Los demócratas arrasan gracias al voto castigo contra Trump

Los líderes demócratas progresistas Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders flanquean a Abdul Al-Sayed, el primer musulmán que ocupará un escaño en el Senado de Estados Unidos. Fue parte de la "ola azul" con la que el Partido Demócrata se hizo con la mayoría en ambas cámaras del Congreso, lo que presagia dos años de nuevas luchas con el presidente Donald Trump, del Partido Republicano. Imagen: Ella Miller / Bridge Michigan

WASHINGTON – El electorado de Estados Unidos castigó sin miramientos el martes 3 al presidente republicano Donald Trump con una “ola azul” en los comicios de mitad de mandato, lo  que produjo triunfos emblemáticos para la sociedad estadounidense y entregó el control del Congreso al opositor Partido Demócrata.

Todavía con recuento de votos en algunos estados, los demócratas ya aseguraron 54 de las 100 bancas en el Senado (que se renueva por tercios cada dos años) contra 44 del Partido Republicano, mientras restan dos por definir.

En la Cámara de Representantes, que cuenta 435 escaños y la mayoría es de 218, los demócratas ya tienen 228 y pueden agregar otros 30 al terminar los escrutinios. En gobernaciones de estados, los demócratas cuentan 28 y los republicanos 20.

Según la historiadora estadounidense Anne Applebaum “las elecciones de mitad de período de 2026 no solo determinaron quién controla el Congreso durante los próximos dos años: también determinan si Estados Unidos, 250 años después de su fundación, sigue siendo una democracia”.

La politóloga y encuestadora chilena Marta Lagos destacó que el comicio sigue a la reelección del presidente izquierdista Luis Inácio Lula da Silva en Brasil y dijo que “la pandemia de extrema derecha en América se detiene. Los dos países más poblados del continente rechazan a la extrema derecha. Juego terminado”.

Mientras los demócratas celebran a rabiar un triunfo cuya dimensión, según todas las encuestas, era impensable hasta hace unas semanas, y los republicanos encajan el formidable revés, el presidente Trump reaccionó a la sonora bofetada de los votantes con señales contradictorias, seguidas con la mayor cautela en las principales capitales del mundo.

Trump, que había sembrado dudas sobre la limpieza de las elecciones en varios estados, reconoció el triunfo demócrata y a través de sus portavoces anunció disposición a trabajar con el Congreso que ellos dominarán.

Pero a la vez publicó la imagen de una gorra en la que su usual inscripción Maga (Haz Estados Unidos grande otra vez) fue reemplazada por la palabra “veto”, en alusión a la potestad presidencial de vetar las leyes que apruebe el Congreso con menos de dos tercios de sus votos, y en la campaña dijo que sería “el señor Veto”.

La campaña, la afluencia masiva de electores, y los resultados, estuvieron bajo la marca del malestar económico por el alza en los precios de alimentos y combustibles -acentuados por la guerra con Irán-, la conducta de Trump rayana en la megalomanía, y la persecución desatada contra los inmigrantes considerados ilegales.

Los dos primeros temas fueron a contravía de la oferta con la que Trump ganó la elección hace dos años, con fuerte impacto en el electorado pobre y de clase media, y favoreció el cambio de bando en estados que viven de la agricultura y la industria.

La demócrata Keisha Lance Bottoms se convirtió en la primera mujer negra elegida gobernadora de estado (Georgia) en Estados Unidos. En muchas reparticiones donde Donald Trump ganó holgadamente la elección presidencial de 2024 el electorado el pasado martes votó en contra de sus candidatos. Imagen: Campaña Lance

También jugo contra Trump, además de su autoritarismo, las denuncias de corrupción que los ganadores demócratas se encargaron de resaltar la noche del martes 3 y anunciaron que investigarían y pondrían freno. Se repite que la familia Trump aumetó su fortuna en 2000 millones de dólares durante el bienio del gobernante en la Casa Blanca.

Y la persecución de los inmigrantes funcionó como un conjuro para dirigir, en contra de los candidatos de Trump, el voto identitario de los latinoamericanos, más de 36 millones en un universo de 250 millones de votantes potenciales.

