Con sus islas desprovistas de ríos y arroyos, desde hace siglos los agricultores de Antigua y Barbuda construyen represas y estanques y recolectan agua de lluvia para irrigar sus cultivos y dar de beber a sus animales.
La particular variación climática que presenta y la combinación de pobreza y una clase media con gran capacidad de consumo hacen de Asia meridional una región complicada para mitigar las consecuencias de eventos meteorológicos extremos.
Una nueva iniciativa alienta a la población de Antigua y Barbuda, asolada por la sequía, a conservar el agua y la energía, dos de los recursos más preciados en este país caribeño.