Ni con los rebeldes ni con el presidente de Siria, Bashar Al Assad; los kurdos han optado por una “tercera vía” en uno de los conflictos más complejos e imprevisibles de las últimas décadas.
Luis Shabi recuerda con nostalgia sus nueve años de noviciado en Roma y un viaje en automóvil por toda Europa antes de volver a Iraq en 1969. “Eran otros tiempos”, suspira el arzobispo caldeo de Bagdad en un búnker en
«Nos costó mucho trabajo llegar hasta aquí, pero valió la pena». El vasco Igor Urizar, principal impulsor de la primera escuela de esquí de Iraq, no disimulaba su satisfacción tras cuatro años de duro esfuerzo.
Vehículos blindados y miles de soldados embozados en pasamontañas negros controlan la entrada a Mosul, 350 kilómetros al noroeste de la capital de Iraq. La sensación de ingresar a un territorio ocupado es inconfundible, solo que esta vez no es
«Aquel 1 de marzo nos dijeron que nos fuéramos a casa y que esperáramos dos días por nuestra seguridad». Mahmud Hassan recuerda con detalles ese momento, que pudo cambiar el curso de la guerra que arrasa a Siria desde hace