Los mineros artesanales del oeste de Kenia se alejan del mercurio

Mineros artesanales trabajan en un sitio de procesamiento libre de mercurio en Bushiangala, Ikolomani, condado de Kakamega, Kenia. Imagen: Chemtai Kirui / IPS

KAKAMEGA, Kenia – A esta tierra la llaman Bushiangala. El oro se extrae aquí desde hace casi un siglo. En 1931, prospectoras coloniales llegaron tras hallarse indicios en el cercano río Yala, lo que desató una fiebre que transformó este tranquilo rincón del oeste de Kenia.

Las autoridades coloniales tomaron rápidamente el control del auge, introduciendo leyes mineras que restringían el acceso, mientras empresas como Rosterman Gold Mines dominaban la producción, empleando mano de obra local incluso cuando las ganancias salían de la región.

Cuando las operaciones industriales colapsaron en la década de 1950, dejaron algo más duradero: una economía minera informal que nunca desapareció.

Durante más de 70 años, los mineros artesanales, conocidos localmente como “wachimba migodi”, trabajaron estos yacimientos a mano, excavando, triturando y lavando el mineral con técnicas transmitidas de generación en generación.

El mercurio llegó mucho después.

Josephine Liabule Mkhobi creció cerca de los pozos. Recuerda haber visto a mineros mayores procesar oro con agua y bateas. “Nuestros padres nunca usaron mercurio”, dice Mkhobi.

“Este método empezó alrededor de 2008”, asegura. Introducido como una alternativa más rápida, el mercurio se extendió rápidamente, acelerando la extracción de oro, pero dejando una contaminación que no desapareció.

Con el tiempo, las fuentes de agua en toda la región del lago Victoria se volvieron cada vez más inseguras, con niveles de mercurio en algunos pozos que alcanzaban hasta diez veces las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La contaminación ahora se extiende a lo largo de una franja rica en oro que incluye Kakamega, hogar de Bushiangala, así como Vihiga, Siaya, Busia y Kisumu, y se prolonga hacia Migori, cerca de la frontera con Tanzania.

Un estudio de 2026 publicado en Environmental Health encontró que el agua y los lodos utilizados en estos pozos mineros contienen concentraciones de arsénico, cromo y mercurio hasta 100 veces superiores a las de las aguas superficiales locales.

Los investigadores advirtieron que los mineros, y los niños que viven cerca, están en contacto directo y frecuente con estas mezclas tóxicas, que finalmente drenan hacia el ecosistema más amplio del lago Victoria.

Gladys Akitsa, minera artesanal de oro, mezcla mercurio con concentrado aurífero en el sitio minero de Bushiangala, en Ikolomani, en el condado de Kakamega, en Kenia. Imagen: Chemtai Kirui / IPS

El lento veneno del mercurio

Para los mineros en el terreno, estas toxinas ya no son una cuestión abstracta. Timothy Mukoshi, minero, recuerda a un colega que empezó a perder la memoria lentamente. Retiraba dinero del banco y luego olvidaba dónde lo había puesto.

Como muchos mineros aquí, solía quemar amalgamas de oro y mercurio para separar el metal, un proceso que libera vapores tóxicos. Tras su muerte, dice Mukoshi, la causa quedó clara: una autopsia encontró rastros de mercurio en su cerebro. “El mercurio es lo que se llama un veneno lento”, dice.

Durante años, los riesgos asociados al uso de mercurio en la minería pasaron en gran medida desapercibidos. Ahora, Bushiangala intenta algo distinto. En los mismos sitios donde las mujeres trituran mineral y lavan oro a mano, los mineros están formando cooperativas e introduciendo métodos que permiten recuperar el oro sin este metal tóxico.

Los mineros dicen que el cambio cobró impulso después de que iniciativas de formación llegaran a la zona a través del programa planetGOLD, una iniciativa global respaldada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM).

La iniciativa está liderada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), con la implementación a nivel nacional en Kenia por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para reducir el uso de mercurio en la minería artesanal y de pequeña escala de oro.

“El programa planetGOLD es nuestra principal iniciativa para abordar el uso de mercurio en la minería artesanal y de pequeña escala de oro. Al ayudar a los países a identificar, probar y ampliar técnicas de minería y procesamiento, no solo apoyamos una mejor recuperación del oro, sino que también empoderamos a los mineros para que abandonen el uso de mercurio”, afirma Anil Bruce Sookdeo, coordinador de químicos y residuos y especialista ambiental sénior del FMAM.

Y añade: “Nuestro enfoque es integral: facilitamos la formalización del sector, ampliamos el acceso a financiamiento para la actualización tecnológica y conectamos a los mineros con cadenas de suministro de oro formales y más fiables».

