GINEBRA – La guerra entre ejércitos rivales en Sudán entra este 15 de abril en su cuarto año, sin solución a la vista y tras provocar la mayor crisis de desplazamiento en el mundo, 14 millones de personas, destacó un reporte de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
Desde que comenzó la guerra en abril de 2023, más de nueve millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares y permanecen desplazadas dentro de Sudán, y al menos 4,4 millones han escapado a los países vecinos, principalmente Chad, Egipto y Sudán del Sur, pero también Etiopía y la República Centroafricana.
“Para muchas de ellas, el desplazamiento ha sido un ciclo repetido y agotador de huida hacia una seguridad relativa, solo para tener que huir de nuevo. Hoy, uno de cada cuatro sudaneses está desplazado”, lamenta el reporte de Acnur.
Millones de niños y niñas llevan ya tres años de su infancia desplazados, con consecuencias profundas y duraderas para su futuro. Más de 58 000 menores llegaron solos a países vecinos, separados de sus familias durante la huida, a menudo heridos y profundamente traumatizados.
Los países vecinos que acogen a la mayoría de los refugiados sudaneses, en particular Chad, Egipto y Sudán del Sur, están al límite de su capacidad, de acuerdo con el reporte divulgado por Acnur desde esta ciudad suiza.
Siguen llegando personas desde Darfur (región oeste de Sudán) a Chad, mientras Sudán del Sur lucha por atender tanto a los refugiados sudaneses como a casi un millón de sursudaneses que han regresado desde abril de 2023, en medio de su propia crisis, que también se está agravando.
En abril de 2023 estalló la guerra entre ejércitos rivales que fueron aliados frente a un depuesto gobierno civil, las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), del general y presidente Abdel Fattah al Burham, y las Fuerzas de Respuesta Rápida (FAR) del también general Mohamed Hamdam “Hemedti” Dagalo.
Ambos ejércitos han recibido apoyos de potencias medianas de la región, como Arabia Saudí, Egipto, Irán y Turquía que han provisto de armas a Burham, o los Emiratos Árabes Unidos, Etiopía y Libia (el gobierno de su zona oriental) que han respaldado a las fuerzas de Dagalo.
Junto con la lucha por el poder y una rivalidad sustentada parcialmente en bastiones regionales, subyace la búsqueda de control de las riquezas de oro y otros minerales en ese país de 1,8 millones de kilómetros cuadrados y 51 millones de habitantes.
Los esfuerzos diplomáticos de un grupo conocido como Quad (Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos) no dieron resultado a lo largo de 2025 y se encuentran estancados.
En el terreno, el control del país está prácticamente partido por mitad, con las FAR dominando en el oeste y el sur, y las FAS el centro-este a lo largo del río Nilo (a cuyas orillas está la capital, Jartum), el oriente y el norte fronterizo con Egipto.
La violencia continúa en parte de Darfur y en la extensa región central y sureña de Kordofán, y el estado de Nilo Azul (sureste), con creciente uso de bombardeos aéreos y drones, lo que obliga a más personas a huir.
Acnur reporta que siguen produciéndose numerosas violaciones de los derechos humanos, incluida la violencia sexual como arma de guerra, el reclutamiento forzoso, las detenciones arbitrarias, las masacres, secuestros y otros abusos.
El colapso de los sistemas de salud, de las fuerzas del orden y de los mecanismos de justicia ha generado un clima de impunidad generalizada. Las supervivientes de violencia se enfrentan a duros obstáculos para denunciar los hechos y acceder a servicios médicos, psicosociales y legales.
También hay reportes de que un número creciente de sudaneses desplazados está regresando a zonas donde los combates han remitido considerablemente, incluida la capital, donde numerosas áreas de viviendas y servicios quedaron destrozadas.
La mayoría ha regresado a Jartum y a los estados de Al Jazeera y Sennar (oriente), tres zonas donde las condiciones son extremadamente precarias, con infraestructuras y servicios básicos están en gran medida destruidos, la economía devastada y el tejido social profundamente dañado.
También está aumentando el número de sudaneses que emprenden el peligroso viaje a través de Libia hacia Europa, pues más de 14 000 sudaneses llegaron a suelo europeo entre 2024 y 2025, lo que supone un aumento del 232 % desde que comenzó el conflicto.
“Estos movimientos no responden ni a una elección ni a la conveniencia, sino a la falta de perspectivas de paz y a las necesidades no cubiertas tanto en Sudán como en los países de primera acogida”, sostiene Acnur.
Para enfrentar el drama sudanés, señala Acnur, las agencias humanitarias solo han recibido hasta ahora 16 % de los 2800 millones de dólares necesarios para proporcionar asistencia dentro de Sudán, y apenas ocho por ciento de los 1600 millones de dólares requeridos para la respuesta regional a los refugiados.
Sin una renovada y sostenida atención y apoyo internacionales, el sufrimiento y los riesgos no harán sino aumentar para los millones de personas desplazadas y para la región en su conjunto, agravando aún más una crisis ya de por sí desestabilizadora y costosa de resolver”, concluye el reporte de la agencia.
A-E/HM