Ese voto identitario, esparcido por toda la geografía estadounidense, se manifestó con fuerza en estados con gran población de origen latino en el sur y suroeste, California, Arizona, Nuevo México, Texas y Florida, y también en el noreste (Nueva York y Nueva Jersey).

El voto anti-Trump pudo medirse con la afluencia inusual de votantes y en el voto anticipado y por correo. Y evidentemente fue decisivo para producir varias “primeras veces”, resultados sorprendentes y de estreno en el país.

Por primera vez una mujer negra será gobernadora: la demócrata Keisha Lance Bottoms venció en Georgia al millonario republicano Richard Jackson. Por primera vez una persona latina será gobernadora de Texas, la también demócrata Gina Hinojosa desbancó a Greg Abbott, quien gobernaba desde 2015.

Abdul Al-Sayed, un médico de Michigan (norte) y del ala progresista del Partido Demócrata, será el primer senador musulmán en la historia del país. Xavier Becerra, hijo de mexicanos, será el primer gobernador latino en California desde 1878.

James Talarico, un joven seminarista presbiteriano, es el primer demócrata elegido senador en Texas desde 1988. Y en Kansas, estado del corazón agrícola del país, los demócratas no ganaban un asiento en el Senado desde 1932 y lo consiguieron con el pastor metodista Adam Hamilton, un moderado que fue republicano.

La abogada de ascendencia mexicana Gina Hinojosa, primera mujer que gobernará Texas, y primera latina, brinda con el senador electo por ese estado, James Talarico. El triunfo de ambos es parte de la «ola azul», con la que los demócratas arrollaron al Partido Republicano del presidente Donald Trump y se hicieron con el control del Congreso y con bastiones republicanos en las gobernaciones. Imagen Rrss Hinojosa

En New Hampshire (noreste), el demócrata Chris Pappas se convirtió en el primer hombre abiertamente gay que gana un escaño en el Senado.

Los resultados se obtuvieron a pesar de que en estados como Texas y Florida los republicanos redibujaron el mapa de distritos electorales -otro tanto hicieron los demócratas en California- y de la millonaria participación de potentados multimillonarios en el financiamiento de las campañas.

El más notorio fue el aporte de 474 millones de dólares a la campaña republicana que hizo la estrella de la tecnología y hombre más rico del mundo, Elon Musk, de ellos unos 200 millones al rival de Talarico, Ken Paxton. En el lado demócrata destacó el aporte de 80 millones de dólares del magnate Michael Bloomberg.

Con los resultados del martes 3 las miras de la política apuntan ya a 2028, cuando se elegirá al reemplazo de Trump y se renovará de nuevo el Congreso.

Para los republicanos será un duro examen, pues figuras como Ron de Santis, gobernador de Florida, anticipan que su partido probablemente no podrá recuperar el control del Congreso antes de 2032.

Para los demócratas, sin un líder nacional fuerte -el expresidente Barack Obama (2009-2017) no puede ser candidato- el ejercicio de la oposición se combinará con la búsqueda de la candidatura presidencial, lo que augura una puja entre sus corrientes más moderadas y las progresistas.

Se descuenta que el Congreso acentuará el escrutinio sobre los temas nacionales de gobierno y la interpelación de funcionarios y el examen de sus medidas y conductas, incluidas las corruptas, lo que llevará al presidente Trump a utilizar sus facultades para gobernar por decreto cuanto le sea posible.

En política exterior, en cambio, se prevé que el jefe del Ejecutivo aprovechará el margen mucho mayor para adelantar sus criterios y medidas de política exterior.

En lo inmediato, se aguarda lo que decida en relación con el conflicto con Irán, al que Trump amenazó con nuevos ataques una vez superada la cita electoral. Puede que también reactive las cortapisas que impuso al comercio con economías rivales y emergentes, como China, Vietnam o Brasil.

Los gobiernos de América Latina alineados con sus políticas, unos 15 rápidamente inscritos en el “Escudo de las Américas” de Trump para luchar contra el terrorismo y el narcotráfico, ahora deberán delinear un esquema de relaciones con Washington que les permita tener apoyo e influencia bipartidista.

ED: EG

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