El mundo tiene los ojos puestos en Noruega. ¿Protegerá el país la Antártida?

Este es un artículo de opinión de Liv Arnesen es exploradora polar noruega, educadora y embajadora de Nuestra Antártida.

Las exploradoras Liv Arnesen y Ann Bancroft durante su cruce por la Antártida. Imagen: Agnes SK

OSLO – Un boicot mundial a los productos derivados del krill antártico (Euphausia superba, un pequeño crustaceo parecido al camarón) está ganando adeptos. Como noruega, quiero que mi país —la mayor nación pesquera de krill del mundo— cambie de rumbo en lo que respecta a la protección de la Antártida.

Científicos, exploradores y defensores de los océanos instan a los consumidores a dejar de comprar suplementos y alimentos para mascotas que contengan krill antártico, así como a evitar el pescado de piscifactoría alimentado con piensos que lo contengan.

Esto se suma a las medidas adoptadas anteriormente por minoristas —desde Holland & Barrett en Reino Unido hasta DM-drogerie markt en Alemania, pasando por los gigantes de los supermercados Woolworths y Coles en Australia— para retirar los suplementos de krill de sus estanterías.

Espero que mi gobierno esté prestando atención. Este boicot está sacando a la luz una industria poco conocida y ejerciendo presión sobre los gobiernos que la apoyan.

La autora, Liv Arnesen

Los 27 miembros de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA)  se reunieron entre los días 19 y este jueves 30 de octu bre, en Hobart, en la región australiana de Tasmania, para negociar las normas de pesca y la protección marina del último lugar virgen de nuestro planeta.

Las medidas que adopte Noruega a partir de ahora tendrán repercusiones mucho más allá de nuestras fronteras.

En 1994, esquié en solitario hasta el Polo Sur, convirtiéndome en la primera mujer en hacerlo sin ayuda y por mi cuenta.

Seis años más tarde, Ann Bancroft y yo cruzamos la Antártida, esquiando desde la Tierra de la Reina Maud, pasando por el Polo Sur, hasta el mar de Ross. Esos viajes acapararon los titulares de todo el mundo, poniendo de relieve los logros de las mujeres. Para mí, marcaron el inicio de una conexión con la Antártida que durará toda la vida.

La Antártida me enseñó lo que significa vivir según las reglas de la naturaleza. Su inmensidad parecía casi atemporal. Pero al volver como guía y conferenciante, y al remar por sus aguas, mi sensación de permanencia ha dado paso a la preocupación. La actividad humana está cambiando este lugar remoto. Lo que antes parecía fuera de nuestro alcance está cada vez más expuesto a nuestro apetito por los recursos.

Entre ellos se encuentra el krill: pequeños animales parecidos a los camarones o gambas que sirven de sustento a ballenas, pingüinos, focas y aves marinas.

Sin embargo, capturamos krill para elaborar suplementos, comida para mascotas y pienso para la acuicultura, mientras que el cambio climático altera las condiciones de las que depende el ecosistema.

Este mes de octubre, los científicos han informado de que la población de pingüinos de barbijo de la isla Zavodovski se ha reducido en casi dos tercios desde 2011, ya que el calentamiento de las aguas está alterando la disponibilidad de krill, su principal fuente de alimento.

Esto plantea una pregunta urgente: ¿cómo podemos justificar la expansión de la pesca industrial cuando el ecosistema del que depende está cambiando tan profundamente?

Como principal nación pesquera de krill antártico, Noruega no puede seguir reivindicando el liderazgo en la protección de los océanos mientras considera las necesidades de la fauna antártica como algo secundario frente a la expansión comercial.

Durante dos temporadas consecutivas, la flota de krill ha alcanzado el umbral de captura de 620 000 toneladas meses antes del final de la temporada, lo que ha obligado a un cierre anticipado. Esto no es prueba de que la gestión esté funcionando.

Esa cifra total de capturas oculta hasta qué punto la pesca se ha concentrado en las zonas de alimentación de ballenas, pingüinos y focas tras la expiración de las restricciones regionales en 2024.

Puede que el krill sea abundante en un océano inmenso, pero la fauna necesita su alimento allí donde pueda alcanzarlo. Un pingüino que alimenta a sus polluelos debe regresar repetidamente a su colonia. El krill que se encuentra a cientos de kilómetros de distancia no puede sustituir al alimento extraído de las aguas cercanas. La gestión pesquera debe tener en cuenta esas necesidades locales.

Las decisiones de la CCRVMA requieren el consenso de los 27 miembros. Noruega no puede lograr un acuerdo por sí sola, pero el gobierno noruego debe utilizar su influencia para impulsar una protección más sólida.

Debe apoyar una moratoria sobre la pesca del krill antártico hasta que existan normas vinculantes y basadas en la ciencia que protejan las zonas de alimentación vitales para la fauna silvestre. La pesca solo debería reanudarse cuando haya pruebas actualizadas que demuestren que no dañará el ecosistema.

Las áreas protegidas necesitan restricciones efectivas que salvaguarden los hábitats y la fauna a largo plazo.

Noruega debe apoyar todas las áreas marinas protegidas propuestas —alrededor de la península Antártica, la Antártida oriental y el mar de Weddell— y trabajar para garantizar su adopción. Estas áreas deben proporcionar una protección significativa y duradera, sin condicionarla a la autorización para capturar aún más krill en otros lugares.

China y Rusia deben dejar de bloquear su adopción.

El uso del krill antártico como suplemento alimenticio atenta contra la conservación del Polo Sur. Imagen: Guía Antártida

La industria noruega del krill afirma que apoya la protección marina y una mejor gestión pesquera. Ese compromiso debería incluir la aceptación de una moratoria. Pero también deberíamos preguntarnos: ¿por qué las empresas noruegas siguen extrayendo esta fuente de alimento de la Antártida?

Ya existen fuentes de omega-3 a base de algas que se utilizan en los suplementos. Una moratoria es la prioridad inmediata. A largo plazo, los gobiernos y las empresas deberían invertir en alternativas y planificar la eliminación gradual de la pesca comercial de krill.

La industria del krill de Noruega está estrechamente vinculada a uno de los multimillonarios más ricos del país. Nuestro gobierno debe explicar qué intereses está defendiendo: ¿los de las empresas privadas o los de una de las últimas grandes zonas vírgenes de la Tierra?

He llevado la bandera de Noruega por toda la Antártida. Quiero que nuestra delegación lleve a Hobart un compromiso claro con su protección: apoyar una moratoria sobre la pesca comercial de krill, garantizar áreas protegidas significativas y rechazar el aumento de las capturas.

El mundo está pendiente. Noruega debería darle una razón para creer que la protección aún puede prevalecer sobre el beneficio económico.

T: MF / ED: EG

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