«Cuando las tecnologías limpias son económicamente viables, el financiamiento es accesible y existe un mercado confiable para su oro, es mucho más probable que los mineros adopten métodos sin mercurio”, dice el especialista del Fondo, también conocido por GEF, su sigla en inglés.

Mujeres mineras se reúnen en un sitio de procesamiento de oro en Bushiangala, Ikolomani, en el condado keniano de Kakamega. Imagen: Chemtai Kirui / IPS

Sacando a los mineros artesanales de las sombras

El proyecto planetGOLD Kenia, conocido localmente como Imka, colabora con el Ministerio de Minería y el Ministerio de Medio Ambiente para abordar la causa raíz de la crisis del mercurio: la informalidad.

Al sacar a los mineros de las sombras e incorporarlos en cooperativas legales, el proyecto busca reemplazar prácticas tóxicas por sistemas formales libres de mercurio.

“Al principio, muchos mineros tenían miedo de unirse a cooperativas”, dice Mkhobi, presidenta de la Cooperativa de Mujeres Mineras de Bushiangala. “Pensaban que significaba perder su dinero o verse obligados a algo que no entendían. Pero cuando comprendieron los beneficios, más personas empezaron a sumarse”, agrega.

Kakamega cuenta actualmente con 24 cooperativas mineras registradas en varios subcondados productores de oro. Pequeños grupos de apoyo se integraron en cooperativas registradas, creando una estructura a través de la cual los mineros pueden acceder a formación, equipamiento y reconocimiento formal bajo la Ley de Minería de 2016.

Mineros se encuentran en la entrada de un pozo en el sitio minero de Bushiangala en Ikolomani, en el condado keniano de Kakamega. Imagen: Chemtai Kirui / IPS
Un minero artesanal utiliza una canaleta para separar el oro del mineral triturado en el sitio minero de Bushiangala en Ikolomani, en el condado de Kakamega. Imagen: Chemtai Kirui / IPS
Mujeres procesan mineral de oro triturado en el sitio minero de Bushiangala en Ikolomani, dentro del condado keniano de Kakamega. Imagen: Chemtai Kirui / IPS

El uso de mercurio reemplazado por procesamiento mecánico

Los sistemas de procesamiento mecánico están reemplazando al mercurio dentro de las cooperativas. Mineros que antes dependían de una tapa de mercurio ahora aprenden a usar concentradores gravitacionales y mesas vibratorias, sistemas mecánicos que utilizan fuerza física, en lugar de químicos tóxicos, para extraer el oro del polvo.

En Bushiangala, una planta demostrativa libre de mercurio funciona ahora como campo de entrenamiento donde los mineros practican el uso del nuevo sistema bajo supervisión. Manuales técnicos que antes existían solo como documentos de ingeniería se están traduciendo en pasos prácticos aplicables directamente en los pozos.

Las sesiones de formación son dirigidas por personal técnico del programa planetGOLD junto con funcionarios mineros regionales y líderes de cooperativas, combinando orientación técnica con el conocimiento práctico que los mineros ya poseen.

La supervisión del sitio se realiza a través de un Comité Conjunto de Implementación que reúne a reguladores nacionales, gobiernos de condado y representantes de las comunidades mineras.

Al proporcionar tierras y supervisión rutinaria, los gobiernos locales asumen gradualmente mayor responsabilidad en el sector, un esquema diseñado para garantizar la continuidad incluso cuando los socios internacionales se retiren.

Convine Omondi, asesor técnico principal del proyecto, señaló en un informe de planetGOLD de 2025 que involucrar directamente a las autoridades locales ayuda a convertir lo que comenzó como una iniciativa financiada por donantes en algo gestionado y sostenido a nivel local.

Los materiales y herramientas de capacitación que se prueban aquí forman parte de un esfuerzo más amplio del programa planetGOLD para compartir experiencias entre países.

Las lecciones de Kenia se documentan y adaptan para otras regiones mineras artesanales, en lugar de copiarse directamente.

A comienzos de 2026, Kenia había identificado seis sitios demostrativos en Kakamega, Vihiga, Migori y Narok. Las cercas y estructuras ya se completaron, y los sitios están entrando en fase de puesta en marcha.

Se espera que el equipamiento pesado y la operación completa lleguen más adelante este año.

Aun así, el progreso es gradual. Un sitio solo se considera plenamente operativo cuando la maquinaria está instalada, los servicios como agua y electricidad son fiables y las cooperativas certificadas utilizan activamente las instalaciones.

“Primero nos sensibilizaron sobre lo peligroso que es el mercurio”, dice Mukoshi, quien trabaja en los yacimientos de Kakamega desde finales de la década de 1990 y ahora preside la Unión de Cooperativas Mineras de Kakamega. “La gente se dio cuenta de que es peligroso. Ahora muchos sitios llevan registros y los mineros también están aprendiendo que cuando se extrae, hay que rehabilitar la tierra”, agrega.

