EUROPA-ASIA: Diplomacia comercial silenciosa

La "diplomacia comercial silenciosa" que la Unión Europea (UE) utiliza en sus relaciones con las potencias económicas de Asia puede resultar más efectiva en negocios que la aplicada por Estados Unidos, pero es criticada por los sindicatos y por los grupos defensores de los derechos humanos.

Opuesta a la "diplomacia del megáfono" que -en opinión de altos funcionarios comerciales de la UE- aplica Estados Unidos, la nueva política no es del agrado de aquellas organizaciones, que acusan a la Unión de colocar los intereses económicos por delante de la democracia y los derechos humanos en Asia.

El enfoque diplomático se hace por demás evidente en los tratos con China, pero también se han aplicado tácticas del mismo tipo en las relaciones con Japón y Corea del Sur, cuando ha sido necesario aflojar tensiones comerciales.

Después de décadas de sentarse a la vera de los hechos, la UE ha llegado por fin a una nueva estrategia con la que busca elevar sus relaciones con Asia, sin despreciar las reuniones de alto nivel ni las permanentes consultas sobre asuntos comerciales.

No obstante, Amnistía Internacional y diversos grupos defensores de los derechos humanos han sostenido que la UE no debería pasar por alto la mala foja de servicios de China en materia de derechos humanos, especialmente su política hacia Tibet.

La Confederación Internacional de Sindicatos Libres, que tiene sede en Bruselas, reclama que la UE vincule el ingreso de China a la Organización Mundial del Turismo (OMC) con la observación de exigencias mínimas en materia laboral.

La UE está decidida a sacar provecho de la experiencia comercial adquirida en sus últimos tratos con Japón, para extender esta política a otras partes de Asia, empezando por China y Corea del Sur y siguiendo por los miembros de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN).

En las conversaciones mantenidas recientemente con Japón a nivel ministerial, ambas partes acordaron sustituir el enfrentamiento por la cooperación. También decidieron ampliar el alcance de la discusión, agregando al comercio las cuestiones de política exterior y seguridad.

Los funcionarios de la UE afirman que la negativa europea a abrir debates públicos con Japón acerca de las dificultades para acceder al mercado nipón ha demostrado tener más éxito en favor de las exportaciones europeas que el enfoque más agresivo que utiliza Estados Unidos.

Fuentes de la UE informaron que el comercio euro-japonés creció dos veces más rápido que el comercio de la Unión con el resto del mundo, llegando el último año a 119.000 millones de dólares. Las exportaciones europeas al mercado nipón crecieron 25,9 por ciento en el mismo período.

Los líderes europeos y asiáticos se reunieron en Bangkok a principios de marzo para dar aprobación a esta nueva forma de relacionamiento, cuya clave consiste en evitar el enfrentamiento público y centrar los esfuerzos en las negociaciones discretas como forma de superar las dificultades comerciales.

El método empleado con Japón fue mantener frecuentes reuniones técnicas a nivel de expertos para determinar por qué razones las empresas europeas no estaban teniendo un buen comportamiento en el mercado japonés.

La paciencia y persistencia en el método dieron resultado. El superávit comercial japonés con la UE cayó a 21.000 millones de dólares en 1995, del nivel de 31.000 millones registrado en 1992.

Por su parte, tanto los japoneses como otros gobiernos asiáticos apreciaron el esfuerzo de diplomacia silenciosa de la UE, porque también desean diversificar sus mercados.

Los asiáticos admiten que, al contrario de Estados Unidos -que se propone alcanzar "metas numéricas" de acceso al mercado japonés-, los europeos prefieren resolver las cosas a través de la OMC.

En cuanto a China, por ejemplo, la UE ha sido más flexible que Estados Unidos al presionar para que Beijing ingrese en la OMC.

El comisario europeo de Comercio, Leon Brittan, ha insistido en que no se debe esperar que China cambie de la noche a la mañana su sistema comercial, en tanto acepte algunos compromisos esenciales.

Los gobiernos europeos también hacen una distinción entre negocios y política cuando negocian con China, en contraste con la forma en que Washington enfoca el tema de los derechos humanos al tratar con Beijing.

Un ejemplo de ello fue la recepción que Francia dispensó al primer ministro chino Li Peng en la visita que éste realizó a París el mes pasado, cuando se hizo evidente la ansiedad del gobierno y los empresarios franceses por firmar pingües negocios. (FIN/IPS/tra-en/si/rj/arl/if-hd/96)

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