NACIONES UNIDAS – Con el telón de fondo de las protestas juveniles y obreras que agitan a una docena de países, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, propuso este jueves 22 “atar cabos” entre las manifestaciones callejeras y la desigualdad que le sirve de combustible.
“En Europa y otras regiones, muchos han salido a la calle frustrados por el aumento del costo de la vida. Y para los jóvenes, la promesa de un futuro mejor se aleja cada vez más de su alcance”, expresó Guterres.
A lo largo de octubre, manifestaciones callejeras en reclamo de educación, vivienda y otras reivindicaciones, han cruzado numerosas ciudades en España, Francia, Italia, Albania, Grecia, Polonia, Serbia, Bélgica, Alemania, Austria, Irlanda, India, Chile, Costa Rica y Colombia.
También en Portugal, país que Guterres gobernó como primer ministro entre 1995 y 2002. El primero de enero entregará el cargo de secretario general de la ONU, que ocupa desde 2017.
En varias ciudades europeas las manifestaciones degeneraron en desórdenes, incendios y saqueos, fuerte represión policial con heridos y centenares de detenidos, y varios gobiernos aumentaron prohibiciones y castigos para encarar las protestas.
“Permítanme ser claro”, dijo Guterres a periodistas en la sede de la ONU poco antes de emprender viaje a Egipto: “La violencia y la destrucción que hemos visto en las calles son inaceptables, y los responsables de las actividades delictivas deben rendir cuentas”.
Pero “al mismo tiempo, no podemos permitir que la violencia intolerable eclipse las quejas legítimas y muy reales de los numerosos manifestantes pacíficos”.
“Debemos atar cabos y comprender mejor hasta qué punto esas quejas, tan reales y expresadas de forma pacífica, están íntimamente relacionadas con la agitación generalizada que se vive en nuestro mundo”, agregó el veterano político y diplomático.
Presentó la desigualdad como combustible de las protestas y de la guerra; “En todas partes aumentan las presiones por el precio de los alimentos, el combustible y otros básicos. Los tipos de interés han subido, para las personas y los países. Y para los jóvenes, la promesa de un futuro mejor se aleja cada vez más”, insistió.
En su opinión, ese panorama “expone la injusticia fundamental de un sistema económico que obliga a quienes menos tienen a absorber los mayores choques”.
Planteó una vez más que la comunidad internacional debe combatir la desigualdad y evitar que las guerras se expandan, para garantizar un mundo más seguro para todos.
Mencionó las guerras en Medio Oriente, Ucrania, Sudán y Yemen, donde los civiles y las infraestructuras civiles son atacadas deliberadamente, y dijo que “el conflicto alimenta el conflicto. Y las consecuencias viajan cada vez más lejos y más rápido”.
«Pero las consecuencias no se detienen en las zonas de combate, ya que la guerra altera los mercados energéticos, el transporte marítimo, las cadenas de suministro y los sistemas financieros”, agregó.
Esos choques “golpean a un mundo que ya era profundamente desigual, donde algunos pueden absorber precios más altos, mientras que otros deben elegir entre comer o calentarse”.
Además, mientras algunos países pueden pedir prestado más barato para proteger a su población, otros deben elegir entre pagar la deuda o invertir en salud, educación y futuro, y “la guerra no crea todas estas desigualdades, pero las alimenta y explota”.
Por ello insistió en que se debe “abordar las desigualdades que dividen a las sociedades y detener los conflictos que multiplican el sufrimiento humano, hacen subir los precios, drenan recursos del desarrollo y separan aún más un mundo ya de por sí desigual”.
“La gente de todas partes quiere seguridad. Quiere dignidad. Quiere que los gobiernos y las instituciones internacionales cumplan”, concluyó.
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