Sanar la tierra, trabajar juntos

Este enfoque de restauración ambiental se extendió más allá de Kakamega. En el vecino condado de Vihiga, el cambio hacia la rehabilitación del entorno está siendo liderado por mujeres que ven la salud del bosque como inseparable de la suya.

“La capacitación también introdujo la rehabilitación ambiental, alentando a los mineros a restaurar la tierra excavada una vez finalizada la extracción”, dice Shebby Kendi, presidenta de la Sociedad Cooperativa de Mujeres Elwunza.

Pero para Mkhobi, el cambio no es solo sobre el suelo o los químicos. También se trata de poder de negociación. Al pasar de pozos dispersos a cooperativas organizadas, los mineros comienzan a actuar colectivamente en un comercio donde los individuos tienen poca influencia.

“Ahora, gracias a la capacitación, estamos aprendiendo a organizarnos, llevar registros y trabajar como cooperativas”, dice Mkhobi. “Cuando nos unimos, tenemos más fuerza en el mercado”, añade.

En una región donde los precios del oro suelen ser dictados por intermediarios, esa fuerza colectiva está empezando a cambiar la forma en que los mineros negocian.

Una mujer en la mina artesanal de oro de Bushiangala, en el oeste de Kenia, donde el mercurio se utiliza comúnmente en el procesamiento del oro, expresa sus preocupaciones de salud entre los trabajadores, el 23 de marzo de 2026. Imagen: Chemtai Kirui / IPS

Dar voz a las mujeres

“Cuando eres una sola mujer con un gramo de oro, no tienes voz”, dice. “Cuando hay cien con un kilo, los compradores tienen que escuchar”, agrega.

Para Anthony Munanga, director del condado de Kakamega para medio ambiente, recursos naturales y cambio climático, ese “kilo” también representa control. En un reciente encuentro con medios, dijo que, sin cooperativas organizadas, la economía del oro permanece en gran medida invisible para los reguladores.

“Sin organización, no hay forma de garantizar el cumplimiento”, afirma Munanga. Su departamento está cartografiando las zonas mineras del condado, con el objetivo de trasladar a los mineros desde pozos dispersos hacia áreas designadas donde sea posible la regulación y el control ambiental. “Este proceso permite a los mineros operar de forma segura y legal”, añade.

Cambio en el apoyo financiero

Pero el reconocimiento legal requiere más que un mapa. Requiere financiamiento, y el sistema bancario local sigue siendo reacio a prestar a un sector históricamente asociado al riesgo.

Cambiar la forma en que se produce el oro también implica repensar cómo se financia el comercio. En Bushiangala, es aquí donde comienzan a aparecer las limitaciones.

El programa planetGOLD en Kenia se lanzó con financiamiento público relativamente modesto, a pesar de ambiciones que superan ampliamente su presupuesto inicial. En el centro se encuentra una subvención de 4,24 millones de dólares del FMAM, gran parte de la cual ya fue asignada.

La subvención se destinó principalmente a asistencia técnica, incluida la formación de mineros, el desarrollo de políticas y sistemas institucionales para formalizar el sector, en lugar de financiar directamente equipamiento minero.

Documentos del proyecto estiman que el programa podría movilizar hasta 26 millones de dólares adicionales de prestamistas comerciales e inversores privados para apoyar nuevas plantas de procesamiento e infraestructura minera mejorada.

En la práctica, ese financiamiento ha tardado en materializarse.

Aunque el proyecto contó con 16,6 millones de dólares en cofinanciamiento de gobiernos y socios locales, una revisión intermedia de 2023 encontró que gran parte de ese apoyo existía en papel como contribuciones en especie, más que como efectivo disponible para operaciones diarias.

También señaló demoras en los sistemas financieros gubernamentales y la falta de mecanismos de reparto de riesgos para atraer prestamistas privados, factores que ralentizaron la implementación.

Una evaluación final prevista para 2026 analizará hasta qué punto el programa logró cerrar estas brechas y si puede sostenerse a largo plazo.

Varias limitaciones estructurales explican este déficit.

Una moratoria gubernamental sobre nuevas licencias mineras entre 2019 y 2023 frenó la formalización en una fase crítica del proyecto. Sin licencias, los mineros no podían cumplir con los requisitos estándar de crédito, y los bancos comerciales han sido reacios a prestar a un sector que sigue siendo mayoritariamente informal.

Incluso cuando avanzan las conversaciones con prestamistas, los procesos de aprobación pueden tardar más de un año, superando a menudo fases clave del programa.

La ausencia de un mecanismo específico de reparto de riesgos también limitó la participación. Sin una garantía de primera pérdida, los prestamistas tienen pocos incentivos para financiar inversiones en minería artesanal.

