Manifestantes palestinos en esta ciudad vivieron hoy la mayor violencia del segundo día consecutivo de enfrentamientos en Cisjordania y la franja de Gaza, arrojando piedras mientras soldados de Israel respondieron con gas lacrimógeno, balas de goma y fuego.
Otros miles se alinearon junto a la ruta principal que une el control fronterizo donde se inicia el enclave bajo control palestino y el centro de la ciudad, apretados contra comercios cerrados, escuchando los disparos de artillería.
Durante horas, ambulancias palestinas hicieron el camino de ida y vuelta, mientras una lluvia de proyectiles era disparada cada pocos minutos desde helicópteros israelíes, y la gente, presa de pánico, corría a buscar protección bajo techos y sótanos de casas y comercios.
La escena se repitió en ciudades de Cisjordania y Gaza, mientras la policía y civiles palestinos atacaban a soldados israelíes en el segundo día de los enfrentamientos más sangrientos desde los acuerdos de paz de Oslo, de 1993.
Parte de los hechos más violentos se registraron en Nablús, donde 42 soldados y colonos israelíes quedaron atrapados bajo el sitio bíblico de la Tumba de Jacob, rodeados por cientos de civiles palestinos que arrojaban piedras y policías que abrieron fuego. Al menos cuatro soldados israelíes murieron en el episodio, dijeron fuentes.
"Esperamos controlar esto. No queremos más sangre", dijo Adnan Joulani, vocero de Orient House, la casi cancillería palestina en Jerusalén.
La violencia reavivó el fantasma de la reanudación de la intifada, el violento alzamiento palestino de siete años que finalizó con la firma del acuerdo de paz, hace tres años, y frustró las expectativas de la comunidad internacional de que ambas partes alcanzaran una solución negociada.
A primeras horas de la noche, 35 palestinos y 11 soldados israelíes habían muerto, mientras los enfretantamientos se prolongaron durante la noche.
El primer ministro de Israel, Binjamin Netanyahu, acortó una visita a Europa en respuesta a la violencia, y, según informaciones, telefoneó al presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat, y le pidió calma ante la situación.
Las violentas demostraciones fueron desatadas por la decisión israelí, tomada esta semana, de abrir un viejo túnel en la ciudad vieja de Jerusalén, que pasa por debajo del complejo de la Mezquita de Omar, el tercer sitio sagrado del Islam.
Líderes religiosos musulmanes afirman que el túnel podría desestabilizar la fundación del complejo.
Pero las manifestaciones de jóvenes en la calle fueron una señal más de frustración a pocos meses de instalado el gobierno de Netanyahu, que dispuso la expansión de los asentamientos judíos en territorios palestinos y la demolición de hogares palestinos en Jerusalén oriental.
"Los israelíes no están manteniendo su palabra. Están construyendo más asentamientos y poniéndole obstáculos a la paz", dijo Thalji Hamid, de 22 años, mientras manifestaba en Ramallah a horas de la muerte de su primo en los enfrentamientos de este miércoles.
"Espero que luchemos. Debemos luchar de nuevo porque es mejor morir que vivir del modo en que nos hacen vivir", sentenció Hamid.
Los acuerdos de paz firmados en Oslo obligan a Israel a retirar sus soldados de Hebrón, el último de ocho poblados de Cisjordania que debía entregarse a los órganos de gobierno palestino.
Además, el gobierno de Netanyahu deberá disponer tres nuevos retiros de tropas que agregarán más territorio a la zona administrada por la , y a abrir un "pasaje seguro" entre Cisjordania y Gaza.
Pero Netanyah se ha resistido a implementar los acuerdos desde que asumió el gobierno en junio, y, en cambio, concentró su relacionamiento con la dirigencia palestina en la reclamación de "reciprocidad".
De ese modo, exigió a los palestinos que cumplieran sus obligaciones (entre las que destacó su obligación de no operar políticamente en Jerusalén y acabar con los grupos extremistas) para que, recién entonces, Israel cumpla su parte.
La plataforma de gobierno de Netanyahu ofrece mucho menos a los palestinos que el anterior gobierno de centroizquierda, que encabezaron Itzhak Shamir hasta su asesinato y, luego, Shimon Peres.
El partido derechista Likud rechaza cualquier posibilidad de creación de un estado palestino en Cisjordania y Gaza, así como un compromiso respecto de Jerusalén, a la que tanto palestinos como israelíes consideran su capital.
Estas medidas, combinadas con la deteriorada situación económica en los territorios autogobernados, abonaron la sensación de desesperación y la impotencia que precipitaron la violencia desatada este miércoles, según el gobierno palestino.
"La situación económica y la frustración nos llevó a esto. La apertura del túnel fue solo la paja que terminó de romper la espalda del camello", dijo el ministro de Agricultura de Palestina, Abdel Jawad Saleh.
"En los últimos cien días, este hombre (Netanyahu) logró retrasar los relojes cuatro años", sostuvo el ministro de Gobierno de Palestina y negociador de los acuerdos de Oslo, Saeb Ereikat. (FIN/IPS/tra-en/dh/fn/lp-mj/ip/96


