La agricultura, el turismo y las malas prácticas pesqueras, junto a erradas políticas oficiales, degradan los famosos remansos de Kerala, uno de los más populares destinos turísticos de India.
“Prefiero la represa a los peces”, comenta el agricultor Ton Noun sobre el proyecto de construir una central hidroeléctrica sobre el río Sesan, cerca de su casa en el nordeste de Camboya. Luego se ríe y pregunta: “¿Qué peces?”.
El pescado es desde hace siglos parte fundamental de la cultura gastronómica del Caribe y constituye una fuente importante de nutrientes esenciales, en especial para las cientos de pequeñas comunidades costeras.
Thomas Effiom, un pescador de 35 años de la pequeña localidad de Jabane, en la camerunesa península de Bakassi, escurre el agua que inundó el piso lodoso de su casa, ritual que practica cada vez que sube el océano Atlántico.
Lloyd Phiri, un pescador del lago Malawi, sabe que esas aguas están bajando. Y lo comprueba en sus capturas, que en los últimos años se redujeron más de 80 por ciento.