 15 a 318.

Los faltantes en los bancos de drogas del Estado habían volcado a un flujo masivo de enfermos hacia la Red, que difundió la noticia en la prensa.

"Inmediatamente comenzó a llamar gente que había perdido a un familiar a causa de algún tipo de cáncer y que ofrecía las drogas que les habían sobrado", dijo Ana.

Entonces la Red no recibe los medicamentos sino que le da al donante el teléfono de la gente que la está esperando.

"El gobierno siempre sale a decir que ya lo está solucionando, pero mientras nosotros ofrecemos algo concreto a gente con nombre y apellido que se debate entre la vida y la muerte y que no puede esperar", dijo Carr.

Con sólo dos años de existencia, la Red ya tiene su lista de grandes éxitos.

Una mujer que fue niña de la calle alimenta a niños pobres en su casa. Este año llegó a tener 1.500 por día, una demanda que la obligó a requerir de donaciones a través de la red.

Un taxista que se enteró de la existencia del comedor vendió la licencia de su automóvil en 12.000 dólares y los entregó a la dueña para que pueda tramitar la personería jurídica y así recibir más donaciones.

Cuando pueda recuperar ese depósito obligatorio, el taxista tendrá su dinero. Mientras, es uno más entre los comensales.

"Tenemos una 'fuerza de choque' que sale a hacer campañas. Este invierno nuestro lema era 'que nadie muera de frío en la calle'. Encontramos a un hombre con sida. Ubicamos a su padre, que hacía siete años que no sabía de su paradero. Se lo llevó a su pueblo y el joven murió allí, a los 17 días", dijo Carr.

El coordinador de la Red destacó que cuando se es solidario la gente responde también de esa manera.

"Teníamos a una mujer, madre de dos hijos y sin recursos económicos, esperando para recibir un hígado desde hacía un año. Cuando le tocó su turno, cedió el órgano que le correspondía a un niño que estaba a punto de morir", afirmó.

La llamada fuerza de choque, no sólo sale en busca de personas con necesidades sino que también recoge ejemplos de trabajo solidario. Así, relevaron que en un pueblo de la provincia de Entre Ríos, cercana a Buenos Aires, había una enfermera como único personal de un centro de salud para toda la comunidad.

La enfermera se traslada a la capital tres veces por semana para recibir tratamiento de diálisis.

Otro de los focos de atención de la Red es el de los extranjeros de países vecinos que viven en la pobreza y sin documentos.

"Un paraguayo de 21 años, solo, se internó en gravísimo estado. Necesitaba dos válvulas cardíacas. Costaban 5.000 dólares cada una. Conseguimos las donaciones y el joven volvió sano a su país", dijo Carr.

La Red consigue movilizar dinero y ayuda, pero no se queda con nada.

Su estructura tiene un costo de sólo 150 dólares mensuales de teléfono. Este año recibió dos hectáreas para un hogar para mujeres con sida -un terreno cotizado en 500.000 dólares- y un sitio para hacer una plaza para discapacitados, cuyo precio se estima en 130.000 dólares.

Para difundir la labor de Red Solidaria, Carr escribe artículos en algunos medios de prensa. En diciembre, realizará en Buenos Aires una "exposición" frente al parlamento en la que cada institución de ayuda colocará su puesto promoviendo sus "servicios". (FIN/IPS/mv/ag/

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