Propagación del ébola en África aumenta urgencia de financiación sanitaria nacional 

Descarga suministros humanitarios de emergencia en la República Democrática del Congo en respuesta al brote de ébola. Imagen: Ndomba Mbikayi / Unicef

BULAWAYO, Zimbabue – La muerte por ébola registrada este mes en Kenia pone de relieve la urgencia de la preparación ante emergencias de salud pública en África y cómo los gobiernos del continente están destinando sus presupuestos nacionales al sector sanitario.

El caso de Kenia sirve como llamada a la acción en la lucha contra las emergencias de salud pública en África y pone de manifiesto si los esfuerzos coordinados a nivel local cuentan con los medios adecuados para contener la propagación de enfermedades transmisibles.

«La preparación ante emergencias sanitarias nos da ventaja, y Kenia ha puesto en marcha importantes medidas de control del brote», afirmó Mohamed Janabi, director regional para África de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una situación que contrasta radicalmente con las preocupaciones expresadas en la República Democrática del Congo (RDC), donde los suministros médicos vitales no llegaron hasta 10 días después desde los países vecinos, lo que, en la práctica, permitió que el ébola dejara un rastro de muerte.

A medida que la enfermedad se propaga en su epicentro de Kivu del Norte, en la RDC, han resurgido las preguntas sobre cómo el cierre de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) ha devastado las respuestas a las emergencias de salud pública en toda África.

Este mes, Médicos Sin Fronteras advirtió de que la cepa actual del ébola se estaba propagando tan rápido que, para el personal sanitario de emergencia, «era como luchar contra un megaincendio», lo que aumentó aún más la preocupación sobre cómo la RDC y los países vecinos abordarán la crisis en medio de unos recursos cada vez más limitados.

A pesar de que a menudo se la cita por su enorme riqueza mineral, la respuesta de la RDC al ébola se ha visto lastrada por un sector sanitario con financiación insuficiente, en el que las agencias humanitarias internacionales luchan por proporcionar atención médica básica.

A medida que la nueva cepa del ébola se afianzaba en el este de la RDC, Amadou Bocoum, director nacional de la internacional Cooperativa para la Asistencia y la Ayuda en Todas Partes (Care) en la RDC, lamentó que «con la financiación adecuada, habríamos tenido existencias preposicionadas y habríamos comenzado a distribuir suministros esenciales».

Entre esas carencias citó el haber podido contar desde el primer día con los equipos de protección individual (Epis), mientras «en cambio, empezamos sin nada y perdimos diez días».

Estas preocupaciones sobre la financiación fueron planteadas por la Comisión Económica para África (Cepa) de las Naciones Unidas, en la 76.ª sesión del Comité Regional de la OMS para África, celebrada en Adís Abeba en agosto.

La Cepa señaló que «el modelo de financiación sanitaria de África sigue siendo estructuralmente frágil», ya que los gobiernos no asignan presupuestos adecuados al sector sanitario.

Los gobiernos africanos y otros actores del sector sanitario ya han dado la voz de alarma ante la decisión de la administración de Donald Trump de congelar la Usaid, lo que ha provocado una escasez en todo el continente de todo tipo de productos, desde preservativos hasta medicamentos contra la malaria y el VIH/sida.

En la conferencia del Comité Regional de la OMS, la Cepa expresó su preocupación por el hecho de que «la ayuda sanitaria externa se haya reducido casi un 30 por ciento» y, a medida que se propaga el ébola, los efectos de ese déficit se están dejando sentir con consecuencias catastróficas.

El impacto de la dependencia de la ayuda al desarrollo exterior quedó patente en las palabras de Aboubakri Diaw, responsable de la Iniciativa de Financiación Sostenible de la Cepa, quien declaró ante la asamblea que «África no tiene un déficit de reformas. Tiene un déficit de reformas con financiación sostenible».

«Las estrategias de financiación sanitaria están archivadas. Se han aprobado planes de seguros, pero tienen dificultades para obtener financiación. Se han definido paquetes de prestaciones, pero no se han presupuestado en los marcos de gasto a medio plazo. Una reforma sin partida presupuestaria no constituye una política», afirmó Diaw.

Los gobiernos africanos se comprometieron en 2001, en la Declaración de Abuja, a destinar 15 % de los presupuestos nacionales a la salud, pero los países no han cumplido este objetivo, ya que algunas asignaciones oscilan entre un mínimo de 2 % y un máximo de 12 %, según la OMS.

Para hacer frente a la crisis de financiación de la salud pública, la Cepa afirma que lo que sigue siendo crucial es «un replanteamiento fundamental de la forma en que los gobiernos africanos y sus ministerios de Hacienda financian los sistemas sanitarios» en un continente donde millones de personas carecen de acceso a la atención médica básica y no pueden permitírselo.

«La ayuda exterior cubrió más de 30 % del gasto sanitario y, en unos 13 países analizados por la Cepa, los hogares pagan más por la salud que sus propios gobiernos», afirmó Diaw.

Añadió que «muchos países del continente gastan ahora más en el servicio de la deuda que en salud pública».

En medio de estos retos y de las prioridades contrapuestas del gasto público, aún no está claro cómo abordarán los gobiernos estas nuevas realidades de financiación de la salud pública, ya que persiste la presión de las instituciones crediticias internacionales para que los países africanos devuelvan miles de millones en préstamos.

Sin embargo, los analistas consideran que la crisis de financiación forma parte de la arquitectura política más amplia de África, en la que la planificación a corto plazo de los gobiernos en el poder da prioridad a proyectos estrechamente vinculados al ciclo electoral.

«Los gobiernos tienen que encontrar un equilibrio entre la salud y las infraestructuras, la seguridad, la educación, la protección social y otras prioridades», afirmó Pakhani Mhazo, investigador en salud pública afincado en Sudáfrica.

Sin embargo, explicó, «la preparación sanitaria suele generar beneficios que no son visibles de inmediato para los votantes».

Por ejemplo, dijo, «si se invierte en vigilancia de enfermedades, laboratorios y sistemas de emergencia, y se consigue evitar que un brote se convierta en una crisis, no hay ningún acontecimiento evidente que los votantes puedan percibir como resultado de esa inversión.

Mientras tanto, sin fuentes claras o inmediatas para cubrir los déficits de financiación que deja la ayuda internacional, los gobiernos africanos tienen mucho trabajo por delante y, como recordó Claver Gatete, secretario ejecutivo de la Cepa, a los ministros africanos.

Lo hizo durante el Foro de Alto Nivel sobre Financiación Sostenible de la Salud celebrado en abril de este año: «La salud no es un gasto; es una inversión: en las personas, en la productividad y en la prosperidad».

T: MF / ED: EG

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