La pandemia de la covid-19 ralentizó adquisiciones y operaciones, pero evaluaciones del programa sugieren que las barreras más profundas son estructurales, especialmente la escasez de mineros con licencia y la falta de instrumentos financieros adaptados al sector.

Como resultado, el programa avanzó en capacitación y organización en cooperativas, pero el acceso al capital sigue siendo limitado.

Harry Kimtai, secretario principal del Ministerio de Minería de Kenia, describe la secuencia como deliberada: primero debe producirse la formalización antes de que llegue inversión privada significativa.

Sharon Ambale, minera artesanal de oro, sostiene una amalgama de oro y mercurio en el sitio minero de Bushiangala en Ikolomani, en el condado keniano de Kakamega. Imagen: Chemtai Kirui / IPS

Desfase entre formación e implementación

Para quienes están en primera línea, esa “secuencia deliberada” se siente como una carrera contra su propia salud. Merab Khamonya, madre de 28 años que se unió a la cooperativa en 2024, es una de las afectadas por ese desfase.

Aunque asistió a capacitaciones de planetGOLD y entiende la neurotoxicidad del mercurio, su realidad no cambió. Para sostener a su familia, sigue sumergiendo sus manos desnudas en recipientes con mineral y mercurio.

“Siento cosas moviéndose dentro de mis ojos”, dice, describiendo una irritación persistente y dolorosa. “Sé que me hace daño. Incluso veo rastros en mi ropa cuando vuelvo a casa a cocinar para mis hijos”, reconoce.

Para Khamonya, el sistema mecánico sin mercurio es una esperanza que aún no llega. “Estamos listas para el cambio”, dice, “pero por ahora no tenemos otra forma de limpiar el oro. Solo estamos esperando las máquinas”.

Beneficios de los sistemas mecánicos sin mercurio

La lógica económica del cambio es clara. El Plan de Acción Nacional de Kenia de 2022 estima que los métodos manuales recuperan solo alrededor de 20 % del oro del mineral. En comparación, los sistemas mecánicos sin mercurio pueden recuperar hasta 90 %, aumentando significativamente la producción.

Los mineros involucrados se muestran cautelosamente optimistas. “Hemos visto la diferencia y aprendido sobre alternativas sin mercurio”, dice Mukoshi. Y agrega: “Estamos listos para el cambio”.

Pero los obstáculos son básicos. “Para que estos sitios funcionen, se necesita agua y electricidad. Muchos no tienen ninguna de las dos”, dice.

Para Mukoshi, Mkhobi, Kendi, Khamonya y sus colegas, el trabajo ahora se centra en lo práctico: conseguir agua y electricidad, preparar los sitios y esperar las máquinas. Los experimentos iniciales terminaron; lo que queda es hacer que el sistema funcione.

En la mayoría de los días, eso significa limpiar terreno, montar equipos y negociar con mineros que aún dudan en abandonar el mercurio.

El cambio en Bushiangala es pequeño por ahora, un sitio, una cooperativa, unas pocas máquinas, pero el modelo ya atrae atención más allá de Kakamega.

El alcance global de planetGOLD

En distintas partes de África, gobiernos y agencias buscan formalizar la minería artesanal sin destruir los entornos. En la cuenca del Congo, el Pnuma y planetGOLD apoyan una iniciativa de 10,5 millones de dólares para proteger uno de los mayores sistemas de turberas tropicales del mundo.

La región abarca unos 167 600 kilómetros cuadrados y almacena aproximadamente 29 000 millones de toneladas de carbono.

En Zimbabue, un programa similar introduce tecnologías sin mercurio en decenas de sitios mineros.

El sistema de Kenia, en cambio, se basa en cooperativas con supervisión local, modelo que el Banco Africano de Desarrollo toma como referencia para expandir la minería sin mercurio.

La experiencia de Kenia como guía global

Según Ludovic Bernaudat, del Pnuma, la experiencia de Kenia sirve ahora como guía para la expansión del programa en África.

“Países nuevos se sumaron recientemente, y garantizaremos que se conecten con Kenia”, afirmó.

El modelo se presentará en el Foro Global planetGOLD 2026 en Panamá. Desde su lanzamiento, el programa pasó de nueve a 27 países.

“Este crecimiento demuestra tanto la magnitud del desafío como el valor de un programa que integra acción ambiental con medios de vida”, dijo Sookdeo.

Pero la prueba final dependerá de los propios mineros.

Extrayendo oro de forma segura

En Bushiangala, ese proceso apenas comienza. Los mineros siguen llegando cada día, buscando vetas en la tierra roja. Lo que cambia, lentamente, es lo que ocurre después.

Si el sistema funciona, el mercurio podría desaparecer. Y los mineros podrán seguir trabajando sin los riesgos que los acompañaron durante años.

T: GM / ED: EG

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