AUSTRALIA: Republicanos rechazan que Isabel II inaugure Olimpíada

El debate entre república y monarquía se calienta nuevamente en Australia. Esta vez, se discute si la reina Isabel II deberá ser quien declare inaugurados los Juegos Olímpicos del 2000, que se celebrarán en Sydney.

La cuestión republicana estuvo algo quieta en Australia en los últimos años, pero volvió a agitarse durante la campaña previa a las elecciones de marzo. El triunfo de la coalición que integran los partidos Liberal y Nacional sobre el Laborista acabó, por el momento, con la discusión.

De todos modos, el asunto regresó a las portadas de los diarios la semana pasada, cuando el presidente del Comité Olímpico Australiano (AOC), John Coates, dijo en la televisión que la reina Isabel II debería ser invitada a abrir los Juegos.

Las normas del Comité Olímpico Internacional (COI) establecen que el jefe de estado del país anfitrión debe ser convocado a declarar en forma oficial la apertura del torneo, recordó Coates, quien acotó que la decisión sobre el asunto corre por cuenta del Comité de Organización de los Juegos de Sydney.

Pero "se debe invitar a la reina, en primera instancia, pues es la jefa del estado, y, si ella no puede, a un representante suyo, que podría ser el gobernador general" de Australia, manifestó.

El príncipe consorte Felipe, duque de Edimburgo, abrió las Olimpíadas de 1956, celebradas en Melbourne, Australia, pues la reina estaba indispuesta. Pero Isabel II en persona fue la encargada de inaugurar los Juegos de Montreal en 1976, en su calidad de jefa de estado de Canadá.

Esa fue la última vez que las OIimpíadas se realizaron en un estado de la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth) en el cual la jefatura del estado recae sobre la corona británica.

La Commonwealth reúne a medio centenar de países que están o estuvieron bajo dominio de Gran Bretaña.

"Es humillante que en un día tan importante tengamos que 'importar' a la reina de Inglaterra para inaugurar nuestros propios Juegos Olímpicos", dijo a IPS Franca Arena, senadora del estado de Nueva Gales del Sur y fundadora del Movimiento Republicano Australiano.

"Da la impresión de que nosotros, como pueblo, creemos que nadie en nuestro país es suficientemente bueno para declarar la apertura de las Olimpíadas frente a la comunidad internacional", agregó Arena.

La victoria electoral de la coalición liberal-nacional conducida por el primer ministro John Howard no significó el entierro de las ideas republicanas, según la senadora.

El laborista Paul Keating, antecesor de Howard, politizó innecesariamente la causa republicana, que perdió terreno como consecuencia de la derrota de su partido en marzo, afirmó Arena, quien, de todos modos, anunció que su movimiento volverá a dar la batalla en breve.

"Estamos preparando nuestro programa para los próximos dos o tres años. Reclamaremos que se vote, a más tardar, en 1998. Para Howard será imposible negar al pueblo el poder de decisión sobre un asunto tan importante como este", sostuvo.

La imagen de Isabel II inaugurando los Juegos Olímpicos también saca de sus casillas a Bob Morgan, director del Centro Educativo Aborigen Jumbunna de la Universidad de Tecnología en Sydney. "Significa un retroceso en el avance de Australia hacia la república", dijo.

Durante el período de Keating, algunos integrantes del gobierno propusieron que se invite a abrir los Juegos Olímpicos a algún líder nativo, posiblemente el presidente de la Comisión de Aborígenes e Isleños del Estrecho de Torres (ATSIC).

Morgan manifestó que eso sería posible si las autoridades manifestaran un compromiso serio a reconocer los derechos de la comunidad aborigen, que, dijo, sufrió pérdidas tremendas de dignidad, cultura y tierras desde el afincamiento en Australia de los primeros colonos europeos en el siglo XVIII.

Pero esta medida sería considerada por los propios indígenas como una "fachada" dirigida a la comunidad internacional, pues el actual gobierno derechista plantea un retroceso en materia de derechos de los aborígenes, según Morgan.

A menos que Australia cumpla sus obligaciones con los pueblos nativos, la apertura de las Olimpíadas a cargo de un líder indígena ofrecería al resto del mundo una imagen falsa de la relación entre las distintas razas del país, agregó.

En lugar de eso, Morgan coincidió con la convocatoria a los 2.000 aborígenes australianos a grandes manifestaciones durante los Juegos Olímpicos si se mantiene el actual clima, iniciativa formulada por el ex comisionado de la ATSIC, Charles Perkins.

En otras tribunas surgen propuestas para que el COI evite involucrarse en una cuestión tan conflictiva para los australianos a través de "ajustes" en las reglas que rigen al organismo.

El diario Sydney Morning Herald recordó en un editorial que el comité olímpico modificó sus normas para permitir que su presidente, Juan Antonio Samaranch, permaneciera un período más en su cargo, que debió haber abandonado al cumplir 75 años de edad.

"Si las reglas pueden ser manipuladas en favor del señor Samaranch, podrían ser ajustadas para no herir los intereses y la sensibilidad de los australianos", argumentó el periódico.

La mayoría de los australianos quieren que una figura nacional declare inaugurada la competencia, como, quizás, el alcalde de Sydney, pues "los Juegos Olímpicos se celebran, como el COI ha afirmado en reiteras ocasiones, en ciudades y no en países", según el Sydney Morning Herald.

"El debate sobre la apertura de las Olimpíadas de Sydney podría ser útil para que el COI preste atención a sus propias y crecientes tendencias imperiales", concluyó el periódico. (FIN/IPS/tra-en/ks/cpg/mj/ip cr/96